Jorge Silva Colomer: “Es necesario tener un plan para el desarrollo territorial de Mendoza”

Como los oasistienen características propias, los planes de desarrollo deben ser distintos. Hay que cambiar los paradigmas, para garantizar el progreso.

sábado, 12 de febrero de 2011
Jorge Silva Colomer: “Es necesario tener un plan para el desarrollo territorial de Mendoza”
ue investigador del CONICET durante 24 años y desempeñó diversos cargos públicos, entre los que se destacan el de director de lo que fue la Regional Cuyo del INTA (Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja) y director de Agricultura y Prevención de Contingencias de Mendoza. Con un marcado perfil orientado al Desarrollo Rural, el Ing. Agr. Jorge Silva Colomer analiza el presente del campo en Mendoza y sugiere algunos caminos a transitar.

-Usted lleva más de una década en distintas funciones relacionadas con el campo. ¿Cómo ve la evolución del sector rural?

La situación actual es delicada. Muchas tierras abandonadas y otras que se siguen trabajando pero subvencionadas por la mano de obra familiar (no cobran sueldo) o sin inversiones ni amortizaciones de su capital. El gobierno sale todos los años a regular precios para evitar mayores pérdidas. Ya hay barrios marginales rurales, algo que no existía.

-¿Por qué considera que se llegó a esta situación?

Los factores son muchos y distintos. Los mercados cambiaron drásticamente buscando calidad nutricional y sanidad, así como cambios en las dietas; y la fruta que produce Mendoza fue desplazada de la mesa familiar. Las frutas que más se consumen (banana, naranjas y mandarinas) no se producen localmente. Además, la adopción de tecnología en algunos cultivos es baja para adaptarse a los mercados y poder competir. Por otro lado, los cambios que era necesario hacer para adaptarse a la globalización; la formación de técnicos y profesionales, todo fue lento y ahora hay que correr desde atrás.

-¿A qué se refiere cuando habla de la formación de profesionales y técnicos?

Por un lado, a que habría que haberles explicado que lo primero no es el tomate o la pera sino el productor y su familia; ya que nuestra obligación es acompañar todo el sistema, no sólo el manejo del cultivo. Segundo, que trabajen pensando en el territorio, ya que ellos son actores importantes del desarrollo local, y la innovación tecnológica es fundamental pero no lo único. Hay otras provincias que en los años '90 ya se preparaban para  modificar paradigmas y acompañar el cambio.

En el año '98 propuse desde la Dirección Regional del INTA buscar diversificación y apoyar fuertemente a la ganadería en su integración con los oasis. También traté de introducir la necesidad de trabajar en desarrollo rural y traje profesionales españoles y chilenos que enseñaran metodología.

-¿Qué pasó con esas propuestas?

Desgraciadamente el concepto de crecimiento puramente económico estaba muy arraigado y, al no visualizar la importancia de organizar a la comunidad en función del desarrollo local, faltó capacidad de cambio. Lo único que en su momento tomó fuerza gracias al apoyo de la Secretaria de Turismo del gobierno provincial fue el turismo de bodegas que hoy funciona bien; se hizo política de Estado. La ganadería creció despacio pero continuadamente gracias al convencimiento de los privados. Hoy parece que hay inversiones hasta para engordar corderos inclusive; y esto es importante para el departamento de Santa Rosa tan castigado por las heladas y el granizo.

¿Como ve a la vitivinicultura en estos procesos de cambio?

La vitivinicultura anduvo a los saltos hasta que se organizó con el PEVI y actualmente anda bien, en progreso continuo. Los centros de desarrollo vitícola han sido una idea muy interesante y crecen día a día. Prometen mucho. Habría que acompañar a los ingenieros agrónomos con sociólogos y economistas para potenciar las estrategias y lograr antes los impactos deseados.
La fruta no parece tener un buen presente ni un futuro sostenible, según advierten desde ese sector. ¿Usted qué opina?

Y… si seguimos así, en algunas zonas como el Este provincial va a desaparecer. La fruticultura siempre acompañó a la vid y no tuvo un plan maestro. Hoy da tristeza ver los duraznos sin cosechar y  los damascos en las rutas. Es casi una falta de respeto a la naturaleza y a todas las personas que nunca pueden acceder a la fruta. Hay que potenciar el consumo y adaptar variedades a nuevos mercados. Además de un plan, hay que modificar la distribución en la cadena de valor.
 
Los súper e hipermercados nunca resignan su porcentaje de utilidades, independiente del precio que finalmente reciba el productor. Por eso cuando el negocio no anda bien, el que siempre deja de ganar es el productor. Los que tienen poder de decisión deberían promover acuerdos para equilibrar el valor que reciben todos los actores de la cadena.
Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados