Un ex sacerdote sale a denunciar que la Iglesia fue “cómplice” de la última dictadura

El ex sacerdote y actual diputado l kirchnerista Délfor Brizuela hizo esta fuerte acusación al prestar testimonio en el juicio por el secuestro y asesinato de los curas de Chamical, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville.

viernes, 02 de noviembre de 2012
Un ex sacerdote sale a denunciar que la Iglesia fue “cómplice” de la última dictadura

Délfor Brizuela

 El ex sacerdote y actual diputado provincial kirchnerista Délfor Brizuela denunció que la jerarquía de la Iglesia Católica "fue cómplice" de la última dictadura en nuestro país, al prestar testimonio en el juicio por el secuestro y asesinato de los curas de Chamical, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. En el testimonio que prestó ayer ante el Tribunal Oral Federal de La Rioja, Brizuela aseguró que los ex cardenales Juan Carlos Ramburu y Raúl Primatesta "fueron cómplices de la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983".

Los tres imputados en el juicio son el ex general Luciano Benjamín Menéndez, quien sigue las audiencias desde el penal de Ezeiza por videoconferencia; el ex vicecomodoro Luis Fernando Estrella y el ex comisario riojano Domingo Benito Vera.

"Primatesta junto con Aramburu fueron cómplices de la última dictadura militar en nuestro país, pero lo de Primatesta fue un silencio cómplice, más cómplice que silencio; pero también tuvo su lado bueno porque ayudó a varios sacerdotes que eran perseguidos por los militares", reiteró.

Al respecto, agregó que "el caso de los monseñores Adolfo Tortolo y Victorio Bon Amin fue peor porque directamente entregaban gente a los militares que estaban a cargo de gobernar el país". "En esa época las persecuciones a los sacerdotes, especialmente a los de la pastoral de Enrique Angelelli, eran permanentes", rememoró Brizuela quien fue párroco de Chamical desde 2002 y seguidor de la pastoral de monseñor Enrique Angelelli, hasta mediados de la década pasada cuando abandonó los hábitos para casarse.

Recordó también que "el mensaje del obispo Angelelli era un mensaje de liberación y junto a los sacerdotes Longueville y Murias, eran considerados como enemigos del régimen, peligrosos, enemigos del ser nacional, una conceptualización que se hacía en esos tiempos y además les decían los apatriados".

En su testimonio aseguró además que "la policía de La Rioja y las demás fuerzas estaban adoctrinadas y subordinadas" al gobierno central "y todo lo que oliera a raro, a compromiso, como por ejemplo el himno de la Virgen María, lo consideraban como texto peligroso y prohibían pasarlo".

En ese contexto, "era muy difícil que una persona que no pensara como el régimen ocupe lugar alto en las fuerzas y lo hacía por sobrevivencia, por temor o convicción".

Brizuela relató que en Chamical, distante 150 kilómetros de la capital hacia el sureste, "era vox pópuli vincular las muertes a los jerarcas de la Base Aérea local y a veces había cargadas que indicaban que Vera podía tener alguna responsabilidad".

"También era vox populi en el pueblo que Carlos y Gabriel fueron torturados en la base (militar) y se les fue la mano", afirmó, para luego indicar que "los capellanes de la base eran personas preparadas con una estructura fascista y justificaban la represión".

Denunció que en la sociedad civil hubo cómplices de esos capellanes que proporcionaba información sobre personas al gobierno militar, entre quienes mencionó al ex funcionario menemista e ex intendente de la ciudad de Córdoba Germán Kammerath.

En la audiencia de la víspera también declaró el comisario Héctor Fernández, quien reconoció haber escuchado del ex jefe de la policía provincial Félix Portugal que el acusado Vera "habría matado a los curas".
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