Decime, sexy nena, hasta dónde vas a llegar

Nicolás está desesperado porque la chica de la facultad es ‘toda histeria’: él pide, exige, una respuesta final en el relato breve “Decime, sexy nena, hasta dónde vas a llegar”. Pero Daniel Potaschner también juega, aquí, a musicalizar las ‘aventuras’ de un inquilino en tono de blues.

sábado, 04 de febrero de 2012

Me gustaría saber cuánto te gusto, sexy cosa. No sé si vos lo notás, pero yo estoy que me derrito cada vez que te veo, entonces, sexy sexy, quisiera saber, si no te causa mucha molestia, cuánto te gusto.

Poneme un número, un muy bien logrado, un excelente felicitado. Poneme algo pero poneme. Quiero saber, sexy nena, la nena sexual. Quiero saber cuánto te gusto y cuáles son las imaginerías que tenés acerca mío.

¿Estuviste pensando en mí antes de dormir, vos, mi nena? ¿Te pasa seguido? ¿Pensás en mí mientras hacés la sexy comida? ¿Mientras te mirás al espejo? ¿Mientras hurgás con un dedo por tu cuerpo? ¿Eh?

Dale, nena, contame, decime, confirmame algo de todo lo que sospecho. Confirmame que algo pasa porque te vi hace dos días cuando coqueteabas conmigo mostrando esa parte del elástico de tu sexy bombacha. Te vi con el pantalón de cintura bien baja, diciendo todo sin poner ni una sexual palabra. Te vi, baby dolly, nena muñeca, mirándome a los ojos y no me digas que no. No me digas que no sexualizaste ninguna idea en tu cabecita sexy.

Entonces, sexy princesa, confirmame algo. Y te lo digo bien, te lo digo tranquilo, confirmámelo porque si no voy a ponerte en situación, en ESA situación y no sé si te va a gustar. De verdad te lo digo. No es una tonta amenaza, sexy princesa. Pichona sexual. Poneme nota porque si no voy a preguntarte qué harías si se mete en tu habitación un grupo comando de asesinos ninjas, dotados con las más terribles armas, y te amenazan a vos y a toda tu familia. Qué harías si estos tipos agarran a tu hermana menor y le apuntan con un arma en la cabeza y te dicen en un castellano entreverado: “Decime cuánto te gusta Nicolás o mato a tu hermana”. O peor:

asesinos de la mafia judía que agarran a toda tu familia y primero le cortan un dedo a tu mamá y después gritan: “Nena, sexy nena: Decinos cuánto te gusta Nicolás y qué cosas le harías o le cortamos la mano a tu vieja”.

¿Me entendés, niñita sexual? Quiero saber qué pretendés de mí. Qué andás necesitando, porque a veces me suena el teléfono y es tu voz, a veces me suena y es tu letra y a mí se me para el bobo, el sexy cuore y no sé cómo reaccionar en esos casos. Por eso te pregunto qué querés de mí.

No te estoy obligando a nada, sólo a que me digas cuánto te gusto y hasta dónde vas a llegar, si querés dame un porcentaje, un gráfico de barras, o uno de torta. O una torta. O si no dame una cifra con un solo decimal. O con dos pero que no se valgan los sexuales periódicos. O una estimación, una sexy estimación, princesa. Sacá la raíz cuadrada de tu sexual deseo y multiplicala por mis ganas. Decime cuánto te gusto y a dónde estás dispuesta a llegar, porque sino, baby, nena nena, me voy a ver obligado a la situación y la cosa se va a poner amarga.

Imaginate, sexy nena, que llegás a tu casa, muerta de un día de facu, porque vos sos de las que van a la sexy facu y no a la facultad ni a la casa de altos estudios, y notás que en tu cama hay un bulto, un bulto que si bien no se entiende claramente, connota sexualidad ¿si? Y con un poco de miedo corrés las mantas y te das cuenta de que se trata de mí, de mi sexy yo. Nicolás sexual Ramos, en tu cama, en LA cama, la sexy cama paradigmática, la cama en la que deseo entrar... ¿qué hacés, nena? ¿Qué hacés entonces, bebita juguetona?

Y te lo pregunto, te lo pregunto bien, tal vez pienses que te insisto un poco con esta redundancia, tal vez me repito porque estoy nervioso, pero el caso es qué vas a hacer vos en ese momento, porque yo, ahora mismo, estoy trepando la pared, nos vamos a ver en un rato tal vez, y quisiera saber, más o menos, qué vas a hacer en ese momento, qué va a pasar en nuestro encuentro, sexy cosa, nena dulce, sexual princesa.

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