Divino tesoro

Dueño de los encantos naturales más diversos, Vietnam ofrece una amplia gama de particularidades; desde la armonía de sus islas vírgenes a la intensidad de sus calles frenéticas en una gira poco balanceada.

domingo, 05 de agosto de 2012
Divino tesoro
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Daniela Polo - Especial para Turismo

El semáforo da luz roja y estamos listos para cruzar la calle cuando en sentido contrario una avalancha de motos avanza enajenada obligándonos a entender quién es el que manda, que definitivamente no somos nosotros. Se mueven como hormigas en todas las direcciones.

Nos preparamos para correr (¿o acaso intentar volar?) cuando a nuestro lado una amable señora- que carga tantas artesanías sobre su espalda como puede- nos advierte: “Hay una sola manera de cruzar y no caer en el intento; olvidarse de que las motos existen y caminar despacio para que puedan calcular si esquivarte por delante o por detrás”. Primer axioma de Vietnam: el tráfico es algo que seguramente jamás experimentaron en su vida. Visto desde afuera es todo un espectáculo, visto desde adentro da miedo.

Sin embargo, el consejo de nuestra amiga parece funcionar y casi sin darnos cuenta estamos del otro lado de la calle observando como un scooter rosado, manejado por una especie de Barbie oriental, zigzaguea a toda velocidad mientras otra moto que traslada a una familia (si si… padre, madre y dos hijos, que además llevan tres patos en una jaula) se encarga de esquivarla en medio del caos general ¡sin chocar! Así es Vietnam… sus tiempos, sus reglas, su mundo.

La perla del Sur

Estamos en Ho Chi Minh City o ex Saigón, la antigua capital de Vietnam del Sur. Luego de nuestra pequeña dosis de adrenalina motorizada, decidimos caminar y nos topamos con la famosa “cultura del asfalto”; la gente desayuna, almuerza y cena en mesitas sobre la vereda, hay vendedores ambulantes, lustrabotas, artesanos…   hasta casi resulta imposible caminar. La ciudad, además de ser la más grande del país, es una metrópolis intensa, cosmopolita, repleta de carteles luminosos, en la que la arquitectura colonial se entremezcla con las boutiques de marcas internacionales y los pequeños mercados locales, todo escoltado por las banderas comunistas que flamean sobre muchos de sus modernos edificios.

Recorremos Phan Ngu Lao, un par de manzanas repletas de bares, restaurantes, negocios de souvenirs y mototaxis, algo así como la postal consumista típica que se repite en la mayoría de los países asiáticos. En el corazón de la ciudad encontramos emblemas como Reunification Palace, Jade Emperor Pagoda o Notre Dame Cathedral y luego nos entregamos a la historia, ¿cómo visitar Vietnam y no hacerlo? Las opciones: Museum Ho Chi Mihn City, History Museum y War Remnants Museum, probablemente no aptos para impresionables pero recomendables para todos aquellos que deseen interiorizarse y tomar conciencia sobre las atrocidades ocurridas durante la Guerra de Vietnam.

Siguiendo con el perfil histórico-cultural visitamos Cu Chi Tunnel, actualmente uno de los “paseos” más turísticos de Ho Chi Mihn City y la ex base de operaciones de Viet Cong, en donde se puede ver y recorrer la larga cadena de túneles que fue utilizada por los soldados durante las batallas y muchos de sus recursos (trampas, escondites, armas, etc.) Ilustrativo y provechoso si se lo toma con seriedad, aunque por lo que pudimos observar se le da el matiz de parque temático, en el que las fotos sonrientes sobre un tanque de guerra son moneda corriente o hasta es posible disparar armas a modo de atracción. 

Vamos de paseo…

Para distendernos decidimos adentrarnos en las bellezas que este longitudinal país ofrece. Tomamos un bus con la modalidad “open ticket” en la cual si bien la ruta a seguir está totalmente predeterminada, las posibilidades de llegar sanos y salvos son mayores. La cosa es así, las agencias de turismo venden este ticket para viajar desde HCMC (en el sur) a Hanoi (en el norte) parando obligadamente en cuatro o cinco ciudades (por aproximadamente U$S 40) y si bien la ruta es precisa, es posible establecer nuestros propios tiempos.
 
Por supuesto que también está la alternativa de contratar un tour que nos lleve específicamente a donde queramos ir, pero si andamos turisteando sin pretensiones específicas los puntos que recorre este bus son claves. La primera parada es en Nha Trang, una playa ideal para el relax (su costa está considerada como una de las más bellas del Sudeste Asiático).

Hoi An, nuestro siguiente destino, es definitivamente un “must do” dentro de Vietnam. Ubicado en el centro del país este pintoresco pueblito colonial significa estrés para cualquier cámara de fotos, que no va a parar de trabajar ya que ¡el lugar es precioso! Repleto de detalles, con casitas bajas, lámparas de colores por todos lados, puentecitos, callecitas de adoquines y barcitos mirando al río. Luego nos dirigimos a Hue, una ciudad imperial que supo ser la capital de Vietnam, digna de ser visitada por su importante patrimonio arquitectónico. Algunos de sus referentes son la Puerta de Hien Nhan, Palacio Thai Hoa, Templo de las Generaciones y Pagoda Thien Mu, entre otros.

Destinos boreales

Finalmente llegamos a Hanoi, capital del país y otra gran metrópoli, donde la intensidad parece subir varios decibeles. El pulso citadino puede sentirse en Old Quarter, el barrio histórico y núcleo de actividades comerciales y caos vehicular. Entretenido siempre y cuando, nos armemos de paciencia. Hoan Kiem Lake es su corazón líquido, que en medio de la locura de la ciudad, encuentra eco en Ngoc Son Temple, un meditativo templo que está al norte del lago. Memorial House, Bach Ma Temple, St Joseph Cathedral y Temple of Literature son algunas de las postales que se van posando sobre el camino que transitamos hacia nuestro destino final: Ho Chi Minh Mausoleum Complex, un lugar  sagrado para muchos vietnamitas, donde se encuentra el mausoleo de Ho Chi Minh y el museo homónimo. Ícono de Hanoi.

Más al norte, ya casi en el límite con China: dos destinos excepcionales; Halong Bay y Sapa. El primero, declarado en 2011 una de las siete maravillas naturales del mundo, es una majestuosa bahía con más de 2.000 islas desparramadas a lo largo del agua color esmeralda del Golfo de Tonkín.  Nuestra embarcación nos lleva mar adentro y lejos queda el puerto de Halong City, el escenario ahora se vuelve soñado. Hacemos kayak entremedio de las islas, recorremos cuevas y lagunas escondidas y presenciamos la puesta del sol nadando en el “estacionamiento” de nuestro navío.

Es posible hacer tours en el día, aunque no es lo más recomendable ya que desde Hanoi (punto de partida de las excursiones) son cuatro horas de ida y cuatro de vuelta en colectivo, lo cual deja muy poco tiempo para la navegación. Las otras opciones son: dos días/una noche (se duerme en el barco) y tres días/dos noches (una noche se duerme en el barco y otra en un hotel en la isla de Cat Ba). Los precios y servicios varían según la contratación. Independientemente de su elección, el paisaje es capaz de cubrir cualquier expectativa.

Nuestra última parada nos lleva a Sapa, un silencioso y sereno pueblo que desciende por la ladera de las montañas de  Hoang Son, superpoblado por bosques frondosos y cascadas de terrazas de arroz con un verde tan fuerte que llega a encandilar. Sin saberlo, estamos con suerte. Es domingo y las minorías étnicas (Nung, Dao, Tay, Cao Lan, Paxi y Xa Phong) que viven en medio de las montañas bajan con sus coloridas vestimentas para participar en el mercado. El pueblo es todo un show, aunque dura poco, porque un fuerte chaparrón nos obliga a buscar reparo  y a observar cómo esta tierra mágica nos despide con un arco iris.
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