Fútbol olímpico: Argentina cambió la medalla de oro por la de lata

La albiceleste venía de ganar la dorada en Atenas y en Pekín, pero se quedó afuera de Londres. La AFA tomó decisiones erradas y en vez de sostener la tendencia, terminó desactivándola. Por Fabián Galdi.

Por Fabián Galdi (fgaldi@losandes.com.ar)
domingo, 29 de julio de 2012
El 28 de agosto de 2004, el seleccionado argentino de fútbol le dio un oro olímpico al deporte nacional y a la vez quebró una barrera psicológica, ya que ninguna representación albiceleste había conquistado la presea dorada desde 1952, cuando la dupla Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero había ganado el doble par de remo sin timonel en los juegos de Helsinki.

El entonces conductor de la Selección, Marcelo Bielsa, supo captar la esencia del espíritu olímpico y emprendió una empresa de tinte quijotesco para lograr que la AFA influyera en los clubes y la cesión de jugadores – tanto en el país como en el exterior – fuera tan obligatoria como lo es en un Mundial de fútbol.

La escasa adhesión a los juegos olímpicos de las generaciones de dirigentes futbolísticos desde los ’50 en adelante fue el eje de la tremenda batalla cultural que Bielsa libró casi en soledad, máxime después del fracaso en Corea-Japón 2002. Finalmente, favorecido por el primer puesto logrado en el Preolímpico de 2004, el Loco logró llevar a Atenas a un plantel de primera línea en vez de uno de segundo nivel.

Con el aporte de tres experimentados y mayores de 23 años – Roberto Ayala, el “Kily” González y Gabriel Heinze – la selección arrasó con estrellas surgentes como lo eran Carlos Tevez, Javier Mascherano, Javier Saviola y Andrés D’Alessandro, entre otros. Seis triunfos en igual cantidad de partidos, 17 goles a favor y ninguno en contra, fueron el resultado que desembocó en la histórica obtención del oro. En aquellos momentos, cual si fuera una relación simétrica, Argentina arrasaba en los sub20 durante la era Pekerman, al punto que se habían ganado los mundiales de Qatar’95, Malasia’97 y Argentina’01, y luego llegarían las victorias en Holanda’05 y Canadá’07.

Entre Pekerman y Bielsa hubo una corriente mutua de respeto profesional por los proyectos de fondo a corto, mediano y largo plazo. El vínculo había crecido con naturalidad, al margen de los clásicos alineamientos y realineamientos de dirigentes alrededor de la figura patriarcal de Julio Grondona, y de la influencia de tal esfera de poder en las decisiones con respecto a quienes debían ser los entrenadores de los seleccionados argentinos en todas sus categorías.

La renuncia de Bielsa tras su llegada victoriosa de Grecia y del triunfo contra Perú por las eliminatorias rumbo a Alemania’06 fue lo más similar a un desahogo por la revancha que se había prometido a si mismo después de haberse vuelto en primera fase del campeonato mundial de mayores en suelo japonés.

Pekerman tomó el comando de la Mayor y bajo su ciclo se produjo el éxito del sub20 en Holanda, un año después, con la tutela de Francisco Ferraro y el descubrimiento y consolidación de un talento único llamado Lionel Messi, por entonces de 18 años.

En 2006, después de la derrota por penales en los cuartos de final contra Alemania, en Berlín, José dejó su cargo. Su rica experiencia al frente de juveniles fue absolutamente desaprovechada y ninguneada por la dirigencia afista. Hoy día, el máximo ganador de todos los tiempos en divisiones formativas argentinas en el alto plano internacional consiguió trabajo como director técnico de la selección colombiana de mayores.

La experiencia grata en Atenas dejó su secuela y para Pekín 2008 se volvió a armar un seleccionado de categoría probada, esta vez bajo el comando de Sergio Batista. El equipo fue creciendo en juego a partir de la primera fase y repitió el oro olímpico luego de haber vencido a Nigeria en la final. Lionel Messi, Juan Román Riquelme, Javier Mascherano, Fernando Gago, el “Kun” Agüero y Ángel Di María, entre otros, fueron los estandartes de ese seleccionado.

Con dos medallas doradas, Argentina había vuelto al centro de la escena en el fútbol olímpico como nunca en su historia. La albiceleste había cosechado dos preseas plateadas, luego de haber perdido las finales de Amsterdam’28 y Atlanta’96. Brasil, que jamás ganó el oro, y Uruguay, que sumó dos en la década del’20, van ahora por el mismo objetivo mientras el fútbol de nuestro país se quedó fuera de la posibilidad de conseguir un triplete consecutivo.

¿Puede considerarse una fatalidad el hecho de haber quedado eliminado de Londres 2012? No, porque la causa hay que buscarla en la mala política desarrollada por la AFA en el momento de haber diagramado un plan estratégico para llegar a Inglaterra con una base sólida y con aspiraciones a repetir la serie exitosa de Atenas y de Pekín.

La improvisación volvió al centro de la escena y los más capaces fueron condenados a los caprichos personales de Grondona y sus laderos, quienes aplauden cual si fueran focas batiendo aletas en su afán de beneficiarse con las concesiones del patroncito.

La escasa experiencia de Walter Perazzo no ameritaba, quizás, que se lo designara al frente del seleccionado argentino sub20. La eliminación tempranera del Mundial de la categoría en Colombia y la no clasificación para los actuales juegos olímpicos londinenses fueron resultados lapidarios, más allá de que se haya llegado a ser finalista en los panamericanos de Guadalajara, en los que se perdió la final ante México.
 
Perazzo contó con una lista de jugadores de importancia, tales los casos de Erik Lamela, Ezequiel Cirigliano, Juan Iturbe, Esteban Andrada, Germán Pezzela, Sergio Araujo, Nicolás Tagliafico y Rogelio Funes Mori, entre otros. Duró ocho meses como conductor del sub20 nacional y luego iba a ser reubicado al mando de la sub17, pero optó por esperar otra oportunidad y hoy dirige a Olimpo, que descendió y está por comenzar la temporada 2012/2013 en la B Nacional.
 
El peso del apellido Grondona fue determinante para designar al nuevo cuerpo técnico y la influencia de Humbertito aunó voluntades con la de Carlos Bilardo –ocupante del enigmático cargo de secretario de selecciones- para que Marcelo Trobbiani tomara la conducción de los sub20.

Cuando Argentina estaba por jugar su partido de eliminatorias contra Colombia, en Barranquilla, Alejandro Sabella veía con buenos ojos a Roberto Sensini como sucesor de Perazzo, pero Trobbiani apareció en suelo colombiano y el propio técnico de la Mayor interpretó lo que ya era un secreto a voces: la decisión se había tomado en Viamonte al 1300 sin debate previo.

El fútbol argentino está a la deriva desde hace tiempo en selecciones mayores – el último triunfo fue la Copa América 1993 – y cuando se había afirmado un ciclo ascendente en juveniles y en los juegos olímpicos, el brusco cambio de timón sigue lejos de entenderse.

Celos, envidias, pequeñeces, narcisismo y vanidad parecen haber sido las variables predominantes para tomar decisiones en vez de apostar al diálogo, el recurso de más probada eficacia en cualquier escenario.
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