Arturo, el último oso polar en Mendoza

Se quedó solo tras la muerte de su compañera Pelusa. En el Zoo pedirán otro ejemplar, pero dudan de que lo envíen por ser una especie amenazada. Buscan dar un perfil más autóctono al paseo.

Edición Impresa: jueves, 03 de mayo de 2012
Arturo, el último oso polar en Mendoza

Arturo tiene 28 años y llegó de cachorro al Zoo local. Lo monitorean por si la muerte de Pelusa lo afecta. (Claudio Gutiérrez / Los Andes)

Sandra Conte - sconte@losandes.com.ar

Arturo tiene 28 años y llegó al zoológico provincial desde Alemania, de cachorro. Durante toda su vida compartió espacio con Pelusa, la osa polar que murió el martes. Por eso, está siendo monitoreado para detectar si se produce algún cambio en su comportamiento. Si bien intentarán conseguirle un compañero, creen poco probable poder traer uno por los requisitos que se exigen debido a que se trata de una especie amenazada. Así, sería el último oso polar que se vea en Mendoza.

El director del zoológico, Guido Loza, explicó que en el hábitat natural los machos viven separados de las hembras la mayor parte del año, por lo que si bien estiman que la pérdida de su compañera le provocará estrés, no creen que sea tan marcado. De hecho, en febrero se pelearon y Pelusa resultó herida en una pata, lo que le provocó una infección que deterioró aún más su salud, de por sí débil por su avanzada edad.

Es que los osos polares viven entre 20 y 25 años en libertad y pueden llegar a los 30 ó 35 en cautiverio. Pelusa arribó a Mendoza en 1980 y algunos hablan de que era pequeña y otros que ya era adulta, por lo que calculan que tenía unos 37 años. Casi todo ese tiempo estuvo en un diminuto habitáculo de 40 m2, hasta que en noviembre del año pasado la trasladaron -junto con Arturo- a un sitio más amplio, de 280 m2, dos habitaciones (dormían separados), aire acondicionado y una pileta de 70 mil litros de capacidad.

Jennifer Ibarra, de Fundación Cullunche, coincidió en que son animales de hábitos solitarios en su ambiente natural, por lo que consideró que no debería afectarlo tanto quedarse solo y que sería más estresante para él trasladarlo a otro zoológico, donde podría estar con pares. También subrayó que nació en cautiverio y su hábitat está siendo amenazado por el calentamiento global, que derrite el hielo en los polos.

De todos modos, Loza destacó que han estado vigilando de cerca a Arturo, para ver cómo evoluciona, y que por el momento no ha mostrado cambios, a lo que puede ayudar que los últimos días Pelusa ya no salía mucho al espacio común. Además, planteó que desde que la hembra se enfermó han estado analizando la posibilidad de traer otro oso polar y que ahora harán el pedido, aunque no son muy optimistas con el resultado.

Esto, debido a que la especie está amenazada y por eso, detalló el director, sólo se envían a ciertos tipos de zoológicos y se exige que los recintos y el personal que los atienda cumpla con determinadas características especiales.

El esqueleto de Pelusa

Desde Cullunche, Ibarra solicitó que se embalsamara a Pelusa y se la enviara al Museo de Ciencias Naturales Cornelio Moyano, ya que allí no tienen un oso polar. “Aún muerta es un bien de los mendocinos y si bien requiere una inversión, sería una manera de preservarla después de tanto tiempo que estuvo en el zoológico”, planteó.

Sin embargo, Loza señaló que se descartó esa posibilidad porque la piel no estaba en buen estado y durante la necropsia se dañó más. En cambio, conservarán el esqueleto para sumarlo a la colección que existe en el Zoo y que era parte del recorrido hasta que se desmanteló y los huesos quedaron guardados en cajas. La intención de Loza es empezar a armar las osamentas para exhibirlas nuevamente.
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