Estilo

Los 8 personajes más idiotas del vino

Este es un perfil, una guía para poder definir con qué tipo de bebedor se cruza uno en esta vida. ¡Cuidado!

lunes, 25 de abril de 2011

Desde la presunción del que bebe vinos carísimos, al comprador compulsivo de accesorios inútiles, pasando por el conservador que sólo compra etiquetas clásicas. En esta nota te contamos cómo es cada uno de estos personajes insoportables para que sepas a qué atenerte cuando te aborde alguno de ellos y te invite una copa.

1. El idiota presumido
Lo habrás visto más de una vez. Este tipo es el que siempre se jacta del precio que paga por los vinos que bebe. “¿Te gusta? Lo conseguí a 120 pesos”. Suele ser un consumidor inseguro, que encuentra solidez cuando se afirma en el dinero. Como en nuestro mercado hay cada vez vinos más caros, su población lamentablemente va en aumento.

2. El idiota snob
Es el tipo de idiota que prefiere invertir en una conservadora de vinos, porque un compañero de la oficina tiene una, antes de comprar unas buenas botellas para beber. Después juzga su nuevo bien como si fuera un mueble –queda lindo, luce, es bonito-, pero no tiene ni idea de cómo piensa llenarla ni con qué. A su favor tiene la candidez infantil de sus elecciones.

3. El idiota amarrete
Abunda entre quienes no entienden que el vino es para compartir. Este bebedor canuto es capaz de invitar amigos a una cena y convidar un vino de menor categoría del que toma todos los días. Se lo reconoce rápido porque sale de la cocina con su copa bien llena y trae una botella abierta que ofrece a sus invitados.

4. El idiota conservador
Todos están equivocados, menos él. El conservador encarna una suerte de taxista que siempre te canta la justa… pero la misma justa de las últimas cuatro décadas. Aferrado a su verdad, bebe López como la última perla de la góndola, mientras desprecia todo intento por hacer vinos distintos. Descree de los varietales (“¡qué Malbec, Cabernet, ni ocho cuartos! El tinto es tinto y sanseacabó”), añora etiquetas desaparecidas hace décadas (¡vos porque nunca probaste los vinos de la bodega Furlotti!) y cree que el rosado “es para maricones”.

5. El idiota ilustrado
Toma todos los cursos de cata, asiste a todas las degustaciones y lee todas las revistas especializadas. Parece ilustrado, pero en realidad sólo repite lo que lee y escucha como si cantaran los 10 mandamientos. Lo peor del caso es que antes de abrir una botella, la presenta como si fuera una pieza de museo y aburre con un largo rosario de tecnicismos (fermentación maloláctica, acidez volátil y breth son el ABC de su vocabulario). Bebe lo que dicta la crítica y asiente con gesto sesudo todo lo que opinan los demás.


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