Microrrelatos de Susana Arenas

La autora mendocina juega a la máxima síntesis en esta colección de textos. Personajes, situaciones y estados emocionales son materia y tema de estas líneas, algunas de las cuales han visto su edición en la revista “Serendipia” o han sido premiadas en el I Concurso Provincial de Microrrelatos “Seré Breve”.

sábado, 04 de febrero de 2012
Microrrelatos de Susana Arenas
Notas relacionadas

Guerrero

Había combatido toda la noche.
Su cabeza herida era un mapa de cicatrices, al igual que su cuerpo.
Tenía hambre, sed, cansancio…
Sigilosamente se deslizó por una ventana amparado en la oscuridad.
Buscó comida.
Se encendió una luz.
Una mujer lo acarició.
Él maulló.

El magoo

Black miraba su galera, pasaba sus dedos gruesos por los suaves bordes.
En un segundo se encontró adentro de ella, quiso saltar fuera, no pudo.   
Un hombre de traje, guantes y galera blanca lo observaba dominándolo.
Sonrió y dos incisivos enormes se asomaron.

Naufragio

Era el mar, tal vez.
Se sentía flotar. Recordaba. Había sido feliz, apenas sabía eso.
Explosiones, fuego, calor, sofocación, silencio…
Flotaba.
Un impulso inexplicable lo sacudió.
Oyó un grito. Vio luz.
Olvidó. Sintió voces.
Luchó por sobrevivir.
Ahora lloraba en los brazos de la recién parida.

El derrumbe

Un hombre vagaba por el camino entre peñascos ruinosos y cornisas lacerantes. Lloraba, gritaba, tomaba su cabeza entre las manos.
Tras él aún retumbaba la montaña cerrando su boca, violada, mancillada.
El hombre miró el agua derramada. No supo agradecer, sólo pensó en sus compañeros.
El grupo de mineros velaba en silencio a la única víctima.

Lancelot

El caballero se presentó ante la dama. Ella no estaba a su alcance. No le importó. La obnubiló con su dulzura, con sus besos, con su locura. Ella se enamoró.
Él se marchó sin despedida. Sin razones, sin forma, volvió al reino de la nada. Silencios.
Ella se quedó con la sensación de sus caricias, el sabor de sus besos. La sombra del caballero dibujó la tristeza, la dama entendió su locura y la llamó frustración. Él, en el imperio de su propio vacío, desapareció. 

Entropía Universal I

La nave perdida deambulaba por las galaxias. Un vórtice en el tiempo le había jugado una trampa mortal.
Sus tripulantes silenciosos, resignados y expectantes veían cómo se apagaba el Universo.

Entropía Universal II

El Universo se evaporaba al morir sus estrellas una a una.
La oscuridad ganaba los espacios. Frío glacial en todo lo que antes brillaba.
La energía residual, emergente de tantas enanas blancas preparaba su vorágine creadora en plena conciencia de que el caos era irreversible.
El principio y el fin ya eran uno solo.

Banshee

La contienda fue extremadamente feroz y cruel. Los cuerpos inertes yacían en el campo.
Una mujer vagaba por allí. El viento helado del atardecer despojó de su negra capucha a la vagabunda, dejando al descubierto su rostro, bellísimo, pero sin vida, sin expresión.
Tomó una vara del suelo enrojecido, crepuscular y comenzó a tocar a cada uno de los cadáveres con ella.  Luego partió.
La seguía un ejército de sombras.

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