El pesebre original, sin buey ni burro

En el libro “La infancia de Jesús”, Joseph Ratzinger analiza el nacimiento desde una lectura más profunda. Dice también que los Reyes Magos serían de Sevilla y que representan a los pueblos de la Tierra. El ejemplar estaría en nuestra provincia el martes.

Edición Impresa: sábado, 08 de diciembre de 2012
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El pesebre original, sin buey ni burro

Unas 4 mil personas presenciaron anoche el pesebre viviente organizado en la gruta de la Virgen de Lourdes, Agrelo.(Diego Parés / Los Andes)

Zulema Usach - zusach@losandes.com.ar

A fines del mes pasado, el Papa Benedicto XVI publicó el tercero de sus libros referidos a la vida del hombre que, de acuerdo a la fe cristiana, vino al mundo para salvar a la humanidad.

En el primero de sus escritos, el Pontífice profundiza en la vida pública de Jesús mientras que en el segundo desarrolla los pasajes de su pasión, muerte y resurrección. Hasta allí, ningún cuestionamiento se había dado a conocer.
 
Sin embargo, fue esta última obra, denominada “La infancia de Jesús”, la que generó polémica en el mundo y hasta se llegó a interpretar que Joseph Ratzinger “había prohibido la Navidad”.

La desmentida por parte del Vaticano no tardó en llegar, aunque los comentarios que hasta tildan su análisis de “aguafiestas” continúan apareciendo en las redes sociales. En concreto, ocurrió que el teólogo (basándose en los evangelios del Nuevo Testamento y también en profecías documentadas en el Antiguo Testamento) desarrolló la escena del nacimiento de Jesús aclarando que en realidad el buey y el asno no estuvieron literalmente en ese instante, ya que los textos bíblicos sólo indican que el niño fue recostado en un pesebre.

De acuerdo a Ratzinger, esas figuras son más bien íconos de los cuales se valieron los hombres que escribieron la Biblia para dar cuenta de una simbología más profunda e integral ligada a la presencia del hijo de Dios en la Tierra. Incluso, en el libro de 137 páginas se explica que María pudo haber tenido a su niño en una cueva.

Pero eso no fue todo. De acuerdo al libro de Ratzinger (que ya lidera las ventas en España, Italia y Portugal), Melchor, Gaspar y Baltasar no llegaron desde el extremo Oriente con sus ofrendas para el niño. El origen de estos magos sería entonces de Tartessos, una zona que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla.

Así, el Papa hace una revisión de los textos bíblicos y habla de cómo la Iglesia Católica primigenia se basó en distintos escritos para escenificar el nacimiento ocurrido hace más de dos milenios en Belén. Con esta nueva lectura, los sabios (ilustrados en los Reyes Magos) por ejemplo, representan a los pueblos de la Tierra que reconocen al Salvador.

Más allá de estas diferencias de “forma”, de acuerdo a distintas tradiciones y a los evangelios de San Lucas y San Mateo -en los que se basó el máximo representante de la Iglesia Católica- los hechos en los que se funda la fe cristiana se conservan en el libro.
 
El lugar es el mismo (Belén) y los hechos trascendentales también: un bebé, que perseguido desde su concepción, nace de una joven madre virgen  ungida por el Espíritu Santo para salvar a la humanidad.

Así, el Papa en este caso habla más como teólogo e investigador de los textos sagrados, poniendo el acento en la humildad y los ejemplos de grandeza espiritual que Jesús vino a impartir a la Tierra desde su propio nacimiento. Por eso, la interpretación de la Navidad implica para los cristianos un análisis que va más allá de la simbología que se sintetiza en el pesebre.

Hoy, cuando las familias mendocinas se reunirán para adornar el pino y ubicarán una a una las imágenes del niño Jesús, María y José junto a los Reyes Magos y los animales del establo (que fueron agregados por San Francisco de Asís), desde el Iglesia local aseguran que esta tradición no tiene por qué ser modificada.

“El armado del pesebre es un acto sencillo de representación del entero mensaje bíblico, por eso -como el mismo Papa lo afirma- no se puede hacer sin incluir al buey, al asno, a los reyes, y demás personajes”, asegura Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza y recomienda que al armarlo, los creyentes piensen que están formando parte del Evangelio de Cristo. “Armar el pesebre tiene que ser una fiesta”, dice.

Desde su análisis, la intención de Ratzinger no ha sido polemizar con la práctica tradicional del pesebre. Todo lo contrario -dice Buenanueva-, lo que ha querido mostrar el Pontífice es cómo la Iglesia ha leído estos relatos a la luz de la misma tradición bíblica.

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