Sábado 26 de mayo de 2012 | 20:26 hs
Cinco teatristas locales que se acercaron desde distintos ángulos a la obra de Gené lo recuerdan con admiración.
miércoles, 01 de febrero de 2012
Marcela Montero. “Desde hace diez años yo estructuro la cátedra de Actuación III (en la carrera de Licenciatura de Arte Dramático de la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo) basándome en “Escrito en el escenario: pensar el teatro”, su libro. Una vez le escribí contándole de esto y él me respondió con humildad y agradecimiento. ‘Gracias por citarme’, me dijo. Gené pudo plasmar en su obra su solidez y lucidez intelectual y su pasión, y el resultado fue una mezcla exquisita. Fue un hombre de teatro, un militante más allá de cualquier partido político, un hacedor incansable a nivel nacional y latinoamericano. Y era súper activo: nunca dejó de dar clases ni de dirigir”.
Fernando Mancuso. “Gené dejó un gran espacio vacío, debido a la complexión de su figura: fue actor, director, dramaturgo, maestro; uno de los hombres de teatro más completos de la Argentina. En su obra le dio valor a la poesía, pero nunca dejó de hablar de la realidad; “Memorial del cordero asesinado”, por ejemplo, habla de los actores y de los poetas. Fue un hombre fiel a sus principios y tuvo consecuencia ideológica aún durante el exilio. Gené se vinculó con la mayoría de los teatristas latinoamericanos, entre ellos Osvaldo Dragún y Augusto Boal -todos cercanos a él ideológicamente-. En paralelo construyó con Verónica Oddó, su esposa (coreógrafa y actriz), un vínculo afectivo y profesional con amplio desarrollo en el teatro latino. Ese perfil de creador es una pérdida significativa y difícil de reemplazar”.
Víctor Arrojo. “Admiramos su producción dramática y sus reflexiones teóricas sobre el sentido del teatro y la actuación. Fue un referente de los ’80. Su obra “Ulf” es uno de los grandes textos del teatro nacional, por su envergadura poética y conceptual: el entramado cruza el circo criollo y los desaparecidos. Dirigió el Celcit y su Instituto de Estudios Teatrales para América Latina. Ésta fue una de las primeras expresiones democráticas de la información, ya que las becas se abrieron para los teatristas del interior, cosa que no era común por entonces. Gené nos dejó su coherencia, continuidad y perseverancia”.
Sandra Viggiani. “Aunque no estudiamos con él, Gené fue uno de nuestros grandes maestros en los ’80. Nos irradió su ética profesional y se transformó en un modelo a seguir. Tuve la suerte de verlo actuar en “Todo verde y el árbol lila”, en 2008, en una salita del Teatro Cervantes. Sobre el escenario era todo él. En “Ulf” (dirigida aquí por Luis Sampedro y con la que Arrojo y Viggiani viajaron al Festival de Teatro de La Habana en 1995), recorre la historia argentina a través de dos personajes entrañables: Jacinto y la Paloma, dos actores de circo que han sido desalojados de su casa. Ése fue uno de los personajes más intensos de mi carrera”.
Ernesto Suárez. “Tuve la suerte de conocer a Gené en Bogotá, Colombia, en un encuentro de teatro. Por entonces él estaba exiliado en Venezuela y yo, en Ecuador. Era un tipo preparado y estudiado, un bicho de teatro. Cuando volví del exilio, en el ’84, Cristóbal Arnold estaba montando “El herrero y el diablo”, en el Pulgarcito. Tiempo después, yo dirigí una versión de esa obra. Símbolo de una época, Gené fue un referente del teatro independiente, hacedor de grupos -un concepto poco común en esta época- y de propuestas colectivas. También, embajador de lujo del teatro argentino”.