Males propios y ajenos

“El mundo desarrollado está en recesión y sus proveedores están viendo una fuerte desaceleración de sus economías.”

Edición Impresa: domingo, 01 de julio de 2012
Males propios y ajenos

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes - cavagnaro@arlinkbbt.com.ar

Mientras en Argentina asistimos a un tironeo político, propio de las internas del peronismo, que se hacen más calientes cuanto más ausente está la oposición, el mundo sigue en medio de una situación muy compleja, donde Europa no encuentra los mecanismos para salir de su crisis y Estados Unidos no consigue recuperar su economía después de cuatro años entre recesión y estancamiento.

Claramente, esta situación que afecta a las principales economías del mundo está afectando a todo el resto, porque no existen otras economías con la fuerza suficiente como para ocupar el espacio en el que siempre se destacaron los dos grandes bloques económicos.

Y su crisis se traslada al resto como una plaga Porque no se pueden vender mucho entre ellos y sus economías caen y aumenta el desempleo y, con ello, cae el consumo. Al consumir menos, compran menos y eso afecta a los países proveedores, como China. Como éste compra menos, también afecta a Brasil y esto nos afecta a nosotros por todos lados.

El mundo desarrollado está en recesión y sus proveedores están viendo una fuerte desaceleración de sus economías.

Pero la crisis europea está pegando en el valor del euro y ha hecho revaluar al dólar, lo que también impacta en los precios internacionales de las materias primas cotizadas en moneda norteamericana. El ejemplo más claro es el del petróleo, que ha bajado bastante y perforó el piso de los 80 dólares por barril y caía esta semana cerca de los 77 dólares.

Los únicos productos primarios que se vienen salvando son los granos porque, básicamente, hubo factores climáticos que generaron fuertes pérdidas y redujeron de manera muy fuerte los volúmenes de producción.

Esto hizo que los precios de soja, maíz y trigo sigan altos, ya que el mismo fenómeno afectó a Sudamérica y al hemisferio norte.

Para 2013 se anticipa un año climático más normal y se esperan cosechas normales. Esto anticipa que, si el dólar sigue igual y la crisis no afloja, lo posible es que aflojen los precios de estas materias primas alimentarias.

Nuestra propia crisis

Estos factores internacionales que hemos descripto en forma sucinta explican una parte del problema argentino. Pero hay otra parte, y es generada internamente por las políticas gubernamentales.

El primer inconveniente, el que representa el eje central del problema argentino, es la inflación generada por el gobierno desde 2007 con el objeto de recalentar el mercado interno.
 
Primero, con fines electorales; luego, para intentar mantener una ficción con el mismo objeto. La economía creció con el anabólico más peligroso: la emisión monetaria y la súper abundancia de subsidios.

La emisión monetaria permitió generar miles de programas que sostenían niveles de actividad inusuales, entusiasmando a los gremios a conseguir mejoras salariales por encima de la inflación y por encima de la productividad. Las empresas los concedían y trasladaban a los precios.

Como los consumidores los pagaban, la cadena de la felicidad seguía adelante.
Pero, además, se mantuvieron congelados los precios de los servicios públicos y, como el gobierno debía reconocer precios reales a los prestadores, lo solucionaban otorgando subsidios, que este año alcanzarán los 90.000 millones de pesos.
 
En muchos de esos servicios, además, subsidiaban parte de los salarios de los trabajadores, como en el transporte público de pasajeros.

Con la idea de mantener precios bajos congelaron precios de productos y dieron cuotas de exportación de otros. Así, dejamos de exportar carnes y leche, pero ahora esos productos faltan, están cada vez más caros y nadie en el gobierno se hace responsable.

Si hay un dato que resultó sorprendente en el duelo verbal que sostuvieron esta semana, fue que ni la Presidenta ni Moyano hicieron referencia expresa al tema de la inflación. Ni uno para alegar a su favor ni la Presidenta para refutarlo. Pareciera un pacto caballeresco que entornaba la presunta contienda.

Los problemas internos seguirán estando y el Gobierno seguirá manejando una caja frondosa para domesticar gobernadores, a los cuales no se les devuelven sus recursos, mientras se mantiene un ritmo inflacionario que quita competitividad a la moneda.
 
En lugar de hacer correcciones, elegimos cerrar las fronteras y la solución termina agravando la enfermedad.

No obstante, las menciones permanentes de Cristina Fernández a la crisis mundial están anticipando que, si llega la recesión, como probablemente ocurra en pocos meses, ya tengamos preparado al nuevo enemigo. La crisis internacional será usada como excusa para no hacer lo que se debe.

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