David Cameron, primer ministro inglés, rechazó las condiciones comunitarias y defendió la libra esterlina. (AFP)
Alemania asumió ayer en Bruselas, flanqueada por Francia, el decisivo liderazgo de 26 países de los 27 países de la Unión Europea (UE), que adhirieron a un pacto intergubernamental de integración fiscal que impone el control de la UE de los presupuestos nacionales, la armonización de las políticas económicas, reduce el parámetro del déficit estructural al 0,5% y establece sanciones automáticas a través de un futuro tribunal europeo para los socios incumplidores.
Gran Bretaña se negó a suscribir el pacto y eligió el “espléndido aislamiento”, como en sus grandes épocas imperiales.
Gran triunfadora de la reunión cumbre que se presentaba con contornos dramáticos y pesimistas ha sido la primera ministro alemana Angela Merkel, que ha logrado imponer los criterios germanos de control de los balances y los déficits fiscales a los demás miembros. En la madrugada de ayer, fueron 23 los países favorables al nuevo pacto: los 17 de la Eurozona, que tiene al euro como moneda única, más 6 de los otros 10 socios de la UE que están fuera del euro.
Gran Bretaña pronunció un sonoro “no” para defender la soberanía absoluta en estas materias e impedir que la UE se inmiscuya en las normas que regulan las finanzas en la “city” londinense, la mayor plaza financiera del mundo.
En principio, Londres había recibido el apoyo de Hungría y, parcialmente, de Suecia y la República Checa, que no suscribieron el acuerdo con el argumento de que tenían que “realizar consultas” con sus parlamentos. Pero los tres países dijeron más tarde que en principio iban a adherir al pacto, que entrará en vigor en marzo.
El hecho de que se trate de un acuerdo intergubernamental permite saltar los pesados mecanismos institucionales de la UE, que exigen la unanimidad de los miembros. Además no toca el tratado de Lisboa de 2007 en vigor, por lo que se mantienen formalmente las condiciones generales comunitarias.
“No hemos sido excluidos de la UE”, afirmó el primer ministro británico conservador David Cameron antes de volver a Londres, donde le espera un tormentoso debate en la Cámara de los Comunes con la oposición laborista, que lo acusó ayer de “haber aislado completamente a Gran Bretaña de Europa”.
Pero el viejo partido “tory”, junto a los grandes bancos y el mundo financiero de la “city” saludaron la firmeza del “no” de Cameron como una defensa adecuada de los intereses británicos y la libra esterlina.
Por su parte, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, que actuó en dúo con la Merkel aunque ambos mantienen fuertes discrepancias en los temas de ayuda financiera a los países europeos en dificultades, dijo que “si hoy nace una Europa a dos velocidades es culpa de Gran Bretaña”.
Las nuevas medidas están destinadas a calmar los temores de los 80 millones de alemanes, que no quieren ser los que tengan que pagar más por la mala gestión de los otros países europeos. El pacto fiscal establece que la Corte de Justicia europea verificará el respeto de los socios de los compromisos antidéficit. Italia inició hace diez días el camino de una ley constitucional que impone la prohibición a los gobiernos de producir un déficit en el presupuesto nacional.
Alemania tiene ya esta cláusula y quiere extenderla a los 26 países que firmarán el pacto. Los países que no consigan evitar el déficit deberán pedir “consejo y tutela”, con un programa de recuperación económica bajo vigilancia europea. Las sanciones o las tolerancias serán decididas con una mayoría del 85%, pero habrá también castigos automáticos.
Con las garantías que habrá a partir de marzo, Alemania podrá abrir más su rica bolsa. En julio comenzará a funcionar el Mecanismo de Estabilidad Europeo con una dote de 500 mil millones de euros. El Fondo Monetario Internacional recibirá 200 mil millones de euros de la UE que podrá destinar a ayuda a los países con más problemas financieros.
El objetivo es combinar la potencia de los fondos de rescate como un gran telón antiincendio. Queda pendiente el difícil tema de la creación de los eurobonos, que darían una gran fortaleza financiera al bloque. Alemania es hostil a los eurobonos porque son obligaciones que dividen los riesgos entre todos los miembros. Pero con las perspectivas de una unión fiscal y un mayor control europeo de los presupuestos nacionales, la creación de estos productos financieros para salvar al euro y a la misma UE se ven facilitados.
Merkel y los otros gobernantes europeos consideraron “de gran auspicio” el ingreso a la UE de Croacia, el miembro número 28, cuya incorporación será efectiva desde el 1 de enero de 2013.
Miles de personas salieron a las calles para protestar contra los resultados de los comicios parlamentarios. Piden la renuncia del jefe del gobierno, Vladimir Putin.
El camino de rescate del euro que se fijó en Bruselas, piloteado por Alemania, supone una mutación en el legado y el sentido con el que se edificó la construcción comunitaria.