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Canilla libre, en todas las esquinas

Surtidores en las intersecciones: fue la medida para llevar agua a miles de hogares. Algunos funcionaron hasta 1995.

Canilla libre, en todas las esquinas
Una de las pocas estructuras y surtidores que quedan en pie.

domingo, 22 de enero de 2012

Hoy muy pocos de ellos quedan en las esquinas, testigos fieles de una época en la que los surtidores públicos servían a cientos de personas que necesitaban agua potable.
Se las podía ver haciendo fila con tachos, botellones, bidones y botellas. Pasaron muchísimos años para que el agua corriente se instalara en cada una de las casas, sin la necesidad de realizar esta tediosa tarea. 

Las primeras cañerías

Después del terremoto de 1861, la ciudad de Mendoza se trasladó más al Oeste y se planificó la nueva urbe y se erigieron edificios y casas. Entre aquel moderno trazado también se ejecutaron diferentes tendidos de agua corriente que se inauguraron veinte años antes de finalizar el siglo XIX. Pero no toda la población accedería a esos beneficios. Eran unos pocos, los más adinerados, los que podían tener ese cómodo servicio. 

La aldea progresista tuvo sus primeras cañerías de agua corriente en mayo de 1883.
Estas fueron las primeras cañerías de agua potable en la ciudad de Mendoza. La red se distribuyó en el sector céntrico de la ciudad. Para la instalación de estos caños se utilizó material importado de Europa.

El municipio de Capital implementó las primeras cañerías de hierro galvanizado y reemplazó las antiguas de barro cocido. Con esta medida se pensaba que se podía mejorar la calidad de vida y disminuir algunas enfermedades.

Gracias a esta inversión de las autoridades capitalinas, también los más humildes podrían tener esta utilidad, contando en es momento con la colocación de surtidores en las principales esquinas de la capital.

Agua corriente vs cólera

Tres años después de la instalación de agua corriente en Mendoza, se produjo una epidemia de cólera que diezmó a la población mendocina.

Si bien el servicio de agua potable se extendió por diferentes zonas, en los departamentos seguían utilizando el método de sacar agua de las acequias, que no era lo más adecuado para la salud de la población. Recordemos que en esa época no se tomaba ninguna precaución higiénica. Simplemente el agua era bebida o se utilizaba para cocinar, directamente.   

El 8 de diciembre, de manera tenue la enfermedad cobró sus primeras víctimas en la zona del Plumerillo y en los días siguientes se extendió por toda la provincia, causando la muerte de un centenar de personas.

Cuando la enfermedad quedó confirmada, las autoridades realizaron barreras sanitarias y se creó una comisión para erradicar este flagelo.

La situación se tornó insostenible por la cantidad de víctimas fatales que superaron las 4.000 personas. Pasaron unos meses y todo volvió a la normalidad. Como medida importante se agregaron más surtidores de agua potable.

Un espectáculo sin precedente

Los surtidores públicos se ubicaban en las esquinas de las calles. Muchos fueron los vecinos de capital que se beneficiaron con el servicio de agua. Los mismos se encontraban en las esquinas de  Lavalle y Rioja, Necochea y Perú; en varios lugares de la avenida Las Heras, San Martín y Colón, San Luis esquina Salta; Salta y Cuyo, Tucumán y Ituzaingó; Paseo Alameda, Chacabuco y Ayacucho.

Estas esquinas se tornaban muy coloridas al ver que la gente desde muy temprano se agolpaba a estas canillas de las cuales emanaba el vital elemento.

Mujeres, hombres y niños salían de sus casas con tachos y todo tipo de recipiente que podían llevar en sus manos para trasladar el agua a sus moradas.

También se veían otro tipo de escenas, no tan agradables. Porque allí se juntaban varios jovencitos que por las tardes se burlaban de los vecinos y provocaban peleas. Entre los vecinos y los inadaptados se armaban verdaderas trifulcas.

En verano, estos marginados utilizaban los surtidores para bañarse o intentar aliviar el sofocante calor.

Agua pública Villavicencio

Durante los primeros años del siglo XX, los surtidores se extendieron a los municipios departamentales y también en las zonas de la periferia de Capital.

Pero lo más interesante fue la colocación por la empresa de agua mineral Villavicencio, de un surtidores en la calles Videla Correas esquina Patricias Mendocinas y también en Ayacucho y San Martín.

La sociedad Villavicencio les proporcionaba agua mineral a los vecinos que carecían del vital elemento.

Todos los días más de 500 personas hacían filas con barriles y damajuanas para obtener el agua que luego la utilizaban para para beber y otros quehaceres domésticos. Hasta no hace muchos años existió el surtidor de Patricias y Videla Correas.

El fin de los surtidores

Pero desde la década del 20, los surtidores eran el lugar de encuentro matutino y vespertino para la mayoría de los integrantes de un barrio.

Los vecinos se reunían allí, no solamente para recoger el agua, sino también para charlar diferentes temas. 

Con la colocación del agua corriente domiciliaria por toda la ciudad y el gran Mendoza, los surtidores públicos fueron desapareciendo. Los últimos existieron en barrios marginados de la ciudad hasta 1995. Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

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