El escritor paraguayo Cristino Bogado es, además, coeditor de Felicita Cartonera.
La primera vez que oímos el título “Los chongos de Roa Bastos” surgió una media sonrisa y el nombre de Cristino Bogado como narrador paraguayo a tener en cuenta. Obviamente, el título tenía un guiño: erotizar la relación con el autor supremo, satirizando a sus epígonos, poniendo en escena al voyeur, y desplegando un lenguaje yopara como desafío a una herencia literaria que procuraba mantener el guaraní lejos del narrador.
Pero ahora que ese cuento (escrito por Bogado en 2002) le ha prestado el nombre a la antología de la ‘Narrativa Contemporánea del Paraguay’ (que Santiago Arcos Editor lanza en Argentina el 5 de noviembre), contactamos al autor para achicar las distancias. Cristino (escritor, blogger, editor de “Jakembó” y co-responsable de “Felicita Cartonera”) explica desde Asunción por qué lo de “chongos”:
“A fines de los noventa, uno de los periódicos amarillos surgidos post dictadura, para latigar el aturrullamiento de la masa semi analfabeta, creó una sección hebdomadaria llamada justamente ‘El chongo de la semana’, donde un prójimo de turno exhibía tan poco spinozianamente sus atributos (...) Entonces no fue más que hacer la relectura paródica de tal despliegue cultural neoliberal noventero y yuxtaponerlo a la imagen de inaccesibilidad de nuestro Héroe Cultural, el recién regresado premio Cervantes...”.
Usado por los medios como ejemplo nativo de éxito internacional, “el Karaí Guasu de Roa Bastos quedaba así recortado con las tijeras de la cultura del momento, esa que priorizaba el rumor, los infundios fantásticos, el gran guiñol, el sexo prohibido y escandaloso...”. Claro que allí despuntó una voz. Y otra. Y otra. Y pronto se vislumbró algo así como ‘la nueva generación de narradores postroabastianos’, capaces de estos poderosos textos que hoy cruzan la frontera.
Paraguay, mon amour
“Hoy la tierra sin mal que añoraban los jesuitas, la yuy marane `y de los tupí guaraníes, tiene más hectáreas sembradas con soja transgénica y marihuana que naranjas, y más mafiosos que dictadores”. Así describen los nuevos narradores el ambiente tórrido que agita a la literatura paraguaya contemporánea. Demográficamente joven y veinteañero, es “el país que hace con sus lenguas los experimentos literarios más arriesgados, más temerarios del momento”.
¿Quiénes integran este libro? Por aquí, quizá, no se haya escuchado aún sobre Domingo Aguilera, Montserrat Álvarez, Damián Cabrera, Douglas Diegues, Nicolás Granada, Edgar Pou, José Pérez Reyes, Javier Viveros y Cristino Bogado. Pues son ellos los que se asumen ‘chongos’ de un territorio plurilingüista, que fluye entre las fronteras del aislamiento y los éxodos desquiciados.
La contratapa dibuja su cartografía: “Desde Ciudad del Este hasta Asunción, desde Pedro Juan Caballero hasta África y más allá, los relatos reunidos en ‘Los Chongos de Roa Bastos’ enfrentaron la desestructuración social, la migración del mundo rural y las mutaciones alucinadas del Paraguay de nuestros días. Sus personajes bailan al ritmo cumbiantero y cachaquero de los barrios populares, de sus narradores oímos las voces laterales del mundo capitalino y las historias de viejas urbanidades en ciudades cada vez menos rústicas”.
Este año ha sido singular para ese sufrido y fascinante país. Con los festejos del bicentenario que celebran el nacimiento del Estado en 1811 y una independencia frontal (que reclamó la nación paraguaya frente no sólo a la monarquía borbona sino también a las nuevas autoridades que desde Buenos Aires quisieron eclipsarla) se levantó, con energías del XXI, una autoconciencia literaria del aquí y ahora. Paraguay, pues, ya no se vislumbra como un espacio difuso del otro lado del Pilcomayo, del Paraná o del Chaco.
Claro que esta antología es panorámica. Claro que partió de una fuerza expansiva: la idea de Bogado de reunir cincuenta textos narrativos del siglo XXI (no cincuenta autores), y expandirlos por la Red. Se explica: Paraguay es el país con más baja conectividad de América Latina, y, paralelamente, el que busca formas más alternativas a la hora de editar y difundir textos que discuten -o transgreden- la noción de literatura, de discurso narrativo, y el género novelístico en sí.
En ese tráfico, conviven las formas más instaladas de la novela histórica y las nuevas búsquedas: el imaginario urbano desplazando el rural, el éxodo a la Argentina (y su exploración de estereotipos, formas lingüísticas y códigos múltiples, en las novelas de Luis Gusmán, de Washington Cucurto, de Bruno Morales) y el reconocimiento de Asunción como capital literaria (más allá de musas como Josefina Pla o Mónica Bustos, última ganadora del mayor Premio de Novela convocado por una editorial multinacional).
Hay un dato: más allá del guaraní, la lengua del territorio se enriquece en la “frontera viva” con el Brasil, y el nacimiento y ejercicio de literaturas en “portuñol salvagem” o “brasiguayo”, se suman, abrevan y subvierten los diversos guaraníes y el castellano. Incluso, hay lenguas especiales, como el xeito, sociolecto del yopara.
Pero toda esta polifonía rumorosa permanecía en las márgenes de la referencia literaria máxima: Augusto Roa Bastos identificado como Yo el Supremo.
“Los chongos...”, pues, entran en la maleza de esa política de la lengua con los dientes afilados. Tendremos que abrir las compuertas para dejarlos arrasar con ese “exquisito paladar del público argentino” .
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