Los secretos de un médico policial

Trabaja en el sitio donde van personas que resultaron heridas durante una situación traumática como un accidente o un asalto. Un trabajo estresante al que contrasta tocando la guitarra en una banda de rock, escribiendo poemas y practicando taekwondo.

Edición Impresa: domingo, 01 de julio de 2012
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Los secretos de un médico policial

Oscar Quintero en uno de los consultorios; el hombre debe lidiar con situaciones límite cada vez que se convierte en médico policial. (Marcelo Rolland / Los Andes)

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Rolando López

Por la frecuencia policial se escucha la siguiente pregunta de parte de un efectivo destinada a las oficinas de Sanidad Policial: “¿Hoy toca la Bersuit?” Lo que el policía quiere saber es si ese día atiende Oscar Quintero, uno de los médicos que pertenece a la división y que por su parecido físico con el ex cantante de la banda Bersuit Vergarabat (Gustavo Cordera) no le queda más que aceptar esa suerte de mote entre risas. Sucede que Quintero cuenta con la sensibilidad de un músico y la sabia paciencia oriental de un taekwondista para enterarse por dónde pasa lo que realmente interesa.

El subcomisario Oscar Quintero es médico policial (además de pediatra, músico, primer dan de taekwondo y poeta) y tiene la complicada tarea de ser un hombre que se enfrenta de primera mano con un policía o un ladrón heridos en un hecho, con alguien que ha sufrido un accidente o ha sido víctima de un suceso delictivo. Toda esa fauna, obviamente, llega a su consultorio de Sanidad Policial, hecha un atado de nervios.

Quintero sabe de eso porque lleva 25 años en ese trabajo y porque además conoce algunos secretos que tienen por ahí más que ver con la contención que con escribir recetas.

“Una de las experiencias que más cuento a mis pacientes alterados es la de un maratonista de Maipú que mientras se estaba entrenando lo atropelló un vehículo y el hombre terminó parapléjico. A todos les digo que ése es un hombre al que realmente le fue mal con su accidente. Era un deportista de alto rendimiento que estaba a punto de viajar a una gran competencia cuando le pasó lo del accidente. De ese modo, trato de apaciguar los ánimos de la gente que por ese momento cree que lo que le ha pasado es lo peor que le puede pasar a alguien”.

Desde su consultorio de Sanidad Policial ubicado en Beltrán y Rivadavia de Godoy Cruz, Quintero junto con otros seis médicos más para el Gran Mendoza (bastante pocos, según lo que indican los especialistas), atiende un promedio de 55 personas por día: personas que, como se dijo, vienen con dolencias o heridas propias de una situación que puede llegar a ser judicializada. Es decir que todos los informes que salen del trazo desprolijo (como buen médico) terminan en al menos una foja de un futuro expediente judicial.

 El médico comenzó su carrera policial casi al mismo tiempo en el que ingresó a la Facultad de Medicina. Como es técnico químico egresado de la Escuela Química de Las Heras, en 1987 entró a la División Criminalística de la policía local. Para cuando se recibió de médico pediatra, ya había hecho una carrera policial importante. “Comencé como agente y ahora, 25 años más tarde, tengo el cargo de subcomisario”.

Justamente, como lleva tantos años en eso de atender a policías, delincuentes, y a gente común, el pediatra-músico-cultor de artes marciales, se ha convertido en un especialista a la hora de no dejarse sobrepasar por la violencia y la angustia (hechas carne humana) debe atender.

“No es fácil. Imaginate, al consultorio llega gente muy alterada, gente ebria y a veces violenta, gente que fue robada y golpeada en el asalto... bueno, te podrás imaginar; a veces somos víctimas nosotros mismos de personas que te insultan o te escupen porque están fuera de sí. Por eso, mi estilo es primero que nada atenuar la situación de extrema desazón con quienes vienen a vernos. Es decir, primero hay que tranquilizarlos y después revisarlos: lo mío es más arte que ciencia”.

Antes y ahora

Que desde hace más de quince años hay más delitos que ahora, no es algo que deba aclarar el médico Quintero. Pero el hecho de ser un experto a la hora de atender a los heridos en ese tipo de situaciones, coloca al galeno como en una suerte de termómetro para explicar el fenómeno parado al lado de una camilla de atención para heridos.

“Cuando venía para la nota e iba por la Cuarta Sección, presencié una discusión entre dos automovilistas: uno de ellos había cometido una falta de tránsito, es verdad, pero había que ver el grado de violencia en la discusión entre esos dos hombres (uno de ellos, taxista)".

"El caso fue que uno se bajó de su auto con el matafuego en la mano; y todo por una discusión de tránsito en un caso donde ni siquiera hubo un choque. Los miré y me dije: 'esta gente es carne de Sanidad Policial', pero por suerte la cosa no pasó a mayores. Pero situaciones de este tipo se viven más asiduamente ahora que hace algunos años atrás: está claro que la gente está más violenta y menos predispuesta a conversar”.

Los delitos

A la hora de hacer comentarios acerca de cómo está todo en cuanto a la seguridad, Quintero padece -aunque en menor medida- cierta prohibición que tienen algunos policías de uniforme a la hora de opinar y prefiere no explayarse demasiado para evitar futuras complicaciones.

De todos modos, el médico indica que no hay que ser un especialista para advertir que “por lo menos los delitos son más violentos que antes... pero prefiero que hablemos de música”, receta en tono de humor.

Igualmente y de acuerdo con su estadística hecha a ojo, el médico asegura, del promedio de los seres humanos que atiende “el 60 por ciento corresponde a los accidentes de tránsito mientras que el 40 por ciento restante lo conforman las llamadas riñas o víctimas de delitos”.

En cuanto al trato con sus colegas policías, el médico posa sobre ellos una mirada misericordiosa: “a la policía se la castiga mucho; y a veces es verdad que actúa mal. Pero la mayoría de ellos lleva una vida al límite entre ser héroe o villano: si cometés un error podés terminar preso de por vida y si no te pueden condecorar. Los conozco porque trato a diario con ellos. Son los que preguntan por la frecuencia si 'hoy toca la Bersuit'”.
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