Reggi con sus compañeros tras del primer tanto. Luego quedaría en el foco de la tormenta. (Patricio Caneo)
lunes, 12 de diciembre de 2011Ni el propio Natalicchio pudo explicar su reacción. Injustificada y lamentable. San Martín estaba con un hombre menos y sufría ante un Huracán herido.
El momento exigía inteligencia y su experiencia de nada le valió para mantener la calma. A los 48’, el defensor le dio un golpe desde atrás a Gustavo Reggi y todo se descontroló. Luego protestó su expulsión ante el árbitro Luis Moreno, volvió sobre sus pasos, otra vez agredió al delantero con un golpe de puño.
Perdió la cabeza y siguió lanzándole golpes de puño a un Reggi que parecía no entender lo sucedido. Fue el principio de una batalla campal que incluyó a ambos planteles. Daba vergüenza ver a jugadores de ambos bandos lanzarse golpes y patadas en medio de la coherencia de algunos que intentaban frenar semejante descontrol.
Ahí nomás comenzaron los disturbios en la tribuna visitante, que hasta ese momento había tenido una actitud ejemplar, alentando y mostrando una verdadera fiesta sin inconvenientes.
Sucede que la policía comenzó a reprimir ante algunos inadaptados que comenzaron a lanzar objetos y fueron increpados por el propio plantel de Huracán, que quería parar la barbarie.
Madres desesperadas con hijos que intentaban huir de los balazos y los gases, violentos que buscaron cuerpo a cuerpo con la policía y los jugadores que no pusieron paños fríos. Fue una locura. En medio, la cara de Natalicchio lo decía todo. Acababa de comprender en lo que había derivado su irresponsable reacción.
Juan Azor - jazor@losandes.com.ar