Las denuncias provienen de choferes, mecánicos y el delegado gremial; se refieren al estado de la flota de trolebuses adquiridos en Canadá y que son los últimos incorporados al servicio. Sostienen estas personas que hay unidades que no están en condiciones de transitar, que ponen en riesgo la integridad de los pasajeros y conductores, que se producen demoras en los recorridos y bajas en la frecuencia.
La denuncia en un caso apunta específicamente a la empresa contratada para restaurar los vehículos, que habría modificado componentes esenciales de los chasis y cuyas consecuencias son que un grupo de unidades tiene la estructura partida.
El director de la empresa no niega estas denuncias, discute la cantidad de unidades que se encuentran en uno u otro estado y la marcha de las reparaciones, rechazando que vinieran averiados de Canadá. Pero respecto al deterioro de las unidades, el director agrega una explicación que no puede caer en saco roto. Afirma que se “han averiado por dos temas: exceso de peso (muchos pasajeros) y por problemas con los badenes. En ambos casos estamos trabajando en una solución”.
Se trata, en el primer hecho, de responsabilidad de la propia empresa que permite subir a más pasajeros que los aceptados por el vehículo; en el caso de los badenes se pone en evidencia, con lo ocurrido con estas máquinas que parecen de gran resistencia, las reiteradas críticas a este absurdo método de reducir la velocidad, ya que lo que en realidad reducen es la vida útil de los vehículos.
Los denunciantes señalan también serias limitaciones en el equipamiento de los talleres, situación que también es admitida por el director diciendo que el presupuesto es insuficiente: “Se invierte lo normal pero somos una empresa que tiene sobredimensionada la cantidad de personal; eso hace que no podamos invertir en otras cosas”. Más claro no podría decirlo.
El sistema de trolebuses goza de gran aceptación de los usuarios, es un servicio cómodo, no contaminante, que cubre extensos y vitales recorridos del Gran Mendoza. En los últimos años se ha invertido en su extensión, en su total renovación como la línea Villa Nueva recuperada este año. El servicio de Mendoza ha sido elogiado muchas veces como un ejemplo a seguir en otras ciudades. Pero también surge, incluso de las propias afirmaciones del director, que la empresa necesita una profunda revisión y reestructuración.
La Empresa provincial de Transporte fue creada por decreto en febrero del año 1958, como organismo descentralizado dependiente del Ministerio de Obras Públicas. Según los datos que figuran en su página web no es una empresa del Estado organizada como tal, es una dependencia pública. No sólo ha tenido y tiene a su cargo el servicio de trole y sus actividades complementarias como talleres y equipos especializados en tendido y mantenimiento eléctrico, sino que en su momento (Gobierno de Cobos) se le agregó un servicio de colectivos con 120 unidades, que recientemente fue privatizado.
No está aquí en discusión la cuestión de empresa estatal o privada, lo que señalamos es que necesita otra estructura, otra organización, que permita hacerla eficiente para responder a la importancia de sus servicios.
Pero hay algo más y de enorme trascendencia en este tema: la Empresa Provincial de Transporte es la encargada de administrar la línea de Metrotranvía, próxima a inaugurar. A simple vista parece un cúmulo de responsabilidades técnicas y económicas difíciles de manejar a través de un organismo con tantos impedimentos burocráticos. Se necesita profesionalidad, eficiencia, agilidad y transparencia.