¿Son nuestras ciudades resilientes ante posibles desastres?

La autora nos explica la Campaña Mundial de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres 2010-2011 a fin de desarrollar ciudades resilientes y abordar el riesgo urbano.

Edición Impresa: martes, 30 de agosto de 2011
¿Son nuestras ciudades resilientes ante posibles desastres?

Por Gloria Bratschi - Consultora Internacional. Colaboradora de Onueird. Docente e investigadora universitaria. Comunicadora Social.

Las ciudades existen desde hace miles de años. Desde el arte, por ejemplo, han sido fuente de inspiración de pintores, escultores, músicos, poetas y toda persona que haya sublimado su percepción acerca de ellas, sea desde sus grandezas o miserias, desde sus rasgos físicos, culturales o espirituales, y esa multiplicidad de aspectos urbanos que afectan o no las vidas de los habitantes de una ciudad en el planeta Tierra.

Mientras los milenios avanzaban, las ciudades también lo hacían en espacio, infraestructura, comercio e industria, usos y costumbres, crecimiento demográfico, desarrollo espontáneo (pocas veces adecuadamente planificado) y también, en lo que numerosos especialistas contemporáneos denominan, la "construcción del riesgo". Desde todo tipo de riesgo o emergencia compleja, pueden nacer los desastres que afectaron numerosas ciudades, o bien, promovieron su imposibilidad de reconstrucción llegando, en ocasiones, al colapso parcial o su irreversible desaparición.

Según el Informe de la Evaluación Mundial 2009 sobre la Reducción del Riesgo de Desastres, de ONU, se destaca "la urbanización no planificada y una gobernabilidad urbana deficiente como los dos factores subyacentes principales que aceleran el riesgo de desastres. Otros factores importantes que impulsan el riesgo son los medios rurales de sustento más vulnerables y el deterioro de los ecosistemas".

"El riesgo está aumentando en las aglomeraciones urbanas de diferentes tamaños, lo cual obedece, como se dijo, a la urbanización no planificada y asimismo al acelerado movimiento migratorio proveniente de las zonas rurales o de las ciudades más pequeñas. El bajo nivel de capacidad institucional de las autoridades locales para ofrecer tierras y servicios a las poblaciones pobres conduce a un crecimiento urbano de los asentamientos informales en zonas proclives a las amenazas (900 millones en asentamientos informales, con un aumento de 25 millones al año)".

Debemos reconocer también que las urbanizaciones más rápidas ocurren en Asia, África y América Latina. En nuestro continente americano abundan los ejemplos y en nuestro país ya está evidenciándose en forma igualmente veloz.

La prevención salva bienes y vidas en las ciudades

Tomando en cuenta estas apreciaciones, es que desde la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres, de Naciones Unidas, Onueird, se ha lanzado la Campaña "Desarrollando ciudades resilientes: mi ciudad se está preparando", instando a que todos los gobiernos y también los ciudadanos trabajen junto a las organizaciones públicas, privadas y del tercer sector, para promover ciudades más resistentes frente a toda posibilidad de desastre.

Es oportuno comprender muy bien que, según la conceptualización homologada internacionalmente, la resiliencia es "la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz, lo que incluye la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas".

Entre las propuestas de esta campaña, hay una "lista de verificación de diez puntos para los gobiernos locales", que constituyen diez aspectos esenciales para lograr ciudades resilientes. La lista está basada en las prioridades identificadas en el "Marco de Acción de Hyogo para el 2005-20015: aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres":

1. Establezca la organización y la coordinación necesarias para comprender y reducir el riesgo de desastre dentro de los gobiernos locales. Con base en la participación de los grupos de ciudadanos y de la sociedad civil, establezca alianzas locales. Vele porque todos los departamentos comprendan su papel y la contribución que pueden hacer a la reducción del riesgo de desastres y a la preparación en caso de estos.

2. Asigne un presupuesto para la reducción del riesgo de desastres y ofrezca incentivos a los propietarios de viviendas, las familias de bajos ingresos, las comunidades, los negocios y el sector público para que inviertan en la reducción de los riesgos que enfrentan.

3. Mantenga información actualizada sobre las amenazas y las vulnerabilidades, conduzca evaluaciones del riesgo y utilícelas como base para los planes y las decisiones relativas al desarrollo urbano. Vele porque esta información y los planes para la resiliencia de su ciudad estén disponibles a todo el público y que se converse acerca de estos propósitos en su totalidad.

4. Invierta y mantenga una infraestructura que reduzca el riesgo, tales como desagües para evitar inundaciones y, según sea necesario, ajústela de forma tal que pueda hacer frente al cambio climático.

5. Evalúe la seguridad de todas las escuelas y los planteles de salud y, de ser necesario, modernícelos.

6. Aplique y haga cumplir reglamentos de construcción y principios para la planificación del uso del suelo que sean realistas y que cumplan con los aspectos relativos al riesgo. Identifique terrenos seguros para los ciudadanos de bajos ingresos y, cuando sea factible, modernice los asentamientos informales.

7. Vele por el establecimiento de programas educativos y de capacitación sobre la reducción del riesgo de desastres, tanto en las escuelas como en las comunidades locales.

8. Proteja los ecosistemas y las zonas naturales de amortiguamiento para mitigar las inundaciones, las marejadas ciclónicas y otras amenazas a las que su ciudad podría ser vulnerable. Adáptese al cambio climático al recurrir a las buenas prácticas para la reducción del riesgo.

9. Instale sistemas de alerta temprana y desarrolle las capacidades para la gestión de emergencias en su ciudad, y lleve a cabo con regularidad simulacros para la preparación del público en general, en los cuales participen todos los habitantes.

10. Después de un desastre, vele porque las necesidades de los sobrevivientes se sitúen al centro de los esfuerzos de reconstrucción, que se les apoye y también a sus organizaciones comunitarias para el diseño y la aplicación de respuestas, lo que incluye la reconstrucción de sus hogares y sus medios de sustento.

Un cambio de paradigma para mitigar riesgos en las ciudades

Se trata entonces de establecer una positiva transición desde una modalidad de "respuesta a los desastres" a una de "reducción del riesgo". Con una sólida planificación en donde intervengan la mayoría de actores sociales e institucionales, podremos alcanzar esa "resistencia" que nos propone el "Marco de Acción de Hyogo 2005-2015: aumento de la resiliencia de las naciones y comunidades ante los desastres, Onueird".

Si detectamos, observamos, comprendemos, trabajamos en conjunto e intentamos reducir nuestras vulnerabilidades urbanas, podremos instalar una sólida conciencia sobre un hábitat más digno, en donde el ser humano, ciudadano permanente o itinerante, desarrolle su proyecto de vida individual y social con calidad y mayor seguridad.

Que cada ciudad sea un espacio de convivencia en paz, en donde cada plaza, cada vereda, cada "café", cada edificio, cada oficina, cada conjunto de agitados caminantes, nos remita a la justa armonía que eleva el concierto equilibrado de una nueva raza urbana en prevención, signada en estos tiempos por lo multicultural. Ciudades en donde cada pájaro -salvo las golondrinas- pueble todos los días, de trinos y tiernos vuelos el aire de las pequeñas, medianas o grandes cosmópolis del siglo XXI.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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