La aventura de cruzar a Chile por Agua Negra

Los paisajes son tan imponentes como en el Cristo Redentor, pero la mayor altura (4.780 m) y un largo tramo de ripio invitan a recorrerlo en 4x4. Seducen las nieves eternas, guanacos al borde del camino y la aduana con menos tránsito. Una alternativa ideal para llegar a La Serena.

Edición Impresa: domingo, 15 de enero de 2012
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La aventura de cruzar a Chile por Agua Negra

En obra. En el trayecto se pueden ver máquinas trabajando para mejorar el camino.

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Enviados Especiales - Textos: Ignacio de la Rosa - Fotos: José Gutiérrez

Cristo Redentor o Agua Negra, ése es el dilema. Tal vez no llegue a ser existencial, de esos que nos desvelan, ni mucho menos inspire a un personaje de Shakespeare, pero sí es una pregunta que podemos plantearnos por estos días quienes vivimos en la región de Cuyo y no tenemos otra cosa en la cabeza que una escapada a Chile. Es aquí entonces donde entra el dilema sobre qué paso internacional usar para atravesar la cordillera.

Para empezar a encontrar una respuesta, Los Andes cruzó la frontera por el paso Agua Negra, ubicado en la vecina provincia de San Juan, con el objetivo de experimentar en primera persona cómo es ese camino internacional tan promocionado por el gobernador José Luis Gioja.

El juego de las diferencias

Hay tres cosas fundamentales a tener en cuenta a la hora de decidir por cuál de los dos pasos emprender la travesía: el lugar de destino en el país trasandino (algo más que obvio), el vehículo en el que se viaja y la disponibilidad de tiempo con que cuente el viajero.

Respecto al primero de los factores, puede resultar una obviedad, pero si nuestro destino es Concón, Reñaca, Viña del Mar o Valparaíso, por una cuestión geográfica el camino más indicado es el Cristo Redentor. Es que, al encontrarse esas ciudades balnearias en la V Región, trazando una línea paralela en el mapa encontramos que todos esos sitios están a la altura de Mendoza, por lo que el mejor camino continúa siendo el corredor bioceánico que tiene a Mendoza como punto estratégico.

Si la idea es visitar la IV Región chilena, donde seducen a los turistas La Serena y Coquimbo, ya es una alternativa considerar Agua Negra, que conduce en forma más directa a esas ciudades.

En ese caso, es necesario pasar al segundo elemento de análisis: el vehículo.
Por sus características geográficas y el estado de un tramo significativo del camino, para hacer esta ruta resulta casi excluyente contar con una camioneta 4x4. Esto no significa que en un auto no se pueda pasar, aunque es más arriesgado y complicado.

La experiencia nos demuestra que, al tratarse de un camino cordillerano y de uno de los pasos de mayor altura -4.780 metros sobre el nivel del mar, frente a los 3.854 del Cristo Redentor-, en un tramo de no más de 70 km el clima cambia de un frío invernal (aún en enero) a uno templado y cálido.

Justamente por tratarse de un camino más virgen y agreste que el del corredor internacional, y por tener características más cordilleranas, es que no es apto para cualquier vehículo, más si se tiene en cuenta que durante 180 km el camino es de tierra y ripio, con características de un circuito aventura.

En lo que se refiere a la disponibilidad de tiempo, este aspecto es relativo y está vinculado precisamente a ese tramo no asfaltado. Para tener una idea: completar esos 180 km toma casi cuatro horas, tiempo similar al que históricamente hay de espera en la aduana del Cristo Redentor.

Pese a esto, la diferencia entre camino y camino en tiempo no es de más de una hora. En total, llegar por San Juan hasta La Serena toma unas nueve horas.
Lo cierto es que con un vehículo que pueda adaptarse a las condiciones mencionadas y con tiempo suficiente, cruzar hacia Chile por Agua Negra es una experiencia gratificante y recomendable para los amantes de la naturaleza y el medio ambiente.
En distancia, llegar desde Mendoza a La Serena implica recorrer menos por el paso sanjuanino (650 km) que por el mendocino (700).

En primera persona

La salida de Mendoza está pautada a las 9 del miércoles 11 de enero y el itinerario es más que concreto: por ruta 40 hasta la ciudad de San Juan y desde allí hasta Iglesia y Las Flores, los últimos poblados sanjuaninos de este lado de la cordillera antes de cruzar a Chile rumbo a la ciudad turística más importante de la IV Región.

Si se intenta buscar una semejanza, Iglesia está a 160 km de la ciudad de San Juan y sería el equivalente -por ubicación estratégica- a Uspallata en el paso mendocino.

En materia paisajística la ruta sanjuanina, al menos hasta Iglesia y Las Flores, no es ni mejor ni peor que la de Mendoza. Es simplemente diferente, con más valles que en la ruta 7 y sin la sensación de estar rodeado y custodiado permanentemente por las montañas.
Ya en Iglesia la geografía cordillerana se va haciendo notar, aunque por algunos tramos el paisaje vuelve a caer en esos extensos valles que permiten una visibilidad por demás clara, tanto hacia el este como hacia el oeste. Y con un terreno un poco más árido y desértico que el ya de por sí seco de Mendoza.

El sistema de aduana y migraciones en este paso no está integrado, por lo que ambos puestos de control están separados entre sí por 180 km y tanto los vehículos que ingresan como los que salen del país tienen que hacer el trámite administrativo en ambos puntos.

“Por día pasan entre 50 y 100 vehículos, y puede llegar al doble en los casos de fines de semana o recambio de quincena. Pero es muy tranquilo por acá, al no pasar camiones ni colectivos el movimiento es menor. No vienen muchos, pero sí están pasando durante todo el día, es constante”, destacaron desde el control aduanero argentino de Las Flores.
Por las características del clima y el terreno, el paso internacional Agua Negra está habilitado sólo tres meses al año (diciembre, enero y febrero) y de 8 a 17, sin excepción.

Una vez culminados los trámites migratorios del lado argentino es el momento de seguir hacia el oeste. Ya no por la ruta asfaltada, sino por el tramo de 180 km de tierra que separa el control nacional del chileno. Y es aquí donde la ruta se vuelve todo terreno y no apta para cualquier vehículo.

“En realidad, en un día bueno sí puede pasar un auto. El tema es que llueve un poco y todo se vuelve un lodazal. De ahí no sale un auto común”, destacó un viajero mientras aguardaba el control en Las Flores.

A lo largo de este tramo todo puede pasar. Desde un marcado descenso en la temperatura (salimos de San Juan con 36° y en ese punto el termómetro se quedó en 5°) hasta caída de agua nieve.

A lo largo de todo el camino se ven obreros y maquinaria de Vialidad trabajando en las banquinas y en la gastada ruta con la idea de mejorar la ruta existente.
Al adentrarnos unos cuantos kilómetros en el camino de ripio nos topamos con el cartel informativo del proyecto del paso a baja altura, ese que evitaría continuar subiendo por la cordillera y por el que tanto viene pregonando Gioja. Sin embargo por el momento es sólo eso, un cartel informativo, y nada más.

Al completar los primeros 130 km de ripio finalmente llegamos al límite, señalizado por un arco metálico y cartelería que, además de informar, le da la bienvenida a los turistas.
El paisaje es por demás imponente, con una privilegiada vista panorámica al glaciar que le da el nombre al paso -y que está a sólo 2 km- y con nieve y hielo acumulados y formando estalactitas al costado del camino.

Quizá por lo agreste de la ruta y lo poco explotada por el ser humano es que no sorprende detener bruscamente la marcha de la camioneta para que pueda cruzar ese guanaco que luego, parado a unos metros del vehículo, nos mira como dándonos la bienvenida al territorio chileno.

El fin de la travesía está a sólo 50 km del paso. Allí está el control aduanero trasandino. Menos de 40 minutos son suficientes para completar los trámites y controlar el equipaje, antes de continuar el viaje por rutas asfaltadas y perfectamente señalizadas.
A las 17 se cierra el paso, aunque ese tope puede estirarse considerando que aún quedan vehículos que pasaron antes de esa hora por Las Flores y aún están en camino a la aduana chilena.

“En todo el día han pasado 47 vehículos y, si bien ya son las 17, del lado argentino nos dijeron que quedan cinco que han cruzado y que todavía no llegan. Una vez que pasen, quedará cerrado”, explican en la aduana chilena, mientras nosotros empezamos a imaginar nuestro próximo destino: el mar de La Serena.

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