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Los nuevos creadores del teatro mendocino

Son la sangre joven del arte local. Actores, directores y dramaturgos que renovaron la escena de nuestra provincia.

Los nuevos creadores del teatro mendocino
“Febrero adentro”, pura luz sobre el escenario.

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miércoles, 11 de enero de 2012

Búsquedas genuinas y una voz propia: inquietudes similares de un grupo de actores, directores y dramaturgos que, especialmente el último año, oxigenó la escena mendocina con propuestas que van a contrapelo de la herencia poética que dejaron sus maestros o de los cánones dramatúrgicos exportados.

Algunos lo hicieron asumiendo el doble rol de director y dramaturgo (Vanina Corazza, Longo, David Maya, Manuel García Migani); otros, dirigiendo (Ariel Blasco, Gustavo Cano, Martín Montero). Todos, apostando a un teatro que traduzca sus intereses y cosmovisiones.

En escena, estas apuestas quedaron plasmadas en “Febrero adentro” (escrita y dirigida por Corazza y multipremiada), “Melancia” (el tercer montaje de García Migani),“Bella tarde” (pieza de Longo diseñada con luces y sombras),“Carla en el camino del mono” (el primer acercamiento de Maya a la dramaturgia colectiva),“Lombrices” (con dirección de Montero), la saga “Biónica” y “El vuelo del dragón” (el consagrado invento de Blasco) y “La razón blindada” (que marcó el debut de Cano en la dirección).

Así trazado, el mapa -que, está claro, no es el territorio- invita a la pregunta: “¿Somos espectadores de una nueva dramaturgia?”. Todo indica que sí, aunque las sensaciones respecto a una identidad colectiva están divididas. Pero de una nueva “dramaturgia” tal y como la entiende Gustavo Cano, quien la define como “algo integral”; en la que “a veces podemos referirnos a la escritura; a veces, a lo que comunica un actor y, a veces, a la puesta en escena”.

Hecha la salvedad y reunidos en un ágora virtual, nos lanzamos a este abordaje grupal y ciertamente subjetivo.

En busca de la palabra perdida

No reniegan de la herencia poética que traen consigo pero, sin embargo, decidieron apartarse de ella. La bifurcación es síntoma de un ciclo vital de cambio, ellos prefieren decir "renovación", que vira hacia la voz propia: una que refleje sus intereses e inquietudes y que ocupe aquellos lugares en los que sus maestros comienzan a replegarse.

“Esto tiene que ver con el repliegue que tuvieron los directores consagrados, que, en un momento, empezaron a dirigir cada vez menos. En ese huequito hubo que hacerse cargo de que había llegado la hora. También, con que no había propuestas que gustaran”, apura Ariel Blasco, sus hipótesis.

Martín Montero aborda este proceso en primera persona: "A la escena la falta de una voz auténtica y renovada, que  está en proceso de construcción. La academia y los maestros  ya están sepultados y los emergentes de esta crisis ya se encuentran en escena". 

Esta mirada coincide con la de Vanina Corazza quien agrega impresiones tempranas (este año escribió y dirigió su primera obra): “no tenemos escapatoria, todos los que estamos escribiendo teatro hoy traemos una determinada información (artística, estética, social, política, económica, etc) y otras inquietudes en la manera de querer contarlas”.

Y Longo amplía con pasión historiográfica: “A fines de los ’90 se notaba el salto generacional dentro de la dramaturgia/dirección, debido a la influencia de la última dictadura. Hoy hay una posta que toman artistas del trabajo que otros han comenzado. El salto ya no existe. Lo más seguro es que el trabajo que hoy aparece claramente sea continuado y profundizado por otros, y en pocos años se vea en escena. Lo cual hará que siempre uno deba actualizarse ante las nuevas ideas”.  

¿Generación D?

Este grupo tiene algunos puntos en común: rondan las tres y las cuatro décadas, son teatreros con formación de actores y los une una misma pulsión creativa: contar sus propias historias alejados de la lógica del entretenimiento. OK, pero, ¿los preocupan las mismas temáticas? No, en absoluto.

Los disparadores dramatúrgicos son diversos: “los excluidos” (Montero), “los dramas cotidianos, simples, sensibles  y comunes” (Corazza), “aquello que nos pasa” (Maya), “los conflictos sociales, las problemáticas vinculares, cuestiones de género, y discusiones históricas” (Cano), “los conflictos sociales” (Longo).

Las aristas temáticas son diversas pero, en esencia, se trata de ser signo (reflejar, narrar) de los tiempos que corren. “El artista tiene la obligación de ser contemporáneo, debe estar parado en su tiempo. No confío en el teatro de fórmulas prestadas o recetarios”, dice García Migani, quien suma tres piezas propias “Pet Shop”, “Famélica” y “Melancia”.

Pero es esa contemporaneidad (vivir en Mendoza y ser un artista independiente), y sus respectivas condiciones de producción, el punto en el que, objetivamente, se cruzan.

“Hay rasgos comunes muy fuertes en las dinámicas de trabajo, en la forma de llevar acabo un proyecto, en la forma de sostenerlo, en la forma de “sobrevivir” en la actividad”, comparte García Migani, y Cano se encarga de graficarlo: “poco dinero, escasez de espacios para ensayos, artistas ocupados en ganarse el pan”.

Autogestionado, a pulmón, con garra. Tal y como lo hicieron Víctor Arrojo, Walter Neira, Ernesto Suárez o Juan Comotti, ellos hoy toman la posta de sus maestros y transitan el espinoso camino del teatro independiente. Y lo enriquecen y oxigenan.

El director de "La razón blindada" anima una panorámica sobre el mapa del que es parte: “Estas miradas están motorizando la producción teatral, en un contexto que trata de eliminarla; o que trata de imponer cierto perfil de producción que no es que nos interesa, y que es peligroso y hay que combatirlo. Se ha impuesto una visión de arte como mercancía”.

Longo agrega el dato histórico: “A diferencia de 10 años atrás, hoy por hoy está teniendo más fuerza la voz de los artistas locales. Antes se prefería poner en escena obras de autores consagrados y hoy es más factible ver en la cartelera una equiparación. Hay una tendencia a crear obras en su totalidad: que los dramaturgos asuman la dirección o viceversa. Es un camino abierto por Sacha Barrera Oro, Lucas Olmedo y Luciano García” (tres dramaturgos y directores locales que marcaron el teatro independiente. Hoy, Olmedo y García viven en Buenos Aires).

Cada vez son más los jóvenes que se lanzan a ocupar estos territorios. ¿Por qué? Montero arriesga una hipótesis: “Hay una clara crisis de las instituciones, la universidad es retrógrada, los referentes piensan en un teatro eurocéntrico y la ansiedad de las nuevas generaciones avanza a como dé lugar y copa la escena”.

García Migani comparte la suya: “La forma en la que uno se para ante la creación es lo que te define como artista. Y que es eso también lo que diferencia a las actrices, a los actores, de la gente que ‘hace teatro”. Por Mariela Encina Lanús - mencina@losandes.com.ar

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