Represalias de la política y la economía

El 2011 fue el gran año de Cristina Fernández, con un poder político indiscutido y un auge formidable del consumo. Hoy, el mal manejo de la economía y el destrato al PJ están empezando a revertir esas ventajas.

Edición Impresa: domingo, 29 de julio de 2012
Represalias de la política y la economía

Por Joaquín Morales Solá - La Nación © 2012

El muy alto precio de la soja es la refutación del relato que atribuye a la crisis mundial la fuerte retracción de la economía argentina. Es cierto que los precios actuales no repercutirán aquí en el acto, pero el valor internacional de los alimentos se mantuvo siempre en niveles elevados. En ese mundo que le está dando al país una nueva oportunidad, la economía argentina se parece, sin embargo, a la del recesivo año 2009.

Es la consecuencia de una dirección económica errática e incierta. De la misma manera, el peronismo comienza a moverse para establecer una solución política y electoral propia, al margen del kirchnerismo. Es la consecuencia del estilo político.

Más allá de las victorias y derrotas de la vieja resolución 125, el espíritu de ella ha triunfado. Impuestos nacionales, provinciales y municipales han terminado por reducir de manera significativa la renta agropecuaria. Ese fue el eje del duro discurso de ayer del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati. A pesar de todo, ningún problema se resolvió.

El país ingresó en el segundo semestre del año en recesión, con el crecimiento del PBI bajo cero. El promedio del primer semestre fue directamente cero. Sólo una fuerte desconfianza puede explicar que haya caído notablemente la venta de maquinarias agrícolas en un clima mundial todavía generoso con la producción de alimentos.

La caída de la construcción ha sido muy importante, pero más importante fue el derrumbe de las importaciones de bienes de capital (cayó casi un 40% en el segundo trimestre). Esta es la mejor prueba de que la inversión huye de la Argentina de los Kirchner.

Desde la estatización de YPF, la inversión se desplomó. No fueron actos de solidaridad con Repsol (esas cosas no suceden casi nunca en el mundo de los negocios), sino el común temor a la guillotina. El caso Repsol marcó un camino para el kirchnerismo: prohibición para repatriar utilidades, primero, y luego confiscación de la principal empresa del país. La proscripción del dólar y la reciente y directa intervención estatal en la industria petrolera están desalentando cualquier proyecto de inversión. Así, los Kirchner dejarán un país con una fuerte desinversión y dependiente durante muchos años de las importaciones de combustibles.

La Presidenta habla dos o tres veces por semana, pero nunca nombra la inflación. Nunca informa, siquiera, de que está enterada de la existencia de ese cruel fenómeno. La inflación ronda ahora el 25% anual, según la estimación coincidente de economistas privados. La inversión, el cerco al dólar y el cerrojo a las importaciones afectan a Cristina en los sectores sociales medios y medios altos. Pero la inflación, que destruye todas las economías, perjudica sobre todo a los sectores de menores recursos.

El manejo tan arbitrario como torpe de la economía tiene consecuencias políticas: según las últimas mediciones nacionales, son casi similares las imágenes positiva y negativa de la Presidenta. La tendencia es peor aún: la imagen positiva está en caída libre, mientras la negativa está en ascenso.

El peronismo se mueve. Una presidenta más amable y consensual con su partido habría demorado las cosas. No fue así. La señal de largada la dio el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, cuando notificó que recurrirá mañana a la Corte Suprema de Justicia para que el Gobierno cumpla con el viejo acuerdo por los fondos de los jubilados.
 
Cristina dejó de girar esos recursos luego de una fuerte reacción del ex gobernador Juan Schiaretti. Después de ser sometido a la silbatina y el insulto de jóvenes kirchneristas en un acto en Córdoba, Schiaretti le recriminó personalmente a Cristina el manejo de esa juventud por parte del kirchnerismo. Fue duro y directo, recuerda un testigo de aquella conversación. La Presidenta rompió desde ese momento un acuerdo avalado por la Corte Suprema. Nunca envió más dinero para jubilaciones.

Ahora, el propio Daniel Scioli está analizando una presentación propia ante la Corte por los recursos del Fondo del Conurbano, que fue pesificado y nunca actualizado en los últimos años. De la Sota ya tomó la decisión de que irá con candidatos propios a diputados nacionales en las elecciones del año próximo.

Cristina tendrá que sumarse o deberá ir con sus candidatos con el Frente para la Victoria, dijeron cerca del gobernador. El primer candidato a diputado nacional de De la Sota es Schiaretti, si éste quisiera serlo, o la actual vicegobernadora de Córdoba, Alicia Pregno, a quien Cristina impugnó en su momento para poner a otra mujer afín a ella. De la Sota se negó entonces. Los dos candidatos actuales del gobernador han sido en el pasado cuestionados por la Presidenta.

Scioli está muy cerca de hacer lo mismo. Con encuestas que lo sitúan como el político más popular del país (y también el que menos imagen negativa tiene), habría llegado a la conclusión de que nunca tendrá futuro si no diera un salto hacia fuera del kirchnerismo en el próximo año. Su primer candidato a diputado nacional sería el intendente de Tigre, Sergio Massa, una figura también popular y también rechazada por el cristinismo.

Ya existirían acuerdos terminados entre ellos. La política, debe subrayarse, tiende a desconfiar de que ambos, Scioli y Massa, lleguen hasta el final con sus rebeldías electorales. La candidata de Cristina para el lugar de primer candidato es su cuñada, Alicia Kirchner. Cristina deberá sumarse o enfrentar la lista de Scioli con su propia lista, dijo un intendente bonaerense. Es el mismo planteo del peronismo cordobés.

Esos proyectos esconden ambiciones presidenciales, es cierto, pero también aspiran a apartar al peronismo de un previsible derrumbe del kirchnerismo. Una década con Menem y otra con los Kirchner podrían acabar con el peronismo, suele decir un viejo ícono del peronismo. También es una reacción contra la indiferencia.

Cristina ha dejado al peronismo fuera del Gobierno, y el peronismo está sublevándose, precisa un gobernador de ese partido.

Alrededor de De la Sota nadie duda de su ambición presidencial. Esta es su oportunidad. No quiere seguir siendo gobernador, explican. ¿Y Scioli? Nadie tiraría las encuestas de hoy para irse a su casa, explican sus intérpretes. Scioli habla con más gobernadores e intendentes peronistas (y no peronistas) de lo que se sabe o intuye. El kirchnerismo lo destrató por haber explicitado en público el proyecto presidencial, pero el destrato terminó beneficiando a Scioli y perjudicando a Cristina. Las sociedades siempre se vuelcan a favor de la víctima y no del victimario.

Scioli cree que su vocación de pacifista fanático lo llevará a la poltrona de los presidentes. La historia no lo desautorizó hasta ahora. De la Sota, que nunca fue kirchnerista, juega más fuerte. Hace poco, en el aniversario de un municipio cordobés, canceló su presencia a última hora cuando se enteró de que estaría también el vicepresidente Amado Boudou. Nunca se sacará una foto al lado de Boudou, contaron. Boudou es ahora la figura más impopular del país. Cristina debe cargar también con esa mochila, pesada como un bloque de cemento, que es también producto de una decisión personal e inconsulta.

Los gobernadores peronistas se pasean entre Scioli y De la Sota. ¿O, acaso, fue casualidad que el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, un dirigente respetado por la estructura peronista, saliera en defensa de Scioli en el peor momento de éste? La política de los gobernadores más importantes del peronismo, el bonaerense y el cordobés, consistiría en unir a todos los mandatarios justicialistas en una misma estrategia.

Esta es: confeccionar listas peronistas con candidatos propios y dejar que la Presidenta se sume a ellos o se presente con sus propios candidatos. Tendrá que pensarlo dos veces, porque podría ser derrotada, y no tiene ni tendrá posibilidad de reelección, aseguró un conocido gobernador. La reelección es una utopía; no existe ninguna condición para ella, apuntó otro mandatario.

Cristina Kirchner no desconoce, seguramente, nada de todo esto. Ni las consecuencias políticas ni las económicas de sus decisiones. Por eso ha vuelto a ser una mujer de enojos, ofensas y crispaciones. Llegó al extremo de haber considerado conspirativo un simple almuerzo entre dirigentes de la Sociedad Rural y editores de diarios independientes. La denuncia la hizo en uno de sus muchos discursos públicos. El almuerzo fue en la Exposición Rural, un lugar público, en un restaurante también abierto al público.

Semejante fantasía conspirativa sólo puede ser explicada por una inmanejable sensación de persecución o por una estrategia clara y autoritaria: atemorizar y callar al periodismo distribuyendo falsos fantasmas entre sus seguidores sedientos de fantasmas.
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