La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, criticó duramente hoy la huelga de policías en el estado de Bahía (noreste) en vísperas del Carnaval, y rechazó una amnistía a miembros de las fuerzas de seguridad que cometieron actos "contra las personas y el orden público".
"En una democracia son legítimas las reivindicaciones, pero hay formas de reivindicar. No considero que el aumento de los homicidios en las calles, quemar colectivos, entrar encapuchados en micros sea una forma correcta" de protestar, afirmó Rousseff.
La presidenta también garantizó que el gobierno intervendrá en cualquier estado que lo pida si se repitiera esa situación, tal como hizo en Bahía, adonde mandó fuerzas militares para garantizar la seguridad.
La huelga policial iniciada hace 10 días provocó una ola de saqueos, robos y homicidios en la capital de Bahía, Salvador, en vísperas de la mayor fiesta de Brasil, el Carnaval, que atrae a miles de turistas.
Más de 200 policías armados ocuparon durante nueve días el Parlamento local, que fue desocupado pacíficamente hoy.
Para terminar con la huelga a la que se estima adhirieron un tercio de los 31.000 policías militares del estado, los agentes reclaman amnistía para sus cabecillas, además de un aumento salarial.
Policías requeridos por la justicia "por actos ilícitos, por crímenes contra el patrimonio, contra las personas y el orden público, no pueden ser amnistiados, sino (Brasil) se convertiría en un país sin reglas", afirmó Rousseff en declaraciones a periodistas.
La presidenta evocó la posibilidad de que las protestas puedan extenderse a otros estados donde la policía reclama aumentos salariales.
El Parlamento estatal de Rio de Janeiro aprobó el jueves un aumento de sueldos a los policías militares, bomberos y guardias de cárceles, ante el temor de una huelga a una semana del Carnaval.
No podrá ejercer durante 11 años por haber ordenado escuchas en la investigación de una supuesta red de corrupción política. Además es juzgado por querer indagar los crímenes del franquismo.
Putin advirtió a EEUU, Europa y los países árabes. Condenó la violencia, pidió que "los sirios decidan su propia suerte" y dijo que no aceptará "un escenario como el de Libia".