Sábado 26 de mayo de 2012 | 18:20 hs
El galán de la música popular vuelve a Mendoza a presentar el disco que muchos consideran el mejor de su carrera.
jueves, 09 de junio de 2011
Desde niño conoció muy bien el Luna Park ya que presenció docenas de recitales en vivo. Sabía cómo se observaba desde la platea preferida hasta el pullman. Desconocía por entonces que estas distintas perspectivas del escenario le servirían luego para asesorar a sus fans en el Twitter, un medio ni siquiera imaginado por entonces.
En aquellos años como espectador, sin embargo, se había gestado el germen de una ilusión: cantar sus canciones allí, proyectarse sobre su emblemático ring. Y como un proceso pausado pero firme, ese momento, que detonó como una explosión, finalmente llegó el 21 de mayo pasado, cuando el cantante acababa de cumplir sus 27 años (el 11 de mayo).
Ya no era un espectador sino un cantautor conocido de Ushuaia a la Quiaca, cuya lista de canciones corean a gritos en sus recitales miles de jóvenes en todos los festivales del país, sintiendo en la médula la sensación de estar atravesando el apogeo de su carrera con un nuevo disco que, dicho sea de paso, es considerado por la crítica el más conceptualmente redondo de sus dos décadas de trayectoria y, de un tiempo a esta parte, convertido él mismo en un músico del que no es posible visualizar con precisión su techo.
Frente a cinco mil espectadores, entre el trajín de dos horas y media de show con Marcela Morelo, Juanchi Baleirón y Guadalupe Farías Gómez como invitados especiales, Abel Pintos exclamó en aquel momento: “Creo que pasamos toda la vida soñando un momento como éste”.
Entre la lluvia de ropa interior femenina que caía sobre el escenario, cual nuevo Sandro, pudo comprender la profundidad de aquel instante casi mágico. Sin duda tenía razón.
De hecho, se ha vuelto más impredecible, sólido y auspicioso su futuro en la música que aquel sueño frágil de entonces cuando pasaba frente al estadio de boxeo y se imaginaba su nombre brillando en las marquesinas.
Esa misma sensación se sentirá entre él y su público cuando esta noche presente “Reevolución” en el auditorio del Parque Cívico.
-¿Qué sensación te quedó luego de haber conquistado el podio del Luna Park? Vino aquello de ¿y ahora qué?
-Tocar en el Luna fue muy especial, fue algo muy esperado y lo disfruté mucho porque no sólo disfruté del concierto literalmente sino que me daban sensaciones de haber experimentado ese escenario desde otro lugar. Pero la verdad, para ser sincero, no veía al Luna como una llegada sino en realidad como una partida. Entonces me pone muy feliz haberlo sentido así. Si lo hubiera sentido como una llegada me habría preocupado por el qué hago ahora.
El eco del éxito del Luna volvió a resonar en Córdoba una semana después, cuando Pintos llenó con 3 mil espectadores dos funciones del Espacio Quality. “Esto fue muy movilizante para mí”, continuó Pintos. “Y ahora presentarme en el Bustelo, otro auditorio representativo de Mendoza, con las entradas casi agotadas, siento que esto es en realidad un comienzo. Ver esto es muy fuerte para mí.
-¿Cuando eras niño te proyectabas en un Luna?
-Siempre lo vi con mucho respeto. Si bien siempre soñé y hablé de este estadio, también fui a cientos de conciertos allí. Me acuerdo que unos días antes de mi show cuando se largó la venta de entradas al otro día ya no había plateas. Entonces en el Twitter recuerdo haberles escrito a la gente que se ve perfecto desde todos lados, porque yo mismo como espectador estuve también en todos lados. Desde el pullman, de parado, de sentado. Lo conozco muy bien.
-¿Cómo repercute en vos ese intercambio con tus seguidores con este fenómeno de las redes sociales?
-Recuerdo que el intercambio lo inicié en mi página web oficial (abelpintos.com), siempre fue esa intención desde su creación. De hecho llegué a tener un foro donde la gente me preguntaba y yo contestaba casi directamente. Incluso hacíamos videochat. Pero cuando empezó el tema Twitter y Facebook se mejoró y se complementó esas intenciones de intercambio. Ahora veo que la respuesta es inmediata. El público, al menos los que me siguen a mí, comparten mucho conmigo. No veo que haya una postura público-artista, de distancia. Es gente compartiendo conmigo lo que me pasa. Siendo esa felicidad y ese orgullo, hay una comunión. Esto te lo digo con cada latidode mi sentimiento. Mi Twitter no es una vidriera.
-¿Qué tan lejos ha llegado este intercambio?
-Descubrí que tengo fans de Ecuador, de México, de España, de lugares donde nunca he tocado. Sin embargo, me vienen conociendo por internet. Pero igual tenemos un plan de aquí a algunos años para salir de gira por América Latina y también por Estados Unidos y Europa. Me gustaría trabajar en aquellos países de la misma manera en que estoy trabajando acá. Tranquilo, dando cada paso con firmeza y solidificando la relación con el público. Calculo que a partir del próximo disco vamos a empezar a trabajar en otros países. Ahora veo que sin haber hecho un trabajo comercial ya existen de todas maneras movidas formadas alrededor de mi música en otros países.
-Así como el Luna se vio como un apogeo. ¿Vos sentís que este “Reevolución” también lo es?
-En realidad veo que este disco siguió un curso natural. Se fue dando de un disco a otro. Cada disco mío desde que empecé a escribir mis canciones responde a una búsqueda. Quiero seguir experimentando, quiero seguir creciendo, descubriendo cosas, planteando nuevas formas dentro de lo que estoy manteniendo y eso va a durar varios álbumes más. En cada disco pruebo varias posibilidades y el sonido que va identificándome se convierte en parte de la personalidad de un estilo propio. Esto requiere tanta experiencia como tiempo, tal como en la vida propia uno va formando su personalidad. Quiero seguir creciendo, de allí el título del disco.
-Contame la historia de la tonada que escribiste: “Todo y lo que no tengo”.
-A mí siempre me gustó la tonada como género. Siempre sentí que interpretar una tonada, o todos los géneros en realidad, tiene una carga totalmente regional cuando uno las interpreta. Uno tiene que sentirse en el papel, conocer lo que va más allá de la letra y de la música. Tiene que ver con el sentir. Decidí que cuando cantara una tonada que pudiera haber escrito yo, tuviera respeto al género. Pero también desde la postura de decir, ¡ésta es mi visión de la tonada! Por eso quizá cuando la grabé no la quise hacer con músicos cuyanos, sino con dos que no suelen cantar tonada como Peteco Carabajal y Raly Barrionuevo. Como para dejar sentado que somos tres forasteros que venimos a homenajear este género que nos gusta. De hecho me hizo muy feliz cantarla en el Festival de la Tonada con Los Trovadores de Cuyo. Ese fue el moño. Me acuerdo que Pablo Moreno, mi amigo y productor que viajó a Buenos Aires para ver la presentación de “La llave” con los ojos brillosos me dijo: “¡No puedo creer que miles de porteños estén cantando una tonada!”
-¿Te queda algún otro género al que le tenés curiosidad?
-Muchos. El tango, el chamamé por ejemplo. La música patagónica también. Son ritmos que por ahí siento que necesito adaptar de a poco, despacio. Pero me tientan. Pablo Pereyra - ppereyra@losandes.com.ar.