La realidad nos muestra el futuro

El autor asegura que Mendoza “no tiene un plan” sobre los sectores económicos a los que apostará para seguir creciendo. La creación de trabajo se presenta como el principal desafío en vistas al desarrollo provincial.

Edición Impresa: viernes, 03 de febrero de 2012

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Los últimos días han comenzado a mostrar a Mendoza con las facetas propias de una sociedad que ha elegido el camino de la mediocridad disfrazada de modernismo.

Cuando había ciertos atisbos de reiniciar el debate por el tema minero, bastaron unas declaraciones de unos ambientalistas diciendo que el debate se había terminado y una mujer que insultó al gobernador, para que el mismísimo “Paco” Pérez obedeciera las órdenes de los ambientalistas, nuevamente, y clausurara el debate que ni siquiera se había abierto.
A partir de ahora, todo aquél que quiera hablar o debatir sobre minería, será objeto de escraches, denostaciones, insultos y agravios de toda naturaleza.

Todo esto nos muestra una pintura lamentable. Un gobernador que no se juega ni siquiera para sostener un debate, está en Estados Unidos con un montón de proyectos para pedir plata que no se sabe a qué planes están referidos. Además, demostrando que ni siquiera sus equipos lo están asistiendo debidamente.

Por ejemplo: pedir financiamiento para construir una cámara frigorífica para exportar fruta vía aérea es no conocer la estructura productiva local. Es que la actividad frutícola, la que mueve grandes volúmenes, se concentra en variedades que se cosechan después del 15 de enero. A partir de esa fecha, los precios bajan en todo el mundo y los fletes aéreos no son soportables por ninguna producción. Para muestra basta un botón.

Pero la falta de ideas serias no sólo es imputable al gobernador. También se aprecia en la “dirigencia social”, un modelo surgido de facto a través de la organización de escraches, cortes de calles o de rutas. De la misma manera que los “Indignados” europeos o los que se movilizaron en África, quieren cambiar pero no saben por qué.

Los que se han opuesto a la minería tenían ese solo objeto pero no han tirado ninguna idea acerca de qué actividad económica debería desarrollarse para salir del pozo en que se está metiendo Mendoza cada vez más aceleradamente.

Estos mismos grupos creen que el Estado debe hacerse cargo, pero los mismos se oponen a pagar más impuestos y, de alguna manera, se están arrogando una representación que nadie les dio. Sólo la pasividad mediocre de los legisladores, que sí pueden acreditar una forma legal de representación, permite a estos grupos seguir adelante con el financiamiento de algunos empresarios que no quieren ser molestados. ¿Acaso es la minería la única industria contaminante en Mendoza?

La provincia ha tenido un desarrollo tradicional en la agroindustria. Sólo la vitivinicultura ha conseguido alcanzar un desarrollo importante pero, a medida que crece y se tecnifica, menos mano de obra ocupa.

Incluso, para la cosecha, ya se usan cada vez más máquinas porque no se consiguen cosechadores porque no quieren perder planes sociales. El sector frutícola es un sector en fuga. Cada vez más hay plantaciones abandonadas o cambiadas por falta de rentabilidad, mientras los industriales deben lidiar con competencias externas con subsidios, un tipo de cambio atrasado y, ahora, aumentos de tarifas y de impuestos locales.

El sector del turismo, que tuvo su auge en momentos de devaluación, hoy pasa por un problema serio. El tipo de cambio no es atractivo para los extranjeros y el turismo nacional comenzará  a percibir la pérdida de poder adquisitivo.

En este caso, Mendoza es una de las plazas más caras del país y eso nos hace perder competitividad. A tal punto llega el problema que ya corre un serio rumor acerca del retiro de la plaza de una importante cadena hotelera internacional una vez terminada la Vendimia.

Voy a seguir insistiendo con un concepto. Mendoza no tiene un plan; el gobernador no tiene un plan; la dirigencia, en general no tiene planes, y hasta los conceptos se deforman.
La sustentabilidad no es sólo atribuible al ambiente sino que es un concepto más amplio, que también implica el trabajo digno y la inclusión social.

Cuando se hable de sustentabilidad debe pensarse que la primera especie que hay que cuidar es el ser humano, el que si no tiene trabajo, si no tiene buena educación ni buena salud, no sólo no es sustentable sino que no es libre.

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