No todo es política

Edición Impresa: sábado, 04 de agosto de 2012
No todo es política

Por Carlos S. La Rosa - Editor de Opinión - clarosa@losandes.com.ar

Cuando la prensa divulgó que el integrante de Callejeros condenado a 18 años de prisión por violencia y muerte contra su mujer, había salido de la cárcel para participar en actos partidarios oficialistas (poco antes y poco después de su condena), el gobierno nacional reaccionó con furia desmedida contra los que hicieron conocer la noticia y luego intentó ideologizar el debate para así minimizar el delirio concreto cometido por autoridades carcelarias, jueces y militantes con el músico en prisión.
 
En vez de admitir un error dentro de una política determinada, se buscó no hablar del error sino de la política, con lo cual empeoraron las cosas, porque así se entendió mejor que lo que se hizo con el integrante de Callejeros no fue un error sino una política que, de no haber tenido divulgación masiva, la seguirían practicando.

“Vatayón militante”, el grupo a donde concurrió el músico, es una organización política cuyo líder principal, Juan Soriano, cree que todo en la vida es política, que todos hacen política incluso cuando dicen no hacerla. En su afán de igualación extrema, a los presos no los llama presos sino “personas privadas de libertad” y a los que estamos libres no nos llama libres sino “personas privadas del encierro”.

Lo que está queriendo decir es que así como todo es política, todos los presos son sociales. Vale decir que no son ellos los culpables del delito cometido sino la sociedad y la cultura que lo condujeron al mismo. Entonces, como todos los presos son víctimas del sistema, hay que tratarlos a todos por igual: como víctimas a los cuales la militancia dignifica, no importa el delito que hayan cometido.

En términos de estricto debate político, “Vatayón militante” viene a batallar y militar -como su propio nombre lo dice- contra un orden enemigo, destituyente. Es una lógica de guerra en tiempos de paz. No vienen a debatir sino a librar una batalla cultural, una guerra en la que de lo que se trata es de ocupar los espacios del enemigo con sus concepciones que expresan claramente en el decálogo del Vatayón, cuando dicen: “El Vatayón militante pretende encarnar lo plural de la Patria, lo popular del peronismo y lo mejor de todos y todas”.

Esto no es una declaración política sino un dogmatismo seudo religioso. No hablan de formar parte de lo plural de la patria sino de encarnarlo (con lo cual desaparece toda pluralidad). No hablan de formar parte del peronismo sino de ser lo popular del mismo.

Se consideran los mejores. No es un dechado de democracia esta declaración, sino un instructivo de combate donde las ideas remplazan a las armas pero no con la lógica de las ideas sino con la lógica de las armas, porque se viene a combatir contra ideas enemigas, no a discutir con ideas diferentes. Se viene a encarnar no a sumar. A impregnar ideas supuestamente libertarias con lógicas militaristas.

En síntesis, lo del músico de Callejeros no es un hecho aislado, ni un error ni una consecuencia no querida, sino aquello a lo que inevitablemente conduce una política que pretende dar a temas razonables, como la inclusión y la resocialización de los reclusos, respuestas basadas en la partidización, la ideologización y la utilización política de los mismos. Aunque con ello quien más resulte perjudicada es la ideología garantista que esta gente dice defender, porque con instrumentaciones tan burdas sólo se logra repudios masivos, más allá de lo que diga o no diga la prensa.

Si alguien cree que todo es política, allá él con su opinión. Tan válida como la idea contraria con que Osvaldo Soriano caracterizaba la filosofía del peronista de pueblo:

“Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”. Pero, más allá de una u otra actitud literaria, lo cierto es que en la vida no todo es política. La realidad no es como afirma  el titular del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, cuando dice: “Mucho antes que funcionario soy militante”. Para actuar en la función pública con coherencia y probidad uno debe sentirse más orgulloso de su papel profesional, de servidor de todos, antes que de su militancia, a la que no tiene por qué dejar de lado pero no por ello considerarla más valiosa que la tarea para la cual le pagamos todos los contribuyentes.

 El verdadero servidor público busca servir a todos sin servirse de nadie. Al revés de quien busca servirse de los demás obligándolos a definirse políticamente.

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