Recomiendan correcciones técnicas para la fruticultura

Un especialista italiano, que recorrió Mendoza, pone énfasis en el control del vigor y en sistemas de conducción que faciliten la mecanización.

sábado, 04 de febrero de 2012
Recomiendan correcciones técnicas para la fruticultura

Stefano Musacchi. En una de las fincas de Luján de Cuyo durante su visita.

El exceso de vigor de las plantas y las dificultades para incorporar tecnología en los cultivos -mecanización de poda y cosecha entre otras- aparecen a priori como cuestiones a corregir en la fruticultura de Mendoza.

Es el diagnóstico del especialista italiano Stefano Musacchi, que estuvo en la provincia durante toda la semana pasada, visitando fincas de Luján de Cuyo, Valle de Uco y el Sur y exponiendo sus conclusiones ante referentes del sector.

Musacchi -investigador del Departamento de Arboricultura de la Universidad de Bologna, donde es catedrático y trabaja en un programa de selección genética- viajó aquí invitado por la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas Frescas (ASPEFF) y la Fundación ProMendoza, “devolviendo” así la visita realizada en 2011 por productores y empacadores mendocinos a la región de Emilia Romagna, para conocer los sistemas productivos italianos.

El investigador, que es especialista en pera, valora las condiciones climáticas -sobre todo de luz- y de suelo de Mendoza que deberían permitir producciones de entre 50 y 70 toneladas por hectáreas como algo normal, y no las 40 que se logran con gran esfuerzo tecnológico.

Excesivo vigor

Aunque pondera la situación de Mendoza por esos “niveles productivos elevados”, el catedrático italiano entiende que hay problemas -que difieren según la zona de cultivo- que limitan el logro de mayor eficiencia en los cultivos, como el excesivo vigor de las plantas en los montes del Valle de Uco o los suelos arenosos y salinos y la escasez de agua en General Alvear.

Sobre el primer punto advierte que “el uso de un sistema de portainjerto muy vigoroso y de desarrollo no homogéneo, como el pie franco, trae aparejado (particularmente en el caso de la pera) el problema de la falta de uniformidad de la producción y la forma como se distribuyen los frutos en la planta”. Señala que “ese desarrollo del follaje determina una distribución heterogénea de la luz, por lo cual en una misma planta hay frutos con desarrollo diferente”.

Así, “los que se desarrollan en el interior del follaje van a ser más pequeños y con grado de madurez diferente al de los frutos que están más expuestos a la luz; y esto también se traduce en problemas de conservación”.

El gran volumen de la planta dificulta asimismo la cosecha que, por otra parte, difícilmente sea mecanizable. “Este, precisamente, es uno de los mayores problemas que he visto aquí, porque la falta de mecanización se traduce en una excesiva manipulación que termina dañando los frutos”. El movimiento del cosechador al bajar de la escalera y el impacto al volcar el contenido de la caja o el morral en el bin, provocan daños en la fruta, que afectan su valor comercial.

Remarca, asimismo, el problema de los costos. “El uso de la escalera -dice- puede ser económico cuando el costo del jornal es bajo, pero ese costo está aumentando el todo el mundo”. Revela que “nosotros, en Italia, no podríamos hacerlo, porque cada jornal cuesta 120 euros”.

En Italia usan un “trencito” cargado con bins, que circula entre hileras. El cosechador toca la fruta una sola vez, cuando la toma la planta para colocarla en el bin. Esta máquina sirve también para la tarea de poda.

Sistemas de conducción

El especialista italiano hace foco, por otra parte, en el número de plantas por hectárea. En Europa se está cultivando en alta densidad; utilizando portainjertos enanizantes, que reducen las dimensiones de las plantas, las que están dispuestas en filares planos. Esto posibilita una exposición homogénea a la luz, lo que a su vez se traducen en la homogeneidad de los frutos; al tiempo que favorece la mecanización de labores como poda, pulverizaciones y recolección.

Con el sistema de palmeta ponen 1.100 plantas/ha; con fusetto, 3.000 a 40.00; y con otros más intensivos, con separación de 30 cm. entre plantas, pueden llegar a entre 10.000  y 12.000 plantas/ha. Reconoce, no obstante, que todos estos sistemas intensivos requieren técnicas de manejo relativamente sofisticadas.

Musacchi sostiene que, modificar el sistema existente en Mendoza demandaría inversiones importantes, sobre todo si hubiera que empezar “desde cero” con montes implantados, y que habría que ver caso por caso. Pero cree que, sobre el esquema existente, se pueden aplicar algunos criterios de manejo correctivos (sobre todo del problema del excesivo vigor) como podas de verano; poda de raíces y cortes en los troncos.

Destaca por otra parte las ventajas de utilizar reguladores de crecimiento, un sistema de riego localizado. “En Mendoza -apunta- se derrocha agua; se lava el suelo y esto puede atraer problemas de salinidad”.

Recomienda hacer un mapa para zonificar el territorio según sus características y determinar qué conviene cultivar en cada zona.

Nuevas variedades

Esto de “qué cultivar” es todo un tema. Al abordar la cuestión varietal, el investigador extranjero revela que “se cultivan muy pocas variedades en el mundo; que en cada uno de los países productores prevalece el cultivo de una o dos. En todos los casos, son variedades viejas, que tienen alrededor de 150 años”, sostuvo Musacchi.

La variedades reconocidas, que obtuvieron licencia para su cultivo, en los últimos 27 años, suman 366, pero “seguimos cultivando no más de 8” en todo el mundo. Mendoza (y Argentina) no es la excepción. Prevalecen aquí la William’s y la Packham’s, que suman el 69% de la producción nacional. Sólo Sudáfrica tiene una producción más diversificada.

El problema que se plantea  es cómo proponer estas nuevas variedades al mercado, porque admite que en todo el mundo existe el problema del desconocimiento de la fruta por parte del consumidor. Opina que las nuevas variedades cultivadas deberían ser objeto de una campaña de promoción, algo que “no van a hacer las grandes cadenas de distribución, que sólo priorizan el precio (bajo) de la fruta”.

Musacchi considera que el sistema de clubes (de una determinada variedad) podría ser una alternativa, al menos para defender el precio del producto, si se tiene en cuenta que el sistema de las variedades club se basa en el criterio de regular el volumen de producción. Por supuesto, pueden ser cultivadas por aquellos productores que paguen el royaltie correspondiente a los obtentores.

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