A Brítez Ojeda, como a sus compañeros del mediocampo, le costó una enormidad hacerse del balón ante el Lobo. (marcelo Ruiz)
lunes, 23 de enero de 2012
Más allá de los festejos por los 99 años, por la Copa que se quedó en casa y porque el superclásico fue una fiesta, Gustavo Zapata no tiene motivos para festejar. Pasaron tres amistosos (Gutiérrez, Palmira y Gimnasia) y su equipo dejó más interrogantes que certezas. En el amistoso del sábado frente al Lobo, Independiente no demostró nada de todo eso que necesitará para poder mantener la categoría. Salvo los primeros cinco o diez minutos, en los que intentó jugar en campo rival, el resto fue del equipo de Mauricio Magistretti. El Azul fue un equipo abúlico cuya “figuras” (a excepción de Josué Ayala) pasaron totalmente desapercibidas en la noche del Gargantini.
Y lo que es peor es que al igual que frente a Gutiérrez y Palmira (los dos amistosos anteriores) el equipo fue superado por adversarios de categorías decididamente inferiores a la de Independiente.
Lejos de asemejarse a aquel equipo (el suplente) convincente y agresivo que apabulló el viernes a los titulares del Deportivo Maipú, el conjunto cuya base mayoritaria asoma para jugar frente a Boca Unidos en la reanudación del torneo no dejó prácticamente nada positivo para el análisis.
Con poco y muchos menos nombres que su rival de turno, el modesto Lobo de Magistretti fue más y trató mucho mejor el balón. De hecho, generó situaciones en proporción 3 a 1 y si no se llevó la victoria fue por la gran actuación de Ayala (antes de los penales había tenido una buena participación) y por la propia impericia a la hora de capitalizar las ocasiones.
Independiente volvió a ser aquel equipo predecible de todo el campeonato. Extrañó demasiado a Cristian Fabbiani (ausente en la reanudación del torneo por suspensión) y no generó fútbol en la mitad de la cancha. Ahí donde Belforte, Solís, Brítez y Recalde perdieron claramente el duelo con los voluntariosos mediocampistas de Gimnasia.
Comenzando de atrás hacia adelante, el Azul no tuvo salida. De un costado Villafañe y del otro Aveska, tuvieron muchísimas limitaciones a la hora de proyectarse. Y también en la marca. Los centrales, por lo pronto, cumplieron. En la mitad de la cancha estuvo el mayor problema.
Belforte y Recalde se perdieron en la telaraña que tejió el adversario y a Britez Ojeda y Solís les costó una enormidad hacerse con el balón. La escasa participación de los volantes hizo que los delanteros no dieran pie con bola. Y encima, las veces que tomaron contacto con el balón (Ferradas y Morales Neumann) perdieron en el mano a mano con los defensores blanquinegros.
La Lepra generó en 90 minutos apenas dos situaciones. La primera, un remate desviado de Belforte que pasó cerca y, la segunda y más clara, un cabezazo de Mosquera que Aracena mandó al córner. Nada más. Poco, demasiado poco para un equipo que está obligado a sacar 39 puntos en las 20 fechas que le quedan por delante para mantener la categoría sin depender de nadie.
A once días del debut ante Boca Unidos, Zapata sabe que deberá trabajar y mucho. ¿Se vienen cambios? Es posible. Material tiene de sobra. Sólo resta empezar a demostrar.