Con poco más de un tercio de la producción de la temporada anterior en los montes, el negocio de la ciruela desecada vuelve a sufrir un fuerte sacudón y pone al sector, una vez más, en situación muy comprometida.
La falta de recursos para invertir en los cultivos, problemas climáticos y algunos sanitarios que no están bien explicados todavía, redujo drásticamente la disponibilidad de frutos en los árboles, que podría caer de las 140.000 ó 150.000 toneladas en fresco de la temporada pasada, a unas 50.000 este año, según la corrección a la baja de su estimación original, que hizo la Fundación Instituto de Desarrollo Rural. Eso, si algún imponderable no termina obligando a modificar esta nueva proyección.
El escenario parece tan desalentador que, aunque los nombres prefieren mantenerse en reserva, más de uno habría decidido erradicar los montes después de esta cosecha y destinar la tierra a otros cultivos.
“Los que pueden hacerlo; porque los productores más chicos, que no tienen resto financiero, no pueden afrontar el costo de la erradicación y mucho menos el de implantar un nuevo cultivo y esperarlo a que empiece a producir”, comentaba esta semana un productor del Este mendocino. Cuando esta semana le consultábamos, desde Fincas, cómo se preparaba para afrontar el año, la respuesta fue breve y contundente: “Estoy afilando la motosierra”; lo que revelaba su decisión de salir de ese segmento del negocio agrícola.
Un año complicado
Desde el Sur, el presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria de San Rafael ratificaba que hay quintas donde ésta será la última cosecha. Es que “el año viene muy complicado para los productores y para los industriales”, asegura Pablo Asens. “El productor está trabajando a pérdida y el industrial va a perder los mercados por falta de competitividad y de rentabilidad y ahora, además, con una muy baja producción”.
El dirigente -que es productor de ciruela y tiene secadero- se lamenta porque “venimos de un año muy malo; por los precios que se pagaron (al productor); y este año es doblemente complejo porque la producción ha caído mucho, no hay precio razonable definido para la ciruela en fresco, y los exportadores están reclamando la posibilidad de importar ciruela seca de Chile para poder cumplir con sus compromisos comerciales”.
Asens reconoce que “ciruela seca hay (en Mendoza); pero se da la especulación lógica del productor que la tiene, esperando la cosecha de este año para ver qué volumen de oferta va a quedar y poder obtener mejor precio”. El empresario estima que ésta va a ser una de las cosechas más bajas de los últimos 15 años.
En su opinión, “los dos sectores tienen su parte de razón: el industrial dice no tengo ciruela para exportar; y el productor dice yo quiero un precio razonable, para que mi quinta sea rentable”. Porque “con apenas $0,60 promedio que recibió el año pasado por el kilo de ciruela en fresco, el productor no pudo invertir lo necesario en el cultivo”. Asens cree que ese fue uno de los motivos de la merma productiva de este año.
Sergio Morbidelli, productor de San Rafael que está involucrado en una experiencia de integración (ver aparte), está de acuerdo en que “el sector está complicado por la baja producción, el amento de los costos de producción y el precio internacional del producto -que está anclado- junto con el tipo de cambio” en Argentina.
Morbidelli, que es miembro de la Asociación de Productores de Ciruelas y miembro del Directorio de la Cámara de San Rafael, evalúa que “el negocio venía en alza hasta la crisis internacional de 2008” y que a partir de ese momento “se ha venido perdiendo rentabilidad”. Señala que, por esta situación, y la consecuente imposibilidad de invertir en los cultivos, está cayendo la producción y “muchas fincas van a salir del sistema y es lo que se avizora a futuro”.
Hay que integrarse
Para Pablo Asens, el problema de fondo es que el sector no está organizado. El Directorio de la Cámara -revela- está hablando con los productores, con los industriales y con el Gobierno, para promover esquemas de integración entre la producción primaria y la industria; “porque el productor no puede estar aislado del mercado exportador, y porque el industrial necesita mayor previsibilidad, en cuanto al volumen de fruta disponible y al costo, para que Argentina pueda seguir compitiendo con Chile”.
Entiende Asens que “al no caminar de la mano, se producen estos tironeos entre dos sectores que hoy se han tornado prácticamente antagónicos; y los dos sectores tienen hoy un gran problema, que es la falta de rentabilidad, como consecuencia de la subida de los costos y el dólar estancado”.
El industrial “no puede hacer maravillas, y termina cortando por lo más fino, que es el productor”. El dirigente sureño advierte que “la actividad primaria no es rentable a 60 centavos, ni a 80,ni a un peso; la ciruela en fresco tiene que valer, este año, como mínimo, $ 1,20 el kilo; aunque ése número cerraría, en realidad, con una cosecha de 25.000 kilos por hectárea; pero hoy, por más que valga eso, con una cosecha del 30%, por mejor precio que se le pague, el productor no va a poder mantener la finca este año”.
Asens razona que “si el productor no tiene rentabilidad, no invierte y si no invierte, no va a tener buena producción al año siguiente, lo que seguramente agravará el problema y terminará comiéndose su capital”. Vaticina que “si seguimos así, el pronóstico es que dentro de 3 ó 4 años van desaparecer 5.000 hectáreas, de las 19.000 que tenemos en la Argentina cultivadas con ciruela, porque no va a ser negocio y no podemos perder los mercados que han logrado los industriales-exportadores ni la base de nuestros productores”.
En el mismo sentido de promover la integración se pronunció el subsecretario de Agricultura, Ganadería y Alimentos de la Provincia, Cristian Correa. Durante una extensa entrevista que publicamos en esta edición, el funcionario dijo que “en el tema de la ciruela en particular, y al margen de los problemas sanitarios, de riego, de nutrición uno de los puntos críticos es la falta de organización”. Señala que “son muchos productores, muy disgregados, con una superficie promedio por explotación de 2 ó 3 hectáreas, que no están cooperativizados; la gran mayoría no están integrados con ningún secadero”.
Morbidelli adscribe a la propuesta de sumar voluntades. Cree que se impone “la integración horizontal y vertical”; y que este es un año propicio para iniciar el “acercamiento entre productores e industriales para realizar negocios integrados, que sean previsibles y rentables para ambas partes”.
Sintonía macro
De cualquier manera, se advierte que hay variables que, si no se corrigen (y eso depende del Gobierno nacional), por más que haya integración, no van a poder subsistir los productores ni los industriales.
Para el presidente de la Cámara de San Rafael, habría que empezar por ver “cómo paramos la inflación, cómo paramos el alza de nuestros costos internos, tiene que haber un pacto social, que empiece por un acuerdo salarial y un acuerdo con los formadores de precios”.
Por otra parte, reclama medidas “que deberían haberse implementado hace tiempo, como acelerar la devolución del IVA a los exportadores; en el caso de la ciruela habría que pensar en un IVA del 10,5%, porque cerca del 98% se exporta”.
Su coterráneo Rubén Sutovsky, vinculado al comercio de la ciruela desde hace más de dos décadas, hace algunos planteos en igual sentido. Advierte que “año tras año veo las deficiencias que muestra el sector por falta de organización y de medidas de fondo que lleven, en forma seria y ordenada, a encontrar la salida que tanto deseamos”.
Coincide en que “hoy, los productores están erradicando los montes para dedicarse a otros productos que le permitan vivir de su trabajo dignamente”. Estima que “se han erradicado más de 100 hectáreas de ciruela para industria” y vaticina que este proceso va a seguir. Al mismo tiempo advierte que esos cultivos están siendo reemplazados por los de vid, “que tal vez en un plazo no muy lejano corran el mismo destino que los frutales ¿y después que haremos?” se pregunta.
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