Lienzos digitales

Numerosos artistas suman dispositivos de última tecnología para la creación y también como soporte y divulgación de su trabajo. Aliado del arte visual, la computadora (la notebook, la tablet e incluso el smartphone) acompaña durante todo o casi todo el proceso, que por momentos se despoja de las telas, sin dejar de encender la imaginación. Un paneo por los creadores que cambiaron los pinceles y las pinturas por los lápices ópticos, las pantallas y los programas de retoque digital.

sábado, 28 de julio de 2012
Lienzos digitales

Joana Celeste Ortega, trabajando con su tableta digitalizadora.

Por Andrea Calderón - Especial para Cultura - Foto: Claudio Gutiérrez

En la revolución mediática, viejas son las telas y nuevos los modos de producción, circulación y consumo. Los conocidos virtuales se saludan hasta para el Día del Amigo y tanto la interacción cultural como la innovación electrónica esbozan, muchas veces, los mensajes de nuestra época. En el coqueteo de dispositivos, la tela, la madera o la piedra conviven con la novedad continua y sus resultados expresivos.

El legado vanguardista del siglo XX y la revolución digital de los 90 dieron vida al net.art y al arte generativo, en el que la obra se sirve de medios tecnológicos para su concepción. Entre los lienzos presentes se encuentra la tableta gráfica, un periférico de superficie plana sensible a la presión que se ejerce con un lápiz óptico, donde la imagen no se refleja en éste sino en la pantalla de la computadora.

En Mendoza, una generación de artistas suma el uso de ésta y otras herramientas y comparte su experiencia.  

Inspiración 2.0

Joana Celeste Ortega (29) vive el arte como un juego sin reglas. Y si bien empezó con fibras, óleos y acuarelas, hace dos años viró a lo digital. Primero se compró una computadora y más tarde una tableta, a la que define como su fiel compañera. Después de ver algunos tutoriales en Internet, trazó los primeros contornos de su obra virtual, un mundo de personajes figurativos en el que la autorreferencia la define.

“Es muy loco; ahora podés dibujar desde un teléfono y compartirlo con el mundo donde sea que estés. La tecnología supone rapidez y permite reproducir una obra en distintos tamaños, soportes y formatos. Es una herramienta más creada por el hombre, como el pincel o el martillo. En mi caso me encanta y lo tomo como un medio de expresión desafiante”, dice.

Con el documento en blanco y programas como Sketchbook Pro o Photoshop, Joana selecciona un lápiz o un pincel y explora los rincones desandados de la idea en sus manos. Luego de un período de aprendizaje dio con las posibilidades creativas del manejo, como hacer collages de imágenes, superponer trazos, elegir fondos o dibujar sobre fotografías. "Lo que más me gusta es que expresivamente le da ese toque de dibujo animado, imagen de televisión o póster que compraba cuando era chiquita", comenta.

En las memorias de la infancia, Marcos Masiokas (34) encuentra la estación de trenes y otros paisajes de su Chacras natal, a la que quiere homenajear con una muestra de sus trabajos. Y si bromea con que el monitor lo dejará ciego a los 70, nada le quita lo recorrido en estos ocho años de arte en tableta digitalizadora. "Entre las ventajas está el poder guardar los cambios, combinar un dibujo con otros o usar un paisaje de fondo para una figura realizada por separado. Yo no utilizo fotos en mis pinturas sino que busco los colores y las formas desde cero. Los programas tienen herramientas que otorgan una gran libertad a la hora de trabajar", comparte.

A Fernando Rosas (36) la llegada de lo digital le generó cierta resistencia. Más tarde entendió que no se trataba de un factor de competencia y que así como el remache candente fue luego soldadura eléctrica, los pinceles eran ahora también una barra de tonalidades en la que no había que esperar secados ni atender los brillos del óleo. Algunos programas para editar imágenes y una Easypen bastaron para que ilustraciones y fotografías reflejaran su talento plástico en un nuevo terreno.

"Es un poco complejo para mí porque la ausencia de materialidad me distancia un poco. Después uno incorpora los datos necesarios para conducirse en este medio que si bien comparte bastante las lógicas visuales, son distintos los métodos para llevar a cabo la obra: no hay que revolver colores ni que afilar lápices. Por ahí los resultados pueden semejarse, pero los detalles hacen de este arte una pericia diferente", dice el escultor y pintor mendocino.

En ese pequeño "pizarrón", del que resultan tapas para la revista La Mosquitera o ilustraciones para Los Andes, Fernando perfila figuras que se proyectan en el monitor y decodifican la presión ejercida sobre la superficie. Más tarde pinta con distintas herramientas -algunas imitan el trazo del pincel-, y en capas. Entre otros proyectos, planea una muestra de fotos intervenidas. "Ojalá no se nos corte la luz porque se acaba la historia reciente", escribe.

Trazos de lo digital

Lauri Fernández (31) es historietista. Ernesto Guerrero (32) diseña e ilustra cuentos infantiles. Si ella empezó hace nueve años para facilitar la edición de sus cuadros, él lo hizo hace doce por pura curiosidad.

"Lo digital me permite trabajar más eficaz y velozmente. En proyectos personales sigo dibujando sobre papel por el placer que me produce y los resultados que da. Aunque se pueden imitar efectos del trabajo a mano en la pantalla, son distintos los modos de construir la imagen. Cada herramienta tiene características y limitaciones que hay que aprender a aprovechar", dice la dibujante del blog uruguayo-argentino Marche un cuadrito, para quien la tableta gráfica fue un hallazgo.

En el caso de Ernesto, primero dibuja a mano, luego escanea el boceto y por último ajusta la obra en Photoshop. Entre animales y seres imaginarios, prepara un libro para chicos junto a un escritor de Río Negro, ilustra portales en la web y prueba talento en convocatorias y concursos del país y del exterior.

"Más que arte digital hago ilustraciones en las que intento transmitir un mensaje. Las redes sociales permiten mostrar tu trabajo y enviarlo a distintos lugares del planeta. Aunque muchos creen que la computadora lo hace todo y en la pared sólo se cuelga una impresión láser, los artistas digitales demuestran el talento en sus obras tanto como el que trabaja en acrílico sobre lienzo", sostiene.

Arte urbano

“Los primeros registros de arte digital se dieron en la década del 60. También algunos sostienen que el primer exponente fue Seurat; su técnica de puntillismo se asimila a los píxeles”, responde ante la consulta Diego Stigliano (41). Recuerda que en el ‘92, cuando incorporó la computadora a su tarea, éstas tenían el tamaño de un lavarropas y una lentitud que impacientaba. “En esa época yo estudiaba diseño gráfico y había que aprender a dominarla porque era lo que se venía”. Años después compró su primera Mac e indagó con distintos software de diseño.

Como pintor y dibujante, Diego considera que los dispositivos actuales son sólo una herramienta más que permiten controlar el proceso creativo. En digital trabajó temas como la vida artificial, el vacío y el poder en obras bidimensionales y 3D que luego imprimió sobre tela y papel. Por estos días, el artista nacido en Buenos Aires y radicado en Mendoza prueba su primera tablet de 9x12 pulgadas y continúa exponiendo en Killka junto a Marcello Mortarotti.  

Antes que nada, Federico Calandria (35) se quita la etiqueta de artista digital. No porque no lo sea sino porque su obra transita papeles, lienzos, murales, pero también instalaciones, diseños y tabletas, como una Wacom que utiliza para los dibujos cuadro a cuadro. Todo depende de lo que quiera comunicar. Empezó como muchos, con las limitaciones del Paint y las inquietudes del arte. Y así se desliza, buscando la caricia del acrílico y el lápiz o sentado entre estímulos de Photoshop, Flash o After Effects.

Federico reconoce en la tecnología varias posibilidades: ahorro de tiempo, a veces mejores resultados, trabajos en serie, prueba de colores, conservación de la obra y un largo etcétera.
“Lo importante para mí es tener ideas y algo que decir, además de un criterio claro de lo que se quiere hacer. Si no sabés qué querés y cómo hacerlo, no creo que salgan obras interesantes por más tecnología y técnicas que tengas. También hay algo que a veces se pierde en lo digital y es la energía del artista que se plasma en la obra y que lo convierte en algo único e irrepetible”, agrega.

En la ironía y la cultura popular, en el surrealismo y su propio entorno, Federico descubre robots y máquinas que coexisten con los animales extraños de su universo. Actualmente termina el último video de la banda Fauna junto a Rodrigo Etem e integra el colectivo de street art Gaucholadri, con Marcos Zerene.
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