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Libro redondo

El escritor Ariel Magnus rescata a un académico fan de Los Redondos que intenta descifrar las letras del Indio Solari.

Libro redondo
Ariel Magnus hace una parodia de la afición por explicarlo todo.

domingo, 29 de enero de 2012

Cristóbal Colón bien puede ser considerado el primer ricotero de la historia, porque fue él quien descubrió que el mundo es redondo. La anterior es una de las numerosas hipótesis que se desprenden de un ensayo delirante sobre las letras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un texto escrito por el filólogo cordobés Atila Schwarzman y posteriormente intervenido y comentado por otros académicos igual de chiflados y ficticios que él, todos rescatados por el escritor Ariel Magnus en “La cuadratura de la redondez” (Interzona).

Magnus decide trabajar con un género que podríamos denominar como ensayo ficticio o ficción ensayística, en el que replica guiños y tics propios del lenguaje académico (su jerga, su forma de enunciación y de aplicar las citas y las aclaraciones) con una prosa que refleja el humor y cierta alucinación controlada. La cuadratura de la redondez entrega así una mezcla entre los análisis de los fenómenos de la cultura popular y la parodia.

Quiso el destino que pocas semanas después de que el libro de Magnus saliera al mercado, el Indio Solari emitiera un comunicado apuntado a sus “colegas quejosos”, en el que establece algunas apreciaciones acerca de sus propias letras. Antes de desglosar sus argumentos, Solari utiliza una frase del dramaturgo Bertolt Brecht a la manera de epígrafe: “Quien quiere ver sólo lo que puede entender, no tendría que ir al teatro, tendría que ir al baño.”

–La primera pregunta es obligada: ¿Leíste ese comunicado? ¿Qué te sugirió?

–Lo leí, sí. Lo primero que me sugirió fueron interpretaciones aberrantes. Pensé por ejemplo que en el baño de Brecht hay grifos, y que por lo tanto eso es lo que ve quien va al baño, pero grifos mitológicos, ¿no?, y de ahí su ruta hasta los seres más maravillosos. También pensé que cuando el Indio habla de poesía, en realidad habla de Poe & Cía, o sea del relato policial. Y así. Se ve que los meses que me pasé con Schwarzman me dejaron medio mal.

–“La cuadratura de la redondez” parece una respuesta a esos analistas obsesivos de la obra de un artista. ¿La intención fue por ese lado?

–En efecto. Es una sátira sobre la interpretación académica. Trato de repasar en ella todos los vicios de los interpretadores profesionales, de lo que aún está por estudiarse si cuentan con alguna virtud. Por eso traté de que se vieran representadas todas las corrientes que conozco de la teoría literaria. A la vez, el libro funciona paradójicamente como un homenaje a la interpretación, pero a la libre, la imaginativa, que se acerca más a la inspiración que a otra cosa. De la poesía no deben surgir estudios, sino más poesía, vendría a ser la moraleja.

–Hay quienes piensan que Solari es un poeta singular y quienes aseguran que sus letras son inentendibles. ¿En qué vereda te ubicarías?

–En ambas, porque lo inentendible no quita lo bello o lo emocionante, dos características que le cuadran a Los Redondos, también musicalmente. Además, el Indio no siempre es surrealista, si no no se podrían hacer remeras y banderas y grafitis con sus versos. Parte de sus letras es irrecuperable, pero otra parte es clara y significativa, y esa es la que se vuelca al resto. Hay como un espíritu de significación que creo que entendemos todos los que lo escuchamos.

–¿Cuál es tu canción favorita de Los Redondos?

–Uf, son muchas, y las típicas: “La bestia pop”, “El blues de la libertad”, “Todo un palo”, “Un ángel para tu soledad”, “Juguetes perdidos”... LVI

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