El libro de Orhan Pamuk es una recopilación de sus conferencias en la Universidad de Harvard.
domingo, 05 de febrero de 2012
El último texto de Orhan Pamuk traducido al español postula, hasta el minimalismo más brutal, una idea: “Leer una novela, al igual que escribirla, implica una continua oscilación entre estos dos estados mentales: lo ingenuo y lo sentimental”. No parece poco, en manos del Premio Nobel 2006 nacido en Estambul.
A partir de allí, la operación mayor del libro es la de extender el entusiasmo, el goce y ciertos vericuetos más analíticos y hasta académicos para un ensayo que devuelve aquella sensación que podría ser el resumen de la soledad en el mundo contemporáneo: alguien leyendo, abriendo mundos en su mundo, aguzando el ingenio como genio, echando mano a la perspicacia y la curiosidad por todo aquello que se nos presenta casi de inmediato, es decir, la vastedad que surge apenas cuando se cierra el libro.
En apariencia y para forzar la idea central del ensayo, Pamuk parece escribir sobre la lectura, tanto como si fuese lo primero que podríamos realizar, tanto como si fuese lo último que hiciésemos en la vida.
Hay un marcado optimismo en ese movimiento –la lectura de novelas- que el autor lleva al principio de los tiempos: leer como si el mundo aún no fuera descubierto y a la vez también hacerlo como si el mundo fuese a acabar a la vuelta de la próxima página.
“El verdadero placer de leer una novela empieza con la capacidad de ver el mundo no desde el exterior, sino a través de los ojos de los protagonistas que viven en ese mundo”, aclara en uno de los momentos del ensayo.
“Cuando leemos una novela oscilamos entre la visión a largo plazo y los momentos fugaces, los pensamientos generales y los hechos concretos, a una velocidad que ningún otro género literario puede ofrecer”.
No se hace necesario afirmar que Pamuk defiende la novela casi como una escuela de vida. Más que exagerada, su posición parece la de un renovado pero siempre clásico gestor del género, que practica, desde luego, y que le ha valido una enorme recompensa: convertirse en Premio Nobel de Literatura.
No parece demasiado extraño que un escritor defienda la literatura, menos la novela. De allí el carácter natural del ensayo, su tono cómplice, sus maneras didácticas.
Experiencias y recuerdos al servicio de un relato que, a veces, hay que advertirlo, hablan más de Pamuk que de literatura, como para reforzar la teoría de los egos ardientes entre la fauna de los literatos.
“La ambigüedad sobre qué partes de la novela están basadas en la experiencia real y qué partes son imaginarias pone al lector y al escritor en una situación similar”, leemos en un fragmento, antecedido por aquella reflexión de Borges sobre Kafka y Max Brod, que fuera el destinatario de un tremendo pedido de Kafka: que a la hora de su muerte él se encargara de incinerar sus manuscritos, todos los que no habían sido publicados en vida.
Borges dice que Kafka delegó en Brod la responsabilidad sabiendo que Brod podría no cumplirlo, y que Brod también podía haberlos quemado para ser fiel a un pedido motivado por la nobleza de la amistad. En ese juego de espejos que se descubren, paso a paso, verso a reverso, también oscila Pamuk.
Este ensayo, especialmente en el Reino Unido, en Londres, y más especialmente por críticos de The Guardian, ha sido tratado como una pieza, si bien no frívola, nada reveladora. Se ha dicho allí que Pamuk aparece como “un Kipling de la globalización, el Forrest Gump del Premio Nobel de Literatura”.
Fuera de estos juicios, Pamuk pasó por Argentina, Chile, Uruguay y Brasil en los últimos días de 2011 para presentar este libro, en el que prácticamente celebra y legitima su condición de premio Nobel.
En síntesis, se trata de una lectura que despliega la sensibilidad de Pamuk, cierta habilidad para transmitir conocimientos, en un tono acaso estimulante y muy apropiado para aquellos surcados por ese síndrome llamado novela.
Es un libro acerca de los procesos de la literatura, más que del producto final. Sus seis ensayos relacionados se ofrecen al modo de una conversación y al mismo tiempo como unas reflexiones amenas y nada aburridas de un maestro de escuela.