Promediaba el desayuno de trabajo, en el Modern de la calle Federico Moreno, la mañana posterior al triunfo Pérez-Ciurca y a escasas horas de la catarata con que Cristina llenó las urnas (también las de Mendoza).
De pronto se congelaron los amagues a las medialunas y al café con leche: le habíamos preguntado a la fórmula "qué tenían pensado hacer para devolverle a Mendoza el liderazgo político regional perdido" (una alusión a lo ganado por San Juan). Pérez y Ciurca se transfiguraron, ofuscados, y la emprendieron contra los vecinos: que San Juan es una petisa de minifalda con buen marketing; que Gioja es un vendedor de humo y que el éxito vecino es incomparable con la historia de Mendoza.
Los periodistas se miraban sorprendidos: para arrancar no era el mejor discurso político de consenso, ni lo que más aconseja la praxis política para quien pretende liderar la reconstrucción económica y política de la provincia.
Unos días después, Paco fue solo a San Juan a explicarle a Gioja "el contexto" de estos exabruptos políticos que atribuyó a Ciurca y le transmitió el "verdadero ánimo de integración regional" con que comenzaba su gobierno. El sanjuanino -astuto y zorro político- sonrió paternal y dijo que "es más fácil construir puentes que derribar paredes".
Cierto es que Pérez rebobinó después, recompuso y hasta convino con Gioja y Beder Herrera -los viñateros y mineros del Gran Cuyo- que vinieran al Barrio Cívico a firmar el acuerdo del mosto. Toda una señal política: de aquellos exabruptos de diciembre a este poroto político, producto de la moderación y de estrategias racionales consensuadas.
El triunvirato reunido en el salón Patricias para "consensuar una política regional" no sólo acordó sobre vino sobrante, uvas "tintoreras", mosto anhelado, aceite de oliva y la agroindustria regional.
Sin trascendidos, hablaron de los odios y amores que cada uno vive en el oeste con la minería (Veladero, Pascua Lama, Famatina, Cristina y los arrumacos públicos con la Barrick, los intendentes pidiendo más recursos que podría aportar la minería, etc.) y la Promoción Industrial. Gioja admitió que las viejas heridas de la promoción, requieren "una respuesta integral y no se puede diseñar sin incluir a Mendoza" (¿qué iba a decir aquí?)
Sin embargo, el encuentro y PP no consiguieron el título principal de los medios ese mediodía. Elena Ríos le ganó la pulseada emotiva al Gobernador y convirtió su actuación -premeditada, creo- en la nota del día, aquí y en todo el país. El logro político de los 3 mandatarios y los acuerdos pasaron a segundo término y la militante anti-minera, presa y victimizada, atesoró el protagonismo que Mendoza pudo haber conseguido si Pérez hubiera controlado su bronca.
PP y las corporaciones. Apenas asumido, PP copió el discurso de Cristina y la emprendió contra el empresariado en general. "Aquí va a gobernar la política y no las corporaciones", dijo días antes de la "sintonía fina" y el ajuste local.
Y lo repitió varias veces, ante una Mendoza poco acostumbrada a estos desbordes: en el pago, la mesa de acuerdos político-empresarios ha sido parte de la historia de los gobiernos, desde el final de Llaver en adelante.
Don Felipe, que venia de intensas confrontaciones sectoriales, concluyó su mandato con una durísima solicitada contra los bodegueros. Bordón-Lafalla -que llegaron con el discurso de la moderación renovadora- apelaron en cambio a un estilo extraño a la prosapia peronista.
Enfatizaron la autonomía provinciana y la "integración de lo público con lo privado", recordando la biblia de la Comunidad Organizada, y hasta encararon privatizaciones y concesiones que hoy sonarían sacrílegas al nuevo relato K (y que repite Pérez). De aquellos trajines vienen Pro Mendoza, el IDR, la nueva política exportadora de los '90, la Coviar (que hasta Cristina cita como ejemplo), la descentralización de las Inspecciones de Cauce, etc.
Pérez despuntó enero cruzándose con viejos compañeros de ruta de la vitivinicultura. No pudo controlar su desborde emotivo cuando algunos de ellos le criticaron el "impuestazo" de Ingresos Brutos y otras delicadezas del ajuste y la "sintonía fina", justo en tiempos en que a la actividad económica le sube el piso del costo y topan contra el techo del rédito.
"Cuando crece el Gasto Corriente y el PBG se estanca", insistieron. Enojado y fiel apóstol de Cristina, les endilgó haber ganado mucho dinero; que el ajuste "del 1% es nada comparado con sus ganancias" y que "la Provincia y la Nación han puesto mucha guita subsidiando la vitivinicultura".
Cuando alguien le sugirió el apuro en recomponer Irrigación (destronados los "azules" de Mazzón y Villalón y sus desaguisados), un empresario cooperativista mencionó algo que devolvió a PP a sus peores iras: "¡Qué ?gobernador del agua' ni ocho cuartos. Aquí el gobernador soy yo y voy a proponer reformas constitucionales en el manejo de Irrigación!".
Dice que no hay control fiscal, que hay cotos de caza con la descentralización en las Inspecciones de Cauce, que falta "control social" y otros menudos.
Por ahí andan sus íntimos recordándole los términos constitucionales de autonomía y autarquía de la Superintendencia, que se ha intentado preservar de los espasmos políticos de los cambios de gobierno.
Quienes proponen reformas constitucionales para actualizar Irrigación no estudian las mismas cosas que irritan a Pérez (él, cuando dice que "ahora manda la política", seguro se refiere al Poder Ejecutivo).
Minería, que quema. Duro fue el encuentro con las cámaras vitivinícolas. Como el que tuvieron en la Legislatura conserveros, madereros, metalúrgicos, imprenteros y otros. Y tensos sus tropezones con Irrigación, sus contradicciones con la estigmatizada minería metalífera.
Tanto que hace unas noches los íntimos del equipo de PP apuraron fuera de la Casa de Gobierno una reunión informal, para "bajar los decibeles y reacomodar las cargas" con las cámaras de la producción. Bajar la confrontación, mejorar la mesa de debate y acuerdos, explican.
PP vuelve de Washington seguro de que ha conseguido posicionamiento político y recursos en el BID y el Banco Mundial. Llamó en plena madrugada a radios y canales de TV, para reordenar su discurso, que había quedado disperso y contradictorio:su relación personal en el nuevo intento de reforma constitucional provincial y las contradicciones de la política minera (¿cuál?).
Meneándose en la "licencia social", fue y volvió de este asunto caliente: porque él firmó el pase del proyecto San Jorge cuando era ministro;después lo negó antes de que cante el gallo en plena campaña electoral;luego, cuando asumió acordó con algunos intendentes abrir el debate minero para conseguir en el futuro más empleo y recursos, sumados a los del petróleo.
Y ahora, ante el nuevo amague de los ambientalistas (como le pasó a Cobos), se retractó desde Washington y dijo que "no está en mi agenda" ese debate (los intendentes, jefes del territorio, quedaron pagando y -como en el tango- lo miran sin comprender).
Algunos funcionarios del primer nivel y varios intendentes sienten que los ímpetus del Paco y sus contramarchas los han dejado offside en varias. Incluso han empezado a celar del "cordón umbilical con los íntimos de la Rosada". Temen que a días de asumir la gobernación, ya se hable de una "operación para promoverlo a la liga nacional".
Muy temprano, claro. Ypeligroso en esta Mendoza que supo pasarle factura a otros gobernadores que, a poco de asumir, ya ambicionaban otros escalones en la escala del poder.
A pesar de que el debate sobre las Malvinas entre la Argentina e Inglaterra no es de fácil solución, la democracia puede encontrar alternativas razonables que, mientras no se resuelva la cuestión de fondo, abran y preparen caminos que no exacerben las pasiones nacionalistas ni las tentaciones xenófobas.
En 1999 Leonardo Favio culminó –con entera libertad artística, pese a que se trató de un encargo político– la más extraordinaria película sobre Perón jamás filmada. Ahora, Adrián Caetano intentó hacer algo parecido con Néstor Kirchner, pero no lo dejaron.