Hoy es el día del peluquero

En todo el mundo hoy se homenajea a quienes, con sus tijeras, le dan “personalidad” a nuestro cabello. Aquí, un poco de historia y la evolución de esta profesión según pasaron los años, en la voz de dos peluqueros mendocinos de distintas épocas.

Edición Impresa: jueves, 25 de agosto de 2011
Hoy es el día del peluquero

Ángel Carabajal (83) tiene más de 70 años en la profesión que ama. (Claudio Gutiérrez)

Textos: Ignacio de la Rosa

Casi tan importante como elegir una camisa exacta, el pantalón o una reluciente joya para la garganta de una mujer. Así de fundamental es, o más, un buen peinado o corte de pelo, la carta de presentación y la primera impresión que mucha gente tiene de nosotros.

Y más allá de los experimentos caseros que alguna vez pudimos intentar, la figura del peluquero ha sido siempre tan fundamental como rutinaria. A los chequeos médicos periódicos, los controles en el dentista y otras visitas ?obligadas' se le suma la ida al peluquero de confianza.

Fue Luis XIII, rey de Francia, el que en reconocimiento a su coiffeur personal -a quien, además, nombró caballero- instauró el 25 de agosto como Día del Peluquero.

Ángel Carbajal (83), fundador de la cámara de peluqueros y peinadores de Mendoza -con más de 70 años de experiencia-, repasó con Los Andes la historia de la profesión, los cambios culturales que se produjeron desde fines del siglo XIX y los que "para bien" se han dado en las peluquerías.

"Coiffeurs, estilistas, peinadores o como sea que se hagan llamar, la esencia del peluquero es la misma y todos usan la misma herramienta: la tijera", destacó entre risas el veterano peluquero.

Historia escalonada

Remontándose a principios del siglo XX, Carbajal destaca casi de memoria, como si estuviese repasando un álbum de fotos, los dos sellos distintivos que tenían las peluquerías y barberías en Mendoza.

"Uno era un bastón con un espiral amarillo que giraba permanentemente y estaba en las puertas. El otro era un recipiente que se llamaba ?vacía' y que era como una pequeña palangana metálica que se ponía en el cuello mientras se afeitaba a una persona. Eso se colgaba en las puertas como un trofeo", destacó Carbajal. Y recuerda que en esa época no había brocha, sino que se afeitaba con jabón que se esparcía con los dedos.

"En la década del '30, incluso, en la calle Espejo llegando a San Martín había una peluquería en la que se afeitaba con guantes. Era famosa, porque era la única del mundo", repasó Don Angel, nombrando a las peluquerías "Los 40 oficiales" y "Los 20 oficiales" como las más famosas de esa época.

"En la década del '50 hubo un peluquero muy famoso, Ramón Balbas, que además era referí de fútbol. Nicolás Colucci, en lo que hoy es la Galería Independencia, y Di Lorenzo -en el pasaje San Martín- eran también dos de los grandes peluqueros que hubo en Mendoza en los '40", siguió su repaso mental.

En los '60, con el propósito de enaltecer y elevar la calidad de la profesión con técnicas incorporadas desde Europa, Carbajal y un grupo de colegas fundaron la Cámara mendocina de peluqueros y peinadores. "Llegamos a ser la mejor del país. Organizábamos competencias y eventos todos los años, incluso apadrinábamos a jardines de infantes y llevábamos ayuda social", recordó, destacando que en un congreso del que participó, en el Alvear Palace de Buenos Aires, conoció al peinador de Eva Perón.

Raros peinados nuevos

En los '70, a tono con los cambios sociales de la época, hubo una importante revolución no sólo en lo que respecta a peinados sino a las peluquerías como establecimientos.

"En Francia surgió una transformación de la peluquería y barbería tradicional como se conocía y pasó a ser el salón de hoy. Sin embargo, todavía seguía siendo exclusivamente masculino", confesó Carbajal.

Según relató, hasta ese momento los cortes de pelo y peinados de las mujeres no eran tan públicos como los de los hombres. "Se hacían en camarines, y no era con tanta frecuencia como el de los hombres. Después de los '70 surgieron los salones unisex y se pierde el servicio de afeitado en las peluquerías. En Mendoza recuerdo que había una peluquería y barbería en calle Rioja que ponía con orgullo el cartel ?Acá se afeita' y mantenía su clientela", agregó el cordobés, que en 1944 llegó a Mendoza.

Con respecto a los avances y la evolución no sólo de la profesión sino de la tecnología y las costumbres, Carbajal destacó que han sido todos positivos.

"Hoy el peluquero se ha capacitado con tecnología, se ha avanzado hasta en lo cultural, sin dejar de reconocer la tradición y el conocimiento. En la vida cotidiana, el peluquero siempre ha sido reconocido y no ha pasado desapercibido. Y lo mítico y tradicional no se ha perdido, ha evolucionado", reflexionó. Y diferencia entre un buen peluquero y un empresario, lo que -a su criterio- es Roberto Giordano y el resto de peluqueros y peinadores mediáticos.

"Allá por 1935, las grandes peluquerías tenían sistema de abonados y postes restantes, casilleros en los que el cliente llevaba sus propias herramientas para que el peluquero trabaje especialmente con él. Hoy se ha perdido un poco lo personalizado con la masividad, pero el cliente se entrega y confía en el peluquero por su profesionalismo", sintetizó Carbajal.

Un corte, una personalidad

Más allá del paso de los años, hay una característica que no ha cambiado ni pasará de moda: la peluquería como centro de reunión social y de encuentro. "Un corte, un peinado o un color es algo distintivo en la persona, tiene su significado psicológico y tiene que estar muy vinculado y en concordancia con en el rostro, ya que es todo un conjunto en el que se eleva la personalidad. El profesional debe saber recomendar y cómo trabajar el pelo", finalizó Angel.
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