Mutación genética genera el síndrome de estrés porcino

Afecta la calidad de la carne. Para contrarrestarlo recomiendan buenas prácticas de manejo.

sábado, 13 de abril de 2013
Numerosos casos en la Argentina dan cuenta de la existencia de una mutación genética que genera el síndrome de estrés porcino.
 
Disminuye la calidad de la carne y provoca la muerte de los animales. Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria () detectaron una elevada presencia del gen en la producción nacional y recomiendan buenas prácticas de manejo para reducir sus consecuencias, según destaca una publicación del organismo.

También conocido como gen “halotano”, el RYR1 es una mutación puntual en la cadena de ADN de los cerdos que causa el Síndrome de Estrés Porcino (SEP) y que en situaciones traumáticas, durante el manejo de los animales o previas a la faena, puede desencadenar la muerte del animal y la generación de carnes PSE (carne pálida, blanda, con mayor acidez y exudativa).

Por esa razón, Sebastián Marini, investigador del INTA Marcos Juárez, indicó que si bien la presencia del gen aumenta el desarrollo muscular de los animales, existen efectos negativos tanto para el sector productivo como el industrial, ya que “por un lado la muerte por este síndrome representa grandes pérdidas para los productores y, a la vez, provoca la disminución del pH después de 45 minutos del sacrificio, lo que genera poca capacidad de retención de agua y hace que la carne pierda su color y disminuya su calidad”.

Los datos extraídos sobre porcinos híbridos nacionales fueron comparados con los casos ocurridos en Brasil, el mayor exportador en la región. Allí se determinó que “aquí hay mucha incidencia de este gen y esto se debe a que los productores, cabañeros y empresas que venden reproductores desconocen su presencia y los efectos negativos que se trasladan a los frigoríficos y a las góndolas”, expresó Marini.

Para evitar esta situación, el INTA cuenta con un servicio de identificación y diagnóstico del gen a partir de muestras de pelos del animal reproductor con el fin de determinar si posee la mutación causante del SEP y, así, evitar la pérdida de ejemplares y tener un mayor control y planificación de los cruzamientos.

Datos publicados por el INTA  señalan que en la última década la cantidad de carne porcina consumida anualmente en la Argentina se incrementó en un 63,3 por ciento y, según estima el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA2), para el 2020 la producción aumentaría un 193 por ciento y el consumo un 80 (pasaría de 9 a 14 kilos per cápita).
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