Viejo Dorrego: entre las casas antiguas y los modernos departamentos

Hace un siglo era una zona de fincas, viñedos. Con el tiempo, se lotearon esas grandes tierras y nacieron las primeras casas, muchas de las cuales fueron y son prósperos negocios familiares. Hoy, se mezclan con nuevas construcciones.

Edición Impresa: lunes, 11 de febrero de 2013
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Viejo Dorrego: entre las casas antiguas y los modernos departamentos

Otro “pedazo” de la historia de Dorrego: la panadería Attaguile, un legendario negocio familiar. (Fotos: Florencia Kaiser / Los Andes)

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Cinthia Olivera - colivera@losandes.com.ar

La esquina de Lamadrid y Dorrego es una de las más antiguas y forma parte de la historia de Guaymallén. A partir de este punto y hacia el Norte (sector conocido hoy como Alto Dorrego) la zona se denominaba “el infiernillo” debido al gran humo que salía de los hornos de barro que fabricaban tejas y ladrillos.

En los alrededores había grandes lotes de fincas y viñas con algunos habitantes que llegaban de a poco a esa zona rural.
 
Casi cien años después, esas actividades económicas fueron reemplazadas por otras y el paso del tiempo ha dado lugar a un barrio que se moderniza pero que no pierde la identidad de lo que fue alguna vez y que ve su historia desde los distintos mostradores, testigos de la transformación.

La zona no tiene un nombre preciso y se identifica como la parte más antigua o “vieja” de Dorrego. Conjuga aquella historia que aún sigue latente en sus casas añejas con la modernización, el crecimiento del parque automotor que congestiona las calles y las vuelve intransitables por momentos, y los comercios familiares que se amplían.

Está a sólo 10 minutos del microcentro, con el que comparte el límite a través de la Costanera, y sus calles principales son Adolfo Calle, Dorrego, Lamadrid y Cobos.

“Yo nací en este lugar y viví todas las etapas de mi vida”, comenta José “Pepe” Attaguile, quien a sus 56 años recuerda con nostalgia cuando se juntaba con la barra de amigos y salían a piropear chicas y tirarle piedras a los focos.

“Mi familia es una de las más antiguas de la zona. Ellos vinieron en 1924 y dos años después abrieron una panadería en la esquina de Lamadrid y Dorrego por la que ya pasamos tres generaciones. Este fue uno de los negocios más antiguos de la ciudad. ¡Si habrá pasado harina!”, rememora Pepe.

“Cuando yo era chico recuerdo que este lugar estaba lleno de fincas y viñedos. La calle Lamadrid era una huella y una hijuela (canal de riego) con muy pocas casas”, dice Pepe refiriéndose a una de las arterias más transitadas de la zona. “Luego de a poco comenzó a modernizarse. Recuerdo cuando llegó el trole, cada vez que pasaba salíamos con mis amigos a mirarlo. Para nosotros era como un bicho grandote”, recuerda.

El barrio es de clase media y es calificado como muy familiar y tranquilo por quienes viven hoy allí. Antiguamente era una zona rural que estaba en manos de pocos propietarios pero que luego fueron loteando sus terrenos para dar lugar a las edificaciones.
 
A su vez, muchas de las casas antiguas fueron tiradas abajo y en su lugar se construyeron departamentos, marcando una nueva tendencia que va en crecimiento. “Si mi padres vieran cómo está Dorrego hoy no podrían creer que este es el lugar en el que vivieron”, sintetiza Ángela “Porota” Salvatore, hija de uno de los primeros vecinos.

La modernización y el crecimiento urbano no impide que en esta zona se conserve el ambiente de barrio que lo caracteriza. Es por eso que todavía se siguen viendo grupos de niños jugando en las veredas y los pasajes, y gente que todavía conserva la costumbre de tomar mate en la vereda.

Negocios familiares

“Cuando llegué al barrio puse un almacén que vendía de todo ya que para comprar la gente tenía que ir hasta la calle San Martín”, relata sus inicios como almacenero José Olivieri, más conocido como “Don Olivieri”.

Este comerciante abrió el negocio en lo que era el comedor de su casa hace 46 años y desde entonces no paró más, pese a que “los gobiernos de facto y las crisis inflacionarias volvieron difíciles algunos momentos”, agrega su esposa. Hoy, con una vida dedicada al mostrador, este matrimonio tiene uno de los negocios más añejos de la zona.

“El barrio era antiguo y no había calles, sino un carril con acequias de barro y llenas de yuyos. Al principio vendíamos todo suelto pero con los años implementamos el autoservicio. Nos caracterizamos por ser un negocio de familia y es por eso que los vecinos mandaban a sus hijos con el papelito confiando en que les dábamos el vuelto justo”, relatan los almaceneros.

El fin de este recorrido es la esquina de Lamadrid y Cobos, recordada por los vecinos más viejos porque allí había un surtidor en el que la gente hacía colas para llevarse agua. Hoy, muchos años después, la gente sigue haciendo cola en el mismo lugar, pero para pagar sus boletas en uno de los comercios pioneros en la zona.

“Este negocio lo construí yo hace 35 años y en su momento era algo completamente distinto a lo que se veía. Comencé una tienda con mi papá y vendíamos ropa, telas, mercería, botonería, entre otras cosas. Hace 12 años mis hijos apostaron a las cabinas y al boom de los ciber. Hoy somos un drugstore con mucha afluencia de gente: por mes cobramos alrededor de 20 mil boletas”, relata José Jan, más conocido como uno de “Los Turcos”.

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