Al final del barrio El Fortín, donde las viviendas abren paso a los viñedos, se encuentra el Centro de Jubilados. Un espacio que supieron crear entre todos. Dos de los lotes iniciales del complejo se dejaron para ser ocupados con este fin y el de crear una pintoresca plazoleta, que sirve como espacio público en el lugar.
"Hace muchos años, funcionaban aquí unas oficinas del PAMI", cuenta una vecina. Después, como la entidad provincial no pagaba el alquiler, los vecinos lo adoptaron como centro de sus actividades sociales, sobre todos para las personas de la tercera edad.
El lugar cuenta con un gran salón donde realizan eventos y otras dependencias para el sector administrativo y para consultorios. Con el paso del tiempo, este edificio se convirtió en el punto de citas. Por esos días, se está gestando allí la jornada de juegos y regalos con la que las familias del barrio El Fortín quiere agasajar a los más pequeños de la zona.
Gran parte de los dueños de casa son empleados del INTA o trabajaron en el ex Banco de Mendoza y la ex empresa Agua y Energía.
La obra, realizada en el techo de la capilla, permaneció oculta por muchos años, tapada por unas placas de yeso. Fue descubierta por dos obreros que trabajaban en este sector.