• Lunes, 23 de diciembre de 2013
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La calle, una fuerza expresiva muy fuerte

Por Leandro Hidalgo - Sociólogo, escritor y docente
Sin entrar en las formulaciones específicas de cada caso, hoy la protesta social toma la calle literalmente y eso, mal que le pese a muchos, traza un panorama complejo, donde se viene a debatir la legitimidad simbólica de estos asuntos.

Entiendo que existe, en cierto imaginario popular, la idea de que la sociedad es un ente ordenado y mecánico donde cada una de sus piezas funciona normalmente, hasta que de pronto irrumpe algún conflicto que viene a romper ese molde orgánico cuasi mágico, idílico en la forma más burguesa del término, y entonces pretenden quitarlo, cuando no reprimirlo, invisibilizarlo, para que la función "natural" de una especie de cuerpo humano social retome lo antes posible su normal desempeño y sus canales y calles de conducto.

Creo que es un error, cuanto menos de cómo pensarnos como comunidad. Por otra parte la calle ha sido, desde buena parte hasta acá, un pulso, una voz adherida a las fuerzas generales que han venido a decir lo que tantas veces no se quiso escuchar, de modo que atrae a la opinión pública, a los medios, y a todos los actores sociales, con una fuerza expresiva muy fuerte.

Lo que se pone sobre la cuestión es la idoneidad del tema del reclamo. Me parece que existe un orden lógico y jerárquico que puede establecer esos lineamientos, desde las condiciones materiales de existencia como base, empleo, salario, vivienda, hasta no poder comprar dólares. Es un abanico múltiple con importancias distintas, y pienso que las condiciones de vida dignas de las personas son las que en definitiva cristalizan, se afincan y vuelven verdadera acción social sus necesidades en la calle.

Tal vez lo que llamamos ?la calle' debiera quedar reservada para algunos asuntos que en medio de la escala entre dignidad social y abundancia, se acercara más al primer estadio, sólo para que siga teniendo la fuerza mística de la lucha, del trabajo, de una voz con aliento que venga a sobrepasar el logro individual para atravesarse polifónica hasta donde ansíe llegar.