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Un Cacho de humor

Estrenó en Mar del Plata “Dos de oro”, con Varela y Garay, una de las mejores opciones de humor de la temporada.

Un Cacho de humor
El mendocino transita sus monólogos personificando a un provinciano ramplón y adorable (Gentileza JA Comunicación + Prensa).

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domingo, 29 de enero de 2012

"-Sale con fritas para la mesa catorce!”, dice Hugo Varela mientras, a su lado Cacho Garay sonríe por la expresión de deseo de su compañero. Ambos están exhaustos y hambrientos: hace unos minutos acaba de terminar la segunda función de “Dos de oro, ¡mejor que un cuatro de copas!”, el espectáculo con el que están haciendo temporada en el Teatro América del Mar del Plata. Y todo va de maravillas para los humoristas: de martes a domingos hacen dos funciones diarias en una de las esquinas más visitadas de La Feliz -en la sala de abajo, el Atlas, está “Barbierísima”- con excelente convocatoria y respuesta de público.

A contrapelo de las tendencias revisteriles o de puestas farandulizadas, la dupla es la materialización perfecta del “buen humor”; ese tipo de comicidad noble, nunca chabacano, que abreva en la simpleza de lo cotidiano y lo enriquece con inteligencia y buen tacto. Incluso marcan la diferencia en la puesta: prescinden de las partenaires esculturales, la escenografía rimbombante (les bastan dos sillas y los mic) y de los cuadros de music hall.

A ellos, les alcanza y les sobra su dominio escénico. El público ríe sin parar con los monólogos del mendocino, tallados esta vez con las vivencias de un adorable y apacible mendocino y el ingenio musical de Varela, quien, con tres décadas de derrotero humorístico-musical, no agota su creatividad y talento.

Y esa facilidad que tienen para provocar la catarsis en los espectadores se mantiene debajo del escenario. Ahí, cuando Garay es simplemente “Cacho” -y abraza al “Chanchi”, su hijo, o toma de la mano a su novia- y Varela es simplemente Hugo -y para avisar que está hambriento, elige un chascarrillo-, el humor sigue siendo parte de su ADN. 

 -El público se divierte con ustedes...

Garay
: -Varios productores nos dijeron que la frecuencia entre risas y aplausos es casi ininterrumpida; algo que no es tan frecuente en los espectáculos de humor. Para nosotros es un halago, el mejor premio.

Varela: -La gente termina con agotamiento del diafragma, con los carrillos inflamados, sin saliva, los ojos llorosos...

Es que, en escena, la dupla explota y conjuga sus potencialidades, ya manteniendo su singularidad (cada uno tiene sus cuadros), ya cruzando textos y canciones. Garay lo hace como la primera persona de un tipo común, con preocupaciones y anécdotas comunes (su esposa, su suegra, sus viajes).Varela, valiéndose de la guitarra, sus artefactos sonoros estrambóticos (un paraguas-flauta, un enano que aplaude) y sus clásicas letras disparatadas. La suma es una propuesta para toda la familia, en la que el público tiene, a su vez, una participación estelar.

-¿Cómo se lleva esta yunta?

-V
: Es una experiencia muy buena y sorpresiva. Nos conocíamos de vernos laburar pero no había un conocimiento profundo. En realidad, seguimos sin conocernos... (fue Carlos Rottemberg, el productor e ideólogo del espectáculo, quien los convocó).

-G: Por ahí hacemos un asadito, tomamo’ unos vinos y ya nos desconocemos entre todos (risas).

-V: Extrañamos los conflictos de otros elencos, viste que se pelean entre todos. Nosotros nos llevamos bien. Siempre vamos cambiando y afinando la historia.

Mientras las palabras de Hugo Varela nos evocan los escandaletes veraniegos entre compañías y vedettes, el hijo de Garay sube las escaleras corriendo, entusiasmado: “Papá, ¿me dejás ir un ratito a  ‘Barbierísima’?, ¡me dejaron pasar! La coincidencia renueva las risas.

-¿Hay lugar para la improvisación en el espectáculo?

-V
: Siempre ocurren cosas en el diálogo con el público, y eso se aprovecha. Por ejemplo, como cuando hacemos bromas con los que llegan tarde.

La instantánea que elige el humorista aún está fresca; durante la función, la tardanza de un grupo fue celebrada con un chiste. “Hagámoles creer que está terminando”, propuso Varela, y Garay redondeó la picardía: “¡Bueno, y esto fue todo, gracias por venir!”. El teatro rompió en carcajadas.

-¿Podemos definir el estilo de ambos como “humor sano” o “blanco”?

-V
: Es sano, colagogo y diurético (risas).

-¿Y cuáles son sus propiedades?

-V
: En el buen humor se mantienen cosas que tienen que ver con cuestiones primitivas: la sugerencia, el ingenio y con dejar que el público imagine lo que falta. La cosa abierta, de largar la palabrota, pierde ese encanto. A la gente que ve las distintas variables le gusta mucho este tipo de humor. Pero no lo planificamos ni diseñamos así, es lo que nos sale.

-¿Qué los inspira?

-G
: Todo lo que tiene que ver con el humor casi siempre lo genera la realidad. Caricaturizar alguna situación graciosa, puede derivar en un buen cuento o un buen chiste, porque el humor siempre surge de las cosas que vivimos, sólo que a veces no le damos importancia, las miramos pero no las vemos. Generalmente nos reímos de las cosas que nos pasan.

En sus monólogos, Garay interpreta a un mendocino tímido y bastante looser al que le suceden divertidas situaciones.

-V: La gente se ríe de lo que reconoce, por eso es que lo costumbrístico tiene tanta llegada. Si la gente no la vivió, no le sirve el chiste. Si se siente identificado con lo que ocurre, ahí lo golpea y se provocan las risas.

-¿Ustedes se divierten?

-G
: Totalmente, es una de las tantas cosas lindas que ocurren arriba del escenario.

-V: Cuando se tiene al público como cómplice y hay ida y vuelta, se da la integración.

-G: Nosotros somos los protagonistas y la vedette es el público.

-V: Y aparte tienen que pagar para actuar (risas).

Alguien le avisa Varela que en el restó en el que lo esperan la cena está servida. “¡Sale con fritas para la mesa catorce!”, dice sonriente, y baja las escaleras a paso apresurado.
A solas con el mendocino, llega la pregunta obligada.

-¿Cuál es el balance que hacés sobre esta experiencia?

-El mejor. Estoy haciendo un espectáculo con alguien que fue mi ídolo toda la vida; como cuando a alguien que le gusta el fútbol ¡le dicen que va a jugar con Messi! Mariela Encina Lanús - mencina@losandes.com.ar (desde Mar del Plata)

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