Parte de la Comisión Directiva de la entidad posa en la Sala de Reuniones que tiene la sede social. (Patricio Caneo)
sábado, 17 de diciembre de 2011
La utopía está en el horizonte. Cada vez que camino dos pasos, se aleja dos pasos. Y por mucho que camine, jamás la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso. Sirve para caminar. (Eduardo Galeano).
Walter Cubillo acaba de llevarse el silbato a la boca y anuncia el final del partido. Hace apenas unos segundos, Daniel Pinea acaba de convertir el gol del campeonato. En las tribunas hay cánticos, en el verde césped, los jugadores, con camisetas blanquinegras, se abrazan, gozan... Hay lágrimas (claro que las hay), abrazos y emoción, mucha emoción.
Don Carlos se seca una y otra vez la humedad de sus ojos. Justo él, que vivió casi toda la historia de este club, su club, desde el lado más importante: desde adentro. Ahí se ve a Daniel Arias, el DT, brindarle una dedicatoria afectuosa a José Álvarez, el presidente. Hay fiesta en el Este, hay fiesta en Montecaseros.
El Club Social y Deportivo Montecaseros consiguió su sexto título de la Liga Rivadaviense de Fútbol y aún, a una semana de la obtención, duran los festejos. Este 2011 no fue un año más en la institución esteña y muchos son los motivos para seguir con la alegría.
Recientemente se inauguraron obras en el estadio, brindando una moderna imagen a quienes visitan al “Lobo Viñatero”, como se lo conoce. Nuevas tribunas, nuevos camarines, moderno sector de prensa y más comodidades para los asistentes. Quizás, como tantas otras historias, la de este club sea la historia de su pueblo.
El sacrificio de un distrito
El club fue fundado un 30 de agosto de 1927, con Nicanor Zavala y Federico Aubone como Presidente y Vice, respectivamente. Eran tiempos duros, de hombres que sacrificaban sus manos en las viñedos.
Montecaseros recién comenzaba a poblarse y la idea era brindar un lugar para la práctica del fútbol. Así surgió la entidad, que, para 1950, tenía una pista de baile donde los galanes de ocasión buscaban el amor de las damas.
Desde entonces, el campo de juego fue cambiando. Mucha gente pasó por la Comisión Directiva y todos dejaron algo para quienes venían detrás.
El mejoramiento de la cancha principal, que en los ‘90 mostraba un estado de abandono total, fue una de las primeras tareas realizadas, así como el cierre perimetral del mismo y la construcción de tribunas en el sector Este del estadio. Hoy, su campo de juego es reconocido por muchos como uno de los mejores de la provincia.
Hace poco más de un mes se llevó a cabo la inauguración de nuevas obras, con la construcción de tribunas nuevas en el sector Oeste, vestuarios modernos y un sector especialmente destinado a la prensa que cubre los encuentros.
También el salón de fiestas y las canchas de bochas son el orgullo de la Comisión Directiva, que aportó mano de obra y tiempo para llevar a cabo estos trabajos.
Justamente la cancha de bochas fue lo que permitió a la entidad seguir en el tiempo, cuando su destino parecía escrito.
“Se juntaban los bochófilos todas las noches y fueron quienes mantuvieron la llama encendida para que no desapareciera este espacio”, cuenta emocionado Álvarez, y sigue: “Por eso decidimos mejorar las condiciones, en homenaje a esos hombres que hicieron mucho por este club”.
Los primeros subsidios que recibió el club, aportados por el gobierno provincial y la Municipalidad de San Martin, fueron destinados a mejorar las condiciones de la sede social y a la refacción del salón de fiestas, muy utilizado por los cerca de 100 socios que hoy tiene Montecaseros.
La identificación como bandera
Desde el seno de a Comisión Directiva, aunque no lo digan, surgió el objetivo de lograr que los más chiquitos, esos que hoy corren tras una pelota en una cancha renovada, sintieron una identificación con el club de su barrio. Así fue como comenzó una tarea que involucró a mucha gente, en busca de acercar a los “enanos” al deporte.
“Veíamos camisetas de Boca y de River, incluso de Godoy Cruz. Hoy, orgullosos, vemos cómo la camiseta de Montecaseros se pasea por las calles de nuestros barrios. Esa identificación nos dice que vamos por buen camino”, manifiesta Alvarez mientras mira a jugadores de las divisiones menores entrenar.
Cerca de 120 niños pasan diariamente por el club, cuidando las instalaciones y recibiendo una contención que permite, no sólo desarrollar la parte física, sino también intelectual. “Advertimos que cada vez que juegan los niños, acompañan los papás y eso es importante para nosotros”, continuó el presidente.
“Preparar la infraestructura era importante para nosotros. Es parte del proceso de identificación que hoy une a muchos de quienes viven en el distrito”, cuenta a su turno Luis Vázquez, uno de los vocales.
La actualidad de este club, alejado de las grandes urbes y en medio de fincas y plantaciones, bien puede valer de ejemplo para otros clubes que sufren el abandono y parecen condenados al olvido.
Más allá del compromiso y el esfuerzo, el amor de su gente parece ser la clave de todo.