• Sábado, 27 de julio de 2013
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"Al no sentir propio lo público, se activan mecanismos destructores"

Leandro Hidalgo - sociólogo, escritor y docente
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Estamos delante de dos formas diferentes en torno a los hechos "vandálicos" en el transporte público que se vienen sucediendo.

Por un lado los actos absolutamente deliberados en contra de un colectivo, arrojando piedras, dañando sus vidrios, destrozándolos porque sí, digamos, y por otro, lo que pasó en el Metrotranvía, que más bien diría que son pintadas con alguna intención estética, lo que modifica al menos en parte el panorama. De modo que son dos cuestiones que debieran separarse.

Si bien estos actos a veces nos resultan incomprensibles, y hablamos de errores educativos, de fallas en la institución familia, y demás, opino que el grado más clarificador es el exceso del yo posmoderno, la percepción de mis cosas con mis límites, lo que tengo y es mío y lo cuido, y lo que no, puedo destruirlo, ensuciarlo, detenerlo, típico modelo de las sociedades actuales. El lugar del no-yo que se da en estos mecanismos, se logra además desde un anonimato cobarde.

Bajo alguna perspectiva, puede echarse la culpa (muchas veces sucede) a ese segmento de la población que está al margen, corrido del proceso de modernización del que pueda ufanarse cualquier gobierno, y al no sentir propio nada de lo público, se activan estos mecanismos destructores.

Digamos, lo que es de todos, el espacio público, el lugar plural y compartido, muchas veces ni es plural, ni es de todos, lo que facilita sentimientos de rencor y marginación. Esto sumado al individualismo, signo último y primordial de lo privado, termina por desembocar en el desprecio por eso "otro" que no es mío.

Pero esta indiferencia y desapego con el espacio público, también es un signo muy presente en otros estratos de la población, que sí están incluidos en su sistema de modernización, y que además participan del consumo y la propuesta, por así decir, pero que bajan dos centímetros el vidrio eléctrico de la camioneta nueva para arrojar basura a los límites de su "afuera". O los actos preocupantes de imprudencia en torno a las vías del metro. De modo que no son los sectores marginales únicamente.

Con distintos grados y con cantidad de renglones disímiles, lo que está en el fondo de la cuestión es que aún no hemos recuperado el espacio público, nuestro mobiliario, mi plaza, la esquina, la calle. Y mientras esto siga sucediendo, exigiendo cada vez más llaves, más rejas, más "adentro", el afuera será apenas eso, un "afuera".