Importancia de las cadenas productivas

Desde hace algunos años ha ido tomando cada vez mayor importancia el estudio de las denominadas cadenas productivas o cadenas de valor, sectores de actividad en los que quienes participan se relacionan unos con otros como eslabones.

Edición Impresa: sábado, 09 de abril de 2011
Este tipo de estudios está mostrando una gran utilidad, tanto a los integrantes de la cadena, a los que quieren vincularse a ella, como a las autoridades para implementar políticas. Un caso emblemático, que es tomado como ejemplo, es la vitivinicultura y la elaboración del plan estratégico 2020.

El Ieral de la Fundación Mediterránea ha realizado al respecto un importante aporte, en el que durante más dos años trabajaron sus investigadores de todas las regionales. Bajo el nombre de “Una Argentina competitiva, productiva y federal”, se agrupa el análisis de 17 cadenas de valor.
El estudio parte de un diagnóstico de la economía que abarca las últimas décadas y que le da un marco a los estudios específicos.

Sintéticamente se sostiene que nuestro país tiene seis décadas de retraso económico, sea medido contra países que a principios del siglo pasado eran más menos similares, como Canadá, o más recientemente comparándonos con nuestros vecinos como Brasil y Chile.

Las causas del atraso, señaladas en el trabajo, son varias. La inflación y la volatilidad cambiaria no permiten programar a largo plazo; nuestra indisciplina fiscal, con aumento del gasto por encima de lo financiable, lleva a crisis recurrentes; la inseguridad jurídica que limita la tasa de inversión productiva y la denominada “volatilidad del modelo”, esto es, la alternancia pendular entre intentos de apertura de la economía y el predominio de los cierres.

Este último hecho ha impedido consolidar un perfil exportador, que es el que adoptaron los países con mejor desempeño que nosotros.

En ese marco se seleccionaron las cadenas que presentan el mayor potencial competitivo y de crecimiento a mediano y largo plazo. Un aspecto muy interesante es que todas esas cadenas tiene la mayor parte de su actividad localizada en el interior del país. Además de la capacidad para competir, se ha priorizado la capacidad de generar empleo genuino y de calidad.

La conclusión global es que el desarrollo sostenido de estas cadenas, hasta 2020, podrían crear 2.800.000 empleos y generar 32 mil millones de dólares adicionales de exportaciones. Por cierto el núcleo de la propuesta se basa en la capacidad de agregar valor en cada una de las cadenas.

Los sectores estudiados son el aviar, software y servicios informáticos, bovino, infusiones (té y yerba mate), turismo, maíz y derivados, trigo y derivados, legumbres, maquinaria agrícola, industria forestal, frutas, soja y derivados, vitivinicultura, lácteos, carne de cerdo y derivados.

Resulta llamativo analizar cuáles cadenas son las de mayor potencial. Figura en primer lugar la denominada foresto-industria, esto es toda la actividad desde la plantación de árboles hasta las industrias de la madera, papel, celulosa.

Este sector podría aportar 360.000 nuevos empleos. Le sigue en importancia económica el software y los servicios informáticos. Luego se destacan maíz, soja y sus respectivos derivados.
La investigación ha puesto al descubierto las fortalezas y debilidades de cada uno de los sectores, pero por sobre todas las cosas las enormes posibilidades que el país tiene a la mano, si fuese capaz de corregir los problemas que produjeron el atraso mencionado al inicio.
 
Si se los analiza con objetividad se podrá concluir que la solución no es más que una política económica previsible, estable, de sentido común; lo que están haciendo nuestros vecinos y muchos otros en el mundo.

Sería deseable que camino a las elecciones discutiéramos estos temas que tanta importancia tienen para el interior del país.
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