El equipo que jugó el campeonato de 1960. (Fotos: Gentileza Jorge Barrionuevo y Luis Arias )
lunes, 30 de enero de 2012
A comienzos del siglo pasado, cuando las vías férreas comenzaban a unir los rincones más alejados del país, un grupo de obreros del entonces Ferrocarril del Estado Buenos Aires al Pacífico -BAP -que trabajaban en la instalación de los rieles y que se reunían semanalmente para jugar a la pelota, decidieron constituir un equipo de fútbol al que denominaron Tracción y Talleres en homenaje a la sección y al lugar donde desarrollaban sus tareas.
Así nació el 31 de enero de 1912 el club que, al fusionarse en 1918 con Juventud Unida, pasó a llamarse Pacific Club Athletic Palmira que después de años de pasión, gloria y esfuerzo celebra su centenario.
Es después de Gimnasia y Esgrima, fundado en 1908, la segunda entidad más antigua del fútbol local. Apenas un año mayor que Independiente Rivadavia que en 2013 celebrará sus 100 años.
El título de campeón del torneo oficial de 1930, quebrando una larga hegemonía de Azules y Blanquinegros que desde 1922 se habían repartido todos los campeonatos, y su recordada participación en la primera edición de la Copa Argentina que se jugó en 1969 y en la que eliminó a Independiente de Avellaneda, son los hitos futbolísticos más importantes en la larga trayectoria de la popular institución del Este, que figura como club fundador de la Liga Mendocina de Fútbol en la década del 20.
El Club Atlético Palmira nació y creció en terrenos cedidos por aquella empresa ferroviaria y en la que sólo crecía la jarilla, un arbusto autóctono de esa región rodeada de montes agrestes y de características muy áridas y secas. Así nació el mote de los Jarilleros que, con el paso del tiempo, se hizo famoso y que con legítimo orgullo lo ha acompañado desde siempre en el fútbol local.
Lejana época en la que también adoptó los tradicionales tonos negro y amarillo de su camiseta que eran los colores de las barreras del ferrocarril y de las banderas que prevenían el peligro cuando se reparaban las vías del tren, por lo que también resultó conocido como los Aurinegros, además de la Bomba en los años de Raúl Moral como entrenador y de la Escobita (compartido con Gutiérrez Sport Club) en otros períodos.
En tanto, el nombre de Palmira provenía de una mujer así llamada que hacia 1885 era la encargada de una posta que atendía a los viajeros que cumplían a caballo el trayecto entre Mendoza y Buenos Aires cuando la zona era un caserío antes de convertirse en un importante centro ferroviario del país.
Campeón del ‘30
Antonio “Tapita” Spano, conocedor como nadie de esa rica historia de 100 años, que llegó a ocupar el cargo de presidente en su querido Palmira, además de que también fue jugador y entrenador, se quiebra hasta las lágrimas cada vez que recuerda aquella inolvidable vuelta olímpica del 30: “¡Qué campeonato! ¡Se lo ganamos a la Lepra por un punto! Había cumplido 10 años y mi tío Andrés me llevaba de la mano a la vieja cancha. En la penúltima fecha le ganamos a Gimnasia y Esgrima de visitantes 3 a 2 en el parque y como viajaron tantos hinchas en tren, esa tarde las autoridades del ferrocarril tuvieron que agregar varios vagones".
"Por la noche la gente festejó con guitarreadas hasta la madrugada en la plaza del pueblo con vino y empanadas. Me acuerdo que en la casona del “Cotudo” Castro, una de las grandes estrellas de aquel equipo, se improvisó un fogón que resultó animado por las violas de Hilario Cuadros y de su gran amigo Canciani que entonces integraban el famoso conjunto Los Trovadores de Cuyo y que llegaron de Rodeo de la Cruz a compartir los festejos”.
Se recuerda que el campeón del 30 formaba normalmente con Labrador; Rojas y Torres; Rozas, Barrionuevo y Arrieta; Cruz, Videla, José Castro, Domínguez y Ramón Vila. Ganó 8 partidos, empató 5 y perdió 3, con 33 goles a favor y 22 en contra.
Palmira había ganado con anterioridad la Copa Competencia en 1923 al derrotar al Lobo del parque 1 a 0 pero no se trataba de un certamen oficial. Más recientemente obtendría el Apertura 2001 y el Clausura 2003 pero no los títulos anuales de esos años de la Liga Mendocina.
Además del centrodelantero Castro otras figuras legendarias de los comienzos fueron: el Ñato Francisco Hernández y el Gato Luis García según evoca con nostalgia el masajista Javier Pocho Aciar, que nació y vivió en Palmira hasta los 15 años.
El gran ídolo
Hijo del canchero del club, Miguel Epifanio Ortega se convirtió seguramente en el jugador más querido, en el ídolo más grande del club en sus 100 años de vida. El Pollo, como se lo conocía en el seno familiar, el menor de siete hermanos, corría descalzo cuando su padre ponía a punto la cancha para cada partido.
Además de hincha desde la misma infancia, después fue mascota, alcanza pelotas, futbolista y capitán. Referente con su zurda de oro, sus goles de tiro libre, su técnica y habilidad en las décadas del 60 y del 70, época de otras eternas glorias que nunca se olvidan como Ripamonti, Rubens, Camargo, Montero, Muñoz, Toledo, Fuentes, el Flaco Zuvialde, el Loro Allende, el Ruso Dubrowszczyck, el Rulo Rivas, Giménez, el León Estrada, Ormo, Aldo González, Nores, Bricco, el Negro Roldán, Báez, Alejandro Vázquez, Avellaneda, Ravelli, Morgavi, Loyola, Oscar Cenci, Escalante, González Hermoso, el Reca Traverso, Bartolucci, Alcaraz, Quiroga, Maulén, Sergio Abel Vázquez, Calderón, Cardozo y tantos otros que esos años honraron la casaca Aurinegra.
Cuenta Orteguita mientras comparte un café en una confitería céntrica con el periodista de Más Deportes: “Mi papá cortaba el pasto, remarcaba las líneas de cal, cosía las redes cuando se rompían y limpiaba los camarines que eran dos vagones de un tren que se encontraba fuera de recorrido. La utilería era mi casa y me metía descalzo a la cancha para jugar a la pelota. Los chicos me habían puesto Pollo porque era algo pequeño y rellenito, aunque luego adelgacé y me estiré un poquito".
"Fui mascota, alcanza pelotas y jugué en las inferiores hasta que un día cumplí el sueño de debutar en la primera. Tenía 14 años allá por 1960 cuando vi jugar en Palmira a Carlos Cecconato, aquel formidable delantero de Independiente de Avellaneda y de la Selección argentina. La gente venía en bicicleta y en camiones al estadio y se colgaba del alambrado. Mi papá me contaba que no se podía creer que un jugador de semejante calidad hubiera llegado a la institución”.
“Todavía me acuerdo de memoria la formación de Palmira aquella tarde: Lospenatto en el arco; Iglesias y Leone como zagueros; Quiroga, Camilo Pérez y Ravelli en el mediocampo y Tissera, Cecconato, Berazza, Nery Soto y el Nene González Hermoso en la línea de cinco delanteros. De esos tiempos recuerdo además a Aguilera, Bartolucci, Hugo Pastoriza, Maulén, Laciar, Ríos, Hernández, Luna, Ovejero y Orlando Cipolla".
Copa Argentina
Jorge Julio, el llamado “Técnico de las cuatro décadas”, el entrenador más ganador en la historia del fútbol mendocino, formado en su ciudad natal Junín de Buenos Aires en la escuela de Osvaldo Zubeldía, en su primera experiencia a nivel local, fue el padre espiritual de aquel equipo de Atlético Palmira que, a fines de los 60 y comienzos de los 70, causó sensación en la Copa Argentina y en los torneos de Los Cuatro que se jugaban para clasificar el representativo mendocino al Nacional.
El popular y exitoso Turco siempre evoca que fueron tiempos difíciles: “Al principio con los muchachos que habían llegado de afuera -Zuvialde, Allende y Traverso- no teníamos ni para comer. Poníamos los fideos en la olla, le echábamos un pedazo de carne, revolvíamos y comíamos lo que podíamos. Así se hizo un equipo de hombres que tantas satisfacciones dio a la gente y que jugaba muy bien al fútbol".
"Después de los Rojos tuvimos que enfrentar al Lanús de Ramón Cabrero y de los “Albañiles” Silva y Acosta que nos eliminó por penales (2-1, 1-2 y 3-4). Para Palmira tengo un agradecimiento eterno porque me abrió las puertas del fútbol mendocino cuando era un desconocido”.