Un equipo que estampó su huella de gloria

Desde 2002 a la fecha, Argentina fue semifinalista en 5 de los últimos 6 torneos grandes: Mundiales y Juegos Olímpicos. Sólo EEUU la iguala.

martes, 14 de agosto de 2012
Con el nacimiento de la Liga Nacional, Argentina se fue insertando de a poco en el contexto internacional. El mismo año que se inició la competencia en nuestro país (1985), León Najnudel logró la clasificación al Mundial de España tras doce años de ausencia.

Sin embargo hubo que esperar algunos años para encontrar los nombres y un proceso que permitiera competir de igual a igual. Tras el fracaso de Argentina 1990, donde se pudo haber llegado más lejos, la conducción quedó en manos de Guillermo Vecchio, quien impuso otras pautas de trabajo y con metas claras de superación.

Con figuras de la talla de Milanesio, Espil, Nicola, De la Fuente, Osella y Farabello entre otros, Argentina comenzó la reconstrucción que tuvo como premio mayor el oro en los Panamericanos de 1995 y el pasaje a Atlanta 1996, torneos en los cuales hizo su presentación Oberto. Atrás quedaron capítulos para olvidar, especialmente la ausencia en los Juegos Olímpicos desde 1952.

Julio Lamas le dio continuidad al proyecto, pero con la misión de encauzar la renovación que le diera lugar a la sangre joven, a los chicos que hoy son grandes y que tal vez jamás se habrían imaginado tanto éxito en sus carreras. En el Mundial de Grecia de 1998 hicieron su presentación en un torneo grande Hugo Sconochini, Emanuel Ginóbili, Alejandro Montecchia y Juan Ignacio Sánchez, que junto a Oberto y Rubén Wolkowyski formaron la base del equipo que a la postre se bañaría de oro seis años más tarde.

Los torneos se sucedieron y se fueron insertando Nocioni, Scola, Herrmann, Fernández, Palladino, Victoriano, Gutiérrez, Delfino, Prigioni, Kammerichs, Juan Gutiérrez, Jasen, Quinteros, Román González, Porta,  Leiva, y jóvenes promisorios como Mata, Cequeira y Campazzo.
Desde su nacimiento la Generación Dorada fue pasando por distintas etapas, aprendiendo y evolucionando a un ritmo sostenido, tanto que superó sus metas iniciales, y fue tan elevado el desarrollo y el nivel que llegó a desplegar, que le permitió a la Argentina reinsertarse en el primer contexto del básquetbol mundial.

Bajo la conducción de Magnano el equipo llegó a la cumbre. El primer mensaje lo dio en el Premundial de Neuquén 2001, y el segundo en el Mundial del año siguiente, ese mismo por el cual aún seguimos lamentando la última jugada, por esa falta jamás cobrada y que nos privó de un título que habría sido legítimo, simplemente porque Argentina fue el mejor equipo de ese torneo.

La revancha llegó dos años después con el oro de Atenas, siendo el máximo logro de la historia del deporte argentino, se ganó el torneo más importante de todos y se lo hizo venciendo por segunda vez consecutiva al equipo de EEUU conformado por jugadores NBA. Enorme y gloriosa gesta, memorable y quedará grabada por siempre en la historia. Cuando parecía que aquellos años dorados de la década del cincuenta se iban quedando en el tiempo, y haciéndose cada vez más lejanos, al punto que muchos llegaron a ignorar los logros obtenidos.

Sergio Hernández mantuvo con capacidad los pergaminos ganados, incluso cuando fue imposible detener la lógica renovación. Argentina se quedó sin final en el Mundial de Japón porque no quiso ingresar un triple caprichoso, pero dos años después fue bronce en Beijing.

El “Alma Argentina” tomó como pilares a los integrantes de una nueva generación de jugadores que se destacó en la competencia doméstica, que tuvo un paso por Europa y terminó siendo protagonista en la NBA. Son los que siguen escribiendo su nombre en los titulares del mundo deportivo, para asombro de propios y extraños, porque este grupo -que ya pasó los treinta y que ganó todo- siempre va por más, al punto de clasificar a Argentina por tercera vez a las semifinales de un Juego Olímpico.

Y si nos metemos a revisar las estadísticas vamos a encontrar otro mérito, uno que no es simple de lograr, y menos en estos tiempos. Si tomamos en cuenta los dos torneos ecuménicos del basquetbol internacional, desde 2002 Argentina estuvo presente en los 6 que se disputaron, llegando a las semifinales en 5 de ellos y compartiendo este curioso récord con EEUU. España que es el segundo país del Ranking FIBA solo quedó tres veces entre los cuatro mejores. Sólo 11 países jugaron semis en los últimos 10 años, instancia reservada para pocos y buenos, y que agiganta aún más a esta Generación. /Fuente: basquetplus.com
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