"An argentine soldier known unto God"

Pasaron 30 años y aún no se sabe quiénes yacen bajo 123 cruces blancas en el cementerio Darwin, en Malvinas. Recién ahora comienza a hablarse de una identificación. Los familiares nunca pudieron saber dónde estaban sus muchachos.

lunes, 02 de abril de 2012
"An argentine soldier known unto God"

(Archivo / Los Andes)

Por Laura Antún* - lantun@losandes.com.ar

Solo Dios sabe quiénes son, si son, si no son, si en el medio hay cuerpos ingleses. Solo Dios sabe cómo vivieron, cómo pelearon, cómo sufrieron hasta morir, quiénes son los ingleses que los sepultaron.  

Son 123 cuerpos, posiblemente de chicos que partieron a una guerra cuya verdadera dimensión se aprecia al visitar las Islas y sentir el frío que sintieron, pisar la turba húmeda que pisaron –algunos con zapatillas Flecha como único abrigo– y escuchar las historias de kelpers que los vieron deambular con hambre.  

Posiblemente sean ellos. O no. Tres décadas pasaron sin que sus familiares sepan si sus chicos están debajo de esas cruces blancas en fila, que ponen la piel de gallina con solo mirarlas y en las que hay flores, medallas y cartas de padres, hermanos y amigos que eligen cuerpos al azar para homenajearlos.

El cementerio Darwin, con su prado verde y su vista a la cadena montañosa “Wickham Heights”, es quizás el paisaje más desolador que un argentino que viaje a Malvinas puede contemplar.

Es la muestra palpable de la tragedia de una guerra que dejó suelos minados, kelpers desconfiados y un museo llamado “The Falkland Islands Museum & National Trust”, en el que hay objetos de soldados argentinos y en el que se destaca la carta de una alvearense felicitando a Leopoldo Fortunato Galtieri por la guerra.

Son 238, menos de la mitad de los 649 argentinos muertos en la guerra. Y la mitad de esa mitad es NN, porque los cuerpos carecían de “dog tag”, una medalla de identificación que deberían llevar los soldados en combate. 

 “Lo peor que puede perder una persona es su identidad”, dice Ernesto Alonso, de la Comisión de Ex Combatientes de Islas Malvinas en La Plata, que ahora exige a la justicia la identificación de los NN. “Nunca los militares se hicieron cargo de investigar para identificar a muchos de nuestros compañeros”, aseguró en una entrevista a la agencia France Presse. 

El cementerio no figura en los itinerarios turísticos de un destino en alza, que muestra orgulloso los pingüinos, las enormes praderas y el mar, pero que esconde el episodio más doloroso que se vivió en las islas.

Está a unos 80 kilómetros al oeste de Puerto Argentino, lejos de las casitas de techos rojos y grandes ventanales que caracterizan a la ciudad, lejos de la enorme base militar de Mount Pleasant; y muy lejos de los familiares de los caídos, algunos de los cuales ya murieron sin saber dónde estaban sus muertos.  

Las cruces de los “soldados sólo conocidos por Dios” se pintan una vez al año de blanco: la tarea está a cargo de Sebastián Socodo, un argentino de 32 años que eligió instalarse en Puerto Argentino luego de la crisis de 2001. Sebastián se encarga de mover los rosarios y crucifijos, pintar, y volverlos a poner.

Alonso es contundente: “Que Argentina deje de dar tanto trabajo a Dios, nos tenemos que hacer cargo como sociedad de devolver nada más ni nada menos que la identidad a aquellos que dieron la vida”. 

Por ahora son y no son. Están, pero pueden no estar allí. Son los otros desaparecidos de la dictadura, de los que nadie habla, por los que nadie aún hizo justicia. Son “An argentine soldier known unto God”.

*Laura Antún es periodista de Los Andes y fue la única mendocina en el primer vuelo comercial autorizado a Malvinas 17 años después de la guerra.

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