Desnudos, solos y a los gritos

Mientras China y Estados Unidos compiten por influencia geopolítica y nuestros vecinos hacen movidas diplomáticas y comerciales, el Gobierno argentino responde con discursos.

Edición Impresa: miércoles, 12 de junio de 2013
Desnudos, solos y a los gritos

Por Sergio Serrichio - serrichio@hotmail.com

Ocupados en los menesteres locales, sean ellos el tironeo por la reforma judicial, el casting de candidatos opositores para las elecciones primarias, los “gestos” de Massa y Scioli, las dos grandes figuras bi-norma de la política autóctona, las declaraciones judiciales de Fariña y Elaskar, el rating de la tele del domingo a la noche, el saldo en sangre de la última fecha del fútbol o si en el próximo partido de la selección jugará Messi, los argentinos solemos olvidarnos del mundo. 

En las últimas semanas, por caso, recrudecieron la inestabilidad y la violencia en Irak (600 muertos en atentados, sólo en mayo), se internacionalizó abiertamente la guerra civil en Siria (la Unión Europea decidió armar a los rebeldes, para compensar los misiles y cazas que el gobierno recibe de Rusia; el presidente Assad es apoyado por Irán, pero atacado por la aviación israelí y cuenta con combatientes de Hezbollah, lo que a su vez divide al Líbano entre quienes apoyan al dictador sirio o a los rebeldes) y en Turquía recrudece la protesta modernista contra el islamismo del gobierno de Erdogan, que decidió construir una gran mezquita en lo que hoy es una gran plaza pública. 

Eso, sólo en Oriente Medio. En Italia, la centroizquierda barre en las elecciones municipales y Alemania decidirá antes de fin de año la continuidad o no de Angela Merkel, preludio de las elecciones de 2014 al Parlamento de la Unión Europea, en los 27 países que lo integran, verdadero termómetro político del proyecto continental.   

Con todo, la mejor medida del provincialismo político de la Argentina actual es su casi absoluta exclusión de las movidas de China y Estados Unidos en América Latina, en una inocultable puja de influencias geopolíticas. 

Hace apenas un mes, Barack Obama visitó México y Costa Rica, donde se reunió con todos los presidentes de América Central. Además, recibió al presidente chileno, Sebastián Piñera, en Washington, y hará lo mismo con el de Perú, Ollanta Humala; en setiembre recibirá al uruguayo “Pepe” Mujica y en octubre a la mandataria brasileña, Dilma Rousseff, que llegará en “visita de Estado”. 

En la última semana de mayo el vice de Obama, Joseph Biden, visitó Colombia, Brasil y Trinidad & Tobago, y en la primera de junio su secretario de Estado, John Kerry, que desde que asumió estuvo muy ocupado en Oriente Medio, asistió a la Asamblea general de la OEA, en Guatemala, donde inició un diálogo con su par de Venezuela.

Por otra parte, Estados Unidos solicitó ser “observador” (igual que Costa Rica y Panamá) de la Asociación del Pacífico, que ya integran México, Colombia, Chile y Perú; tiene un acuerdo de libre comercio con Chile y podría alcanzar uno con Uruguay (que también gestiona su incorporación como “observador” a la Asociación del Pacífico). 

Mientras, en una reunión en Lima, los ministros de Comercio de EEUU, Canadá, México, Perú, Chile, Australia, Brunei, Nueva Zelanda, Malasia, Singapur y Vietnam avanzaron en las negociaciones de la Asociación Transpacífica, una iniciativa que comenzará a funcionar en 2014 y a la que también fue invitado Japón. 

Ciertamente, China no se ha quedado quieta. En la primera semana de junio, el presidente chino, Xi Jinping, visitó México, Costa Rica y Trinidad & Tobago, antes de reunirse en la Casa Blanca con Obama. 

Esta intensidad de intercambios diplomáticos y comerciales apenas si tocó a la Argentina, cuando a mediados del mes pasado el vicepresidente chino, Li Yaunchao, que había estado antes en Venezuela, comprando energía, vino a la Argentina por alimentos, pero abrochó de paso la venta de 300 vagones ferroviarios.
 
Semejante nivel de diplomacia comercial de Estados Unidos en América Latina no debería sorprender. Al fin y al cabo, nada menos que 40 por ciento de las exportaciones de Estados Unidos tienen a la región como destino, amén de la importancia que Washington le reconoce en temas de seguridad, como el abastecimiento de energía y el combate a la producción y el tráfico de estupefacientes. 

El activismo norteamericano inquieta a Brasil, en la medida que cuestiona su “liderazgo regional”. Pero si algo deja en claro la enumeración de actividades de los párrafos anteriores es la exclusión argentina de cualquier iniciativa o mesa relevante.

 El próximo foro regional en el que la Presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, podrá plantear las posiciones y prioridades argentinas, es la cumbre semestral de presidentes del Mercosur, agendada para fines de junio en Montevideo.
 
Pero el propio anfitrión, Pepe Mujica, pidió que la reunión se postergue por un par de meses, de modo que pueda concurrir el presidente electo de Paraguay, Horacio Cartes, que asumirá su mandato el 15 de agosto. La inquietud de Mujica es entendible, pues una de las decisiones clave de la cumbre es la reincorporación de Paraguay al bloque sudamericano. 

Un bloque ciertamente debilitado por las riñas internas, de las que el Gobierno argentino ha sido el principal causante. Difícilmente el próximo semestre permita encauzar esos conflictos, ya que el presidente pro-témpore será el presidente venezolano, Nicolás Maduro, un denunciante serial de conspiraciones y autor de frases que quedarán en la antología del disparate, como explicar la importación (de apuro) de papel higiénico con el argumento de que, gracias a la revolución bolivariana, los venezolanos “comen más”. 

Del lado de las finanzas, el dinero y las cotizaciones, la suerte argentina puede dejar de ser tal si el fortalecimiento del dólar respecto del real brasileño agudiza los problemas cambiarios y la cotización mundial de la soja cae en el futuro por debajo de los 400 dólares la tonelada, umbral que hace diez años parecía un techo inalcanzable pero que, al cabo de la “década ganada”, no alcanzaría para tapar la desnudez de un “Modelo” que, para ganar tiempo, recurre a un jubileo de capitales y dinero malhabido. 

Un “Modelo” al que sólo le van quedando palabras impotentes, dichas a los gritos. 

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