Estilo

Unitarios y Federales

Rodeo del Medio, la más sangrienta de todas las batallas

Un error de Lamadrid le costó caro a sus hombres y redundó en la derrota más dolorosa de la facción azul.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El 24 de setiembre se cumplieron 170 años de una de las más sangrientas batallas entre unitarios y federales. El encuentro tuvo lugar en 1841, muy cerca de Rodeo del Medio, hoy departamento de Maipú. Aquella confrontación dejó mucha tela para cortar...

Lucha entre hermanos

Hacia 1840, casi todas las provincias del Norte argentino formaron la Coalición del Norte, de tendencia unitaria, con el general Juan  Lavalle a la cabeza y enemiga del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, brigadier Juan Manuel de Rosas y sus aliados federales.

 Después del intento fallido de tomar Buenos Aires, Lavalle se retiró hacia Córdoba, donde fue vencido en la batalla de Quebracho Herrado el 28 de noviembre de 1840. Derrotado, se unió junto a sus tropas al ejército de Gregorio Aráoz de Lamadrid y marcharon hasta Tucumán. 
Una vez allí, Lamadrid decidió llegar hasta las provincias cuyanas para dar batalla, mientras Lavalle resistía en el Jardín de la República.

En la batalla de La Chacarilla, ocurrida en San Juan el 18 de agosto de 1841, se enfrentaron unitarios y federales. Las tropas federales estaban a cargo de Benavídez, gobernador de esa provincia, quien había sido derrotado dos días antes de este combate en Angaco.

Benavídez capturó al general Acha, unitario aliado de Lamadrid, quien días después fue ejecutado por orden de José Félix Aldao. Al llegar Lamadrid a Mendoza desde el norte, tuvo un encuentro en Plumerillo y derrotó a Benavídez. 

Lamadrid en Mendoza

En la madrugada del 3 de setiembre una partida del general Lamadrid, al mando del coronel Lucio Salvadores, entró en la ciudad y más allá del horario muchos de los pobladores simpatizantes de los unitarios salieron a la calle dando “vivas” a las tropas. Unas horas después, por la mañana, ingresó la vanguardia de Lamadrid quien tomó posesión del gobierno de la provincia.

La ciudad de fortificó y se incorporaron hombres para engrosar las filas del ejército unitario, también se compraron a los hacendados ganado y caballada.

Mientras tanto, las tropas unitarias estaban en alerta al recibir noticias del avance de los federales por el este y norte.

La situación para el flamante gobernador no era de las mejores y hacía pensar que su mandato tenía los días contados. 

Se aproxima la batalla

Las primeras escaramuzas se libraron el 22. Fue un encuentro de los escuadrones de caballería de Flores y de Peñaloza, en  la localidad de El Retamo.

El 23 el general unitario Lamadrid avanzó con sus tropas hasta la “Vuelta de la Ciénaga”, en donde se posicionó a 10 kilómetros de las huestes federales del general Pacheco. Éste envió en reconocimiento al coronel, a quien se le ordenó evitar el enfrentamiento. Entonces, el general unitario cargó contra él, pero no tuvo ningún desenlace.

Al amanecer del 24, ambos ejércitos comenzaron a ejecutar sus movimientos. Lamadrid contaba con más de 1.600 hombres, mientras que Pacheco tenía el doble, de los cuales 1.800 eran de infantería y el resto de caballería y artillería.

El ejército federal tomó la iniciativa dirigiéndose por el lado opuesto de la “Vuelta de la Ciénaga”. Al otro lado de un puente de madera, se encontraba Lamadrid; a kilómetros de Rodeo del Medio.

El general unitario extendió su línea frente a ese puente. Había dividido sus fuerzas en dos alas. A su derecha estaban los coroneles Baltar y  Ángel “Chacho” Peñaloza con dos divisiones de caballería; a la izquierda, el coronel tucumano Crisóstomo Álvarez, con otra división de la misma arma. Al centro estaba el coronel Salvadores con 400 infantes y 9 piezas de artillería. Había además una reserva al mando del coronel Acuña.

El general federal Pacheco, había formado su ejército de igual forma. A la derecha y a la izquierda, divisiones de caballería, a las órdenes de los coroneles Granada y Flores. El centro, con la infantería y artillería, estaba al mando del coronel Costa y la reserva al mando del coronel Ramos.

Duelos de titanes

Comenzó la batalla y el general Lamadrid cometió un error, al no aprovechar la ventaja de tener el puente a su favor (por donde podrían pasar las tropas de Pacheco). No avanzó lo suficiente y le permitió a los federales que pudieran desplegarse a su frente.

El ataque fue casi simultáneo. Pacheco ordenó cargar a su izquierda, mandada por Flores, contra la derecha de Lamadrid. Éste a su vez mandó a su izquierda dirigida por Álvarez que cargara contra la derecha contraria, comandada por Granada. La carga de Alvarez fue arrollada. Obligó a Granda a repasar el puente y a salir del campo de batalla. En cambio, la derecha unitaria fracasó.

Sus jefes, los coroneles Baltar y Peñaloza, desobedecieron las órdenes de Lamadrid y se quedaron estáticos. Sus dos divisiones se dispersaron. Esto determinó la derrota. Dispersada el ala derecha del ejército unitario (y fuera del campo de batalla la división de Álvarez, que había seguido a la de Granada entusiasmado por su carga victoriosa) sólo quedaba la infantería, al mando del coronel Salvadores.

Eran unos 400 soldados. Cargaron con toda valentía. El centro de Pacheco tenía más de mil hombres y todos eran veteranos. Los esfuerzos de Lamadrid fueron en vano y la caballería federal comenzó a encerrarlos. Entonces los unitarios vieron como única salida abandonar el campo y dirigirse a la ciudad.

La pulseada estaba perdida para los unitarios. Muchos de los oficiales, jefes y soldados vencidos, fueron acorralados y ejecutados por la exacerbada tropa federal.

La batalla de Rodeo del Medio, ganada por los federales, marcó junto a otros hechos que se dieron posteriormente, el final de la Coalición y la pacificación por varios años. Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar
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