La provincia de Mendoza tiene un problema municipal de base, que la dirigencia política vinculada a la "partidocracia" tradicional se niega sistemáticamente a resolver: la total y absoluta falta de gobierno propio en las ciudades, pueblos y villas que no son cabeceras departamentales y que están condenadas a ser gobernadas a control remoto por intendentes que residen a muchos kilómetros de distancia.
Sólo cuatro provincias argentinas, Mendoza, Buenos Aires, La Rioja y San Juan, tienen este perverso sistema llamado "municipio departamental" y que es producto del racionalismo administrativista francés del siglo XIX, de un marcado carácter centralista, incorporado a nuestro medio por reconocidos unitarios como Bernardino Rivadavia o Martín Rodríguez y consolidado en Mendoza por el régimen conservador.
Esta situación explica por qué en Mendoza hay tan pocas unidades de gobierno local, apenas dieciocho, comparada con otras provincias donde la autonomía municipal está mucho más desarrollada.
Córdoba, tiene más de doscientas cincuenta municipalidades, Santa Fe, más de trescientas cincuenta unidades de gobierno local (entre municipalidades y comunas); Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Jujuy, La Pampa tienen más de setenta municipalidades y así en todas las provincias, aún las de muy reducida población.
Cada comunidad local tiene su propio gobierno, que variará en estructura y envergadura según la cantidad de habitantes. Pero es un gobierno propio.
Se trata de un tema esencialmente relacionado con el autogobierno. El más elemental concepto de democracia implica gobierno propio. Si usted vive en Chacras de Coria, Chilecito, Monte Comán, Villa 25 de mayo, Palmira, Bowen o Uspallata, aunque usted sea mayor de edad y lea y escriba, no puede tener injerencia alguna en las decisiones de su comunidad porque éstas son tomadas a muchos kilómetros de distancia por un intendente bonachón y comprensivo que "alguna cosita le va a dar" antes de las próximas elecciones, alguna cosita.
Un problema relacionado con esto es que en cada departamento la población está muy descompensada y entonces el peso electoral de las villas cabeceras, salvo alguna excepción, hace que las prioridades de gobierno sean para estas ciudades, en detrimento de las más pequeñas. Por otro lado, los concejos deliberantes reflejan esta situación y la mayoría de los miembros tienden a ser de la misma zona más poblada.
Sólo la izquierda mendocina, a través de expositores brillantes como Benito Marianetti, Ángel Bustelo o José Federico García, entre otros, tuvo posiciones políticas claras y rigurosas respecto a los defectos del municipio departamento, destacándose en los debates sobre la cuestión municipal de la Convención Constituyente de 1948.
La dirigencia política de la partidocracia habla con mucho énfasis de la autonomía municipal pero soslaya y omite un dato crítico: la autonomía municipal es un concepto que se corresponde con un concreto presupuesto sociológico que es la comunidad local, es decir la comunidad basada en relaciones de vecindad. No es al departamento sino a la comunidad local a la que corresponde reconocerle la autonomía.
¿Por qué esta dirigencia se niega a considerar la posibilidad de reformar el actual sistema? Sencillo: porque éste otorga muchísimo poder a los intendentes municipales que son suertes de gobernadores en escala reducida, gobernando y administrando una amplísima extensión territorial y poblacional.
Frente a la necesidad de cambiar, la partidocracia argumenta que el sistema de municipio urbano es muy caro, o deja espacios territoriales rurales sin gobierno local, o que a la gente no le interesa porque tiene problemas más urgentes. Se trata de argumentos precarios que no resisten un análisis serio y sólo están encaminados a mantener el statu quo actual.
Además, ninguna argumentación autoriza, a nuestro juicio, a privar a los habitantes de cualquier poblado, por pequeño que sea, del derecho a gobernarse por sí mismos, sobre todo si se tiene en cuenta que el municipio urbano es absolutamente usual en nuestro país y en el resto del mundo. Con el sistema actual, decisiones cruciales se toman todos los días sin participación alguna de los directos involucrados
Como respuesta, hay quienes sugieren que la elección democrática de los delegados municipales podría resolver el problema, lo cual es falso porque, elegido por el pueblo o no, estos sólo tienen el poder que les delega el intendente.
Pensamos que Mendoza debe encarar una vigorosa reforma democrática de su base municipal encaminada a dotar de autonomía a sus ciudades, pueblos y villas.
No se trata de hacer desaparecer los departamentos, porque su arraigo sociohistórico los habilita como escenarios de descentralización de cometidos provinciales como la justicia o la educación, sino de dotar a los ciudadanos y ciudadanas de cada rincón de la provincia de las herramientas necesarias para participar de las decisiones de gobierno que afectan directamente la calidad de su vida cotidiana.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.
El tema no se discute en las entidades, pero es el que concentra la atención en las mesas de café. A los productores les preocupa el aumento de los costos y los posibles futuros precios.