La zona roja de Mendoza, territorio de tensión y disputas

En las últimas tres semanas, las peleas entre quienes ejercen la prostitución en la Ciudad han proliferado. Las esquinas estratégicas parecen ser el motivo de conflicto.

Edición Impresa: domingo, 29 de abril de 2012
La zona roja de Mendoza, territorio de tensión y disputas

Prostitutas y travestis convergen en la Tercera Sección. (Andrés Larrovere / Los Andes)

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Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

Los ayudantes fiscales de la Oficina Fiscal 1 de Ciudad las llaman cariñosamente "las chicas". Así se refieren a las prostitutas, visitantes bastante asiduas de esos despachos. A travestis, en cambio, les llaman travestis a secas, también visitantes asiduos de la misma Oficina Fiscal 1.

Prostitutas y travestis convergen en la seccional 3 del centro porque hay una zona -básicamente en el rectángulo que conforman Costanera al este, Urquiza al norte, San Juan al oeste y Garibaldi al sur- en la que ambos tipos de trabajadores sexuales llevan adelante el sustento diario que es ejercer la prostitución.

Desde calle Urquiza hacia el norte, donde nace la Cuarta Sección, la prostitución de mujeres se expande por más cuadras pero allí travestis no aparecen. De hecho, muchas de ellas han trasladado sus dominios hacia San José, Guaymallén, dos cuadras al este del Área Fundacional, después del zanjón Cacique Guaymallén, lo que constituye el nuevo gueto travesti.

En los últimos quince días, esa porción de la Tercera Sección ha sido escenario de peleas y riñas entre hombres que se visten de mujer y mujeres que buscan lo mismo: personas que consumen prostitución. Si bien antes las peleas ocurrían de vez en cuando, hoy se han potenciado.

Hace dos semanas, una prostituta solitaria fue atacada por dos travestis que, después de golpearla y robarle algunas de sus pertenencias, la obligaron a que se retirara de la esquina de Ituzaingó y Montecaseros.

Dos días más tarde, un grupo de travestis protagonizaron una riña entre ellos y el motivo fue, también, que un grupo abandonara esa parada para que se hicieran cargo otros travestis algo que, de hecho, hicieron.

El martes pasado a la una de la madrugada, unas cinco o seis mujeres de la calle recibieron una golpiza en el cruce de Montecaseros y San Luis de parte de travestis alocados: el ataque tuvo características más coincidentes con barrabravas del fútbol que de gente que se dedica a la prostitución.

En esa ocasión, alrededor de ocho travestis golpearon y robaron a un grupo de cuatro o cinco prostitutas. Sólo una de ellas hizo la denuncia más que nada porque quería recuperar su celular recién comprado y de última generación (para eso llevó adelante presentación judicial) que por el hecho en sí. Ninguna de las restantes prostitutas denunció el caso en el que recibieron golpes y fueron robadas.

Canon

Las agresiones entre travestis y prostitutas no son nuevas pero raramente habían llegado a estos extremos. Quienes conocen algo de ese micromundo bastante marginal (algunos policías que patrullan la zona y algunos empleados de la Oficina Fiscal 1, que es donde corresponde esa zona por jurisdicción), saben que los dos bandos nunca se llevaron bien. Las prostitutas llaman "gatos" a travestis y estos a su vez se refieren a las chicas con el mote de "trolas".

"Lo que está en juego detrás de las agresiones es una cuestión básicamente de territorio", según indicaron a este diario conocedores del conflicto, policías de la Unidad Investigativa de Capital que patrullan esos lugares a diario.

Sucede que las llamadas paradas entre esa zona San Luis, Montecaseros, Buenos Aires e Ituzaingó, han sido ganadas paulatinamente por travestis que han ido relegando y corriendo a las prostitutas.

"Por otro lado aparece un fenómeno que tiene que ver más que nada con el gusto de cierto cliente que prefiere más a travestis que a las chicas; al menos en esa zona", según indica la misma fuente consultada.

De ese modo, los proxenetas que regentean a travestis (antes los travestis se manejaban solos pero ahora no, y muchos de de quienes hoy lo hacen son 'travestis retirados' y son proxenetas) han ido por esas esquinas tan preciadas para el negocio.

En ese contexto nuevo, los travestis tienen que pagar un canon a sus "840" (cafishio o proxeneta en la jerga policial) que dependen de las paradas (esquinas) donde se exhiben para captar a sus clientes.

"El problema ha surgido cuando las prostitutas históricas pretendieron quedarse en sus viejas esquinas y tuvieron que negociar con quienes manejan a travestis: "Ahora las prostitutas tienen que pagar más caro ese canon si quieren quedarse en esa esquina. Por eso muchas de ellas van dejando sus espacios y se retiran hacia el norte donde travestis -por ahora- no llegan".

Códigos

"Es verdad que por nuestra jurisdicción tenemos que atender casos de prostitutas y travestis. Pero lo que se puede asegurar es que las denuncias propiamente dichas en cuanto a delitos que se cometen en esa zona roja, no son más que en otros sitios, como por ejemplo la Peatonal Sarmiento, donde sí hay muchos hechos", se sinceran desde la Oficina Fiscal 1 de Ciudad.

Para los empleados judiciales de esa repartición, los casos de peleas entre los bandos que se dedican a la prostitución no eran muy corrientes hasta hace poco.

"Son grupos que tienen códigos, o al menos antes tenían códigos. Hablo a la hora de resolver sus conflictos: los arreglaban entre ellos antes de venir a la fiscalía a denunciar. Pero ahora parece que algo ha cambiando y vienen más seguido las 'chicas' y travestis a denunciarse mutuamente. O a denunciar que han sido víctimas de un delito".

Los casos más denunciados, de acuerdo con los que se informó en esa fiscalía, tienen que ver con el delito de "lesiones".

"Es cuando vienen las prostitutas o travestis a indicar que han sido golpeados; esto no podemos discernirlo concretamente ya que cada uno denuncia lo que quiere, es el por qué de los golpes que han recibido".

De momento se puede decir que la disputa la ganan travestis por ahí ayudados por su contextura varonil y sus pies que calzan el 43 para dar patadas más fuertes a las prostitutas y sacarlas de donde están y hacerse acaso del botín de guerra más significativo: llevarles el bolso con todas las pinturas.
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