• Sábado, 22 de octubre de 2005
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Macedonio Fernández: la filosofía de la pasión

Reapareció la legendaria revista “La Biblioteca” que edita la Biblioteca Nacional y fundó Paul Groussac. En su número más reciente lleva artículos de dos mendocinos:Arturo Roig y Marisa Muñoz.

Por Marisa Alejandra Muñoz, UNCuyo - Cricyt Mendoza
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Nietzsche habló de las "ventajas" y "desventajas" que caracterizan a los pensadores tomando como eje la referencia a sus "almas". Kant y Schopenhauer se encuentran en una posición desventajosa: "sus ideas no representan la historia de un alma apasionada, no hay detrás de ellas una novela, no hay crisis, catástrofes ni horas de angustia; su pensamiento no es, a la vez, la involuntaria biografía de su alma, sino, en el caso de Kant, la de un "cerebro"; en el caso de Schopenhauer, la descripción y el reflejo de un "carácter"… No cabe duda, si seguimos el esquema nietzscheano, que Macedonio Fernández, sería un alma aventajada.

En similitud a las observaciones realizadas por Nietzsche, Macedonio emprenderá la crítica a estos filósofos y se inclinará con reverencia a la Pasión opuesta a la "longevística", el "vivir por vivir". Reacio a ser llamado filósofo, Macedonio dice, además, no simpatizar con el "rótulo helado de la Filosofía", y agrega que "… sólo un Emerson o un Nietzsche pueden salvar a la Filosofía".1 Ventaja y salvación se convierten en grietas por las que se sigue colando una praxis filosófica poco ortodoxa, huellas de una modernidad cuyas categorías centrales comienzan a ser cuestionadas.

En este sentido, Macedonio Fernández es exponente, a nuestro juicio, de un sujeto que expresa en sus tesis la crisis de la "sujetividad" moderna, su descentramiento y pérdida de transparencia. No vamos a teorizar sobre el "desfondamiento del yo", que ha sido uno de los ejes de los filósofos llamados de la sospecha (Nietzsche, Marx y Freud), los tres en abierto cuestionamiento a la transparencia de la mirada. Debemos decir, sin embargo, que es precisamente sobre este descentramiento de la sujetividad moderna donde adquiere plenamente sentido la propuesta teórica de este filósofo del Río de la Plata. Macedonio tiene la clara conciencia de que el "yo" ha dejado de ser dueño en su propia casa, tal como lo dijera Freud al comenzar el siglo XX.

El desafío en que nos encontramos, entonces, es restituir las voces del autor dentro del universo de voces en que se encuentra inserto, atravesadas estas voces por la conflictividad propia que provee el espesor histórico desde el cual son enunciadas. Locus enuntiationis escurridizo y complejo.

Ahora bien, volviendo a las llamadas "ventajas" y "desventajas" del alma de los pensadores, no sería extraño que, desde otros esquemas, el autor se encuentre, a partir de sus proposiciones y prácticas filosóficas, en posiciones desventajosas pues, se le podría objetar, apelando no ya al "alma" como Nietzsche sino a la "filosofía académica", que adolece en más de un caso de las condiciones para ser incorporado al llamado proceso de "normalización" en la filosofía propuesto por Francisco Romero. El estudio de la tensión entre "filosofías académicas" y "filosofías no-académicas" podría sin duda ser un punto de inflexión para reflexionar en torno a la filosofía que se dibuja en la producción de Macedonio Fernández y hacerlo también respecto a las filosofías o políticas filosóficas presentes en la Argentina en el cruce de los siglos XIX y XX. En este sentido, damos importancia al trabajo intelectual realizado con espíritu genealógico, pues permite indagar sobre el pasado y la memoria buscando localizaciones críticas. 2

Ahora bien, se puede responder sin tantas prevenciones: ¿cuál es la filosofía de Macedonio Fernández?, ¿dónde está dibujada esta filosofía?, ¿qué alcances tiene esa filosofía? Nuestra respuesta es que sí, efectivamente, hay una filosofía en la obra del autor. Hay, asimismo, un filósofo, un sujeto, con una profunda necesidad de comunicar, aun cuando algunos núcleos de sus tesis metafísicas confinen su propia voz al silencio.

La filosofía del autor se ha expresado en ensayos, novelas, poemas, atravesados estos espacios productivos por un hilo que anuda teoría del arte, humorística y filosofía. Nosotros decimos filosofía, Macedonio habló de Metafísica en un acto de protesta contra la filosofía vigente de su época.

Podríamos hacer referencia a la filosofía que está dibujada en los sucesivos gestos vitales a partir de los cuales el autor expresa y revela los malestares presentes en la cultura que le toca vivir. Su espacio construido fuera de las Academias, su política en torno a las publicaciones, la redacción de infinitos borradores. En fin, podríamos trazar la "involuntaria biografía" de este filósofo itinerante: desde las tertulias familiares que tuvieron de anfitriona a su madre; la muerte de Elena, su compañera; las innumerables piezas por las que deambula en pensiones de Buenos Aires, en fin, cada espacio habitado nos da la impresión que remite a "un cuarto propio", tomando esta imagen con la que Virginia Wolf trata de representar la construcción de la sujetividad/subjetividad de las mujeres en un intento de romper las lógicas que separan los espacios privados de los públicos.

Desde esta biografía filosófica posible en torno a Macedonio Fernández se podrían trazar genealogías con la muerte, el amor, la pasión, el lenguaje, la comunicación, la risa, la tragedia. No sería desacertado decir que en Macedonio la problemática del ethos, de la morada, del "cuarto propio" asume distintos niveles que nos hacen reflexionar sobre los modos en que se desarrolla su vida subjetiva-objetiva. En este sentido, esta biografía posible del autor no estaría ajena a nuevas formas de moralidad que en el siglo XX aparecen asumiendo el papel de crítica social contra la hipocresía, el dogmatismo, las apariencias, la mercantilización de la vida. Arturo Roig ha propuesto la categoría de "moral emergente" frente a la de "eticidad del poder" para expresar las tensiones sociales en las que se juegan los sujetos en el mundo social y en cuanto insertos, como diría Marx, en las condiciones materiales de existencia.3

Asimismo, la problemática "Muerte-Eternidad" que está desarrollada en sus escritos no podemos remitirla mecánicamente a la muerte de Elena, aunque sí podemos ver cómo es profundizada a partir de ese hecho decisivo en la vida de Macedonio. Los primeros escritos del autor indagan sobre la "naturaleza del yo" y diremos que en los últimos también los atraviesa. En los escritos de 1908 está ya enunciada la Pasión y todo un programa filosófico articulado en una nueva ontología que comenzaba a dibujarse tempranamente en la filosofía argentina, que por esos años se caracterizaba por un clima fuertemente positivista y cientificista.


1. El texto citado de Nietzsche aparece en Aurora, parágrafo 480. Buenos Aires, Obras Completas, Tomo V, M. Aguilar Editor, 1948. Las palabras de Macedonio Fernández pertenecen a una carta dirigida a Ildefonso Pereda Valdés publicada en Museo de la Novela de la Eterna. Venezuela, Biblioteca Ayacucho, 1982, p. 432-433. Con estudio preliminar y crítico de César Fernández Moreno.


2. Cfr. Horacio González, El filósofo cesante. Gracia y desdicha en Macedonio Fernández. Buenos Aires, Atuel, 1995; Marisa Muñoz, "Macedonio Fernández: localizaciones críticas en la historiografía filosófica argentina", en Páginas de Filosofía, Año IX, nº 11, agosto, 2004, pp. 165-174.


3. Cfr. Arturo Roig, Ética del poder y moralidad de la protesta. Respuestas a la crisis moral de nuestro tiempo. Mendoza, Editorial Universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo, 2002, 275; "Macedonio Fernández y el malestar de la cultura. Diario Los Andes, Suplemento Cultura, Mendoza, 3 de marzo de 2003.

Cfr. "Bases en Metafísica", "La Metafísica", "Acción psíquica entre conciencias"; "Cómo son diferentes la vida y el ensueño"; "Metafísica", "Metafísica y teoría de la ciencia"; "Existencias e inexistencias"; "Naturaleza de la conciencia". Obras Completas, Vol. VIII, pp. 43-189.