Museo Nacional del Grabado Víctor Delhez

Cristóbal Farmache obtuvo su título como arquitecto en la FAUD-UM. El propósito principal de su trabajo final de tesis fue generar un proyecto para contener la obra de un artista que trasciende en el tiempo: Víctor Delhez.

viernes, 28 de octubre de 2011
Museo Nacional del Grabado Víctor Delhez

Maqueta del proyecto presentado por el joven tesista Cristóbal Farmache.

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Dpto. de Comunicación y Diseño de la Universidad de Mendoza

El espacio de exposición permanente de la obra del mencionado artista hace que deje de pertenecer a un espacio cerrado, para ser mostrado y se transforme en el arte de un edificio, de un lugar, una provincia, etc., y de esa manera seguir su natural trascendencia. Puede verse también como una devolución, retribución o recompensa por su aporte a la cultura, a la que, sin duda, dedicó toda su vida.

El proyecto, además de contener la obra de Delhez, sería la sede del Museo Nacional del Grabado, una necesidad urgente ya que esta institución carece de edificio propio (actualmente está funcionando en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires). Por este motivo, estuvo un tiempo largo fuera de funcionamiento y con la imposibilidad de mostrar el gran patrimonio de obras de los más importantes grabadores de la Argentina.

Según el autor de la tesis “Es una obra que además de representar importancia cultural en una ciudad tiene otro valor muy importante para Mendoza que es proyectarla al mundo como una ciudad cultural ya que esta obra funciona para atraer la atención internacional a la ciudad”.

En detalle

El terreno elegido se ubica al suroeste de la ciudad de Mendoza y al oeste de Chacras de Coria, el pueblo donde Delhez decidió echar sus raíces después de conocer tantos lugares que no terminaron de satisfacerlo. El edificio se erige sobre la ladera de un cerro donde todo, por la perspectiva, se vuelve gigante y a la vez pequeño.

La elección del sitio busca una empatía con el concepto de algunas de las obras de Víctor Delhez: mirar desde lo alto, mirar desde arriba al mundo, subir la línea de horizonte; con la visión del que analiza y piensa sobre la tierra, el hombre y su comportamiento. Alejarse del objeto para verlo en su totalidad, entender una escala, o imaginarse una escala irreal para jugar con los personajes y sensaciones de la obra.

Árboles gigantes, la ciudad dominada por la naturaleza. Si uno mira la ciudad desde lo alto puede sentirse como un gigante con la ciudad a sus pies, o bien, sentirse una miniatura en la inmensidad; acercarse a la realidad para entender un poco las dimensiones de donde estamos sumergidos en la vida cotidiana. Al mismo tiempo, este lugar se puede ver desde el bajo, desde la ciudad en muchos puntos muy lejanos. Tiene presencia y pertenencia desde lo urbano.

Al preguntarle por la idea generadora de la investigación, el joven arquitecto respondió: “entiendo a la arquitectura como una escultura habitable; una escultura con la particularidad de tener un espacio; un adentro y un afuera. Un enjambre de planos que suben y bajan, empiezan y terminan, se unen y se separan, y forman un recorrido de sensaciones afianzando la relación entre la plástica y la arquitectura”.

La composición del edificio busca una analogía con el grabado. Las formas generadas por líneas, que se cruzan y son texturas. Más líneas menos negro, menos líneas más negro. Ausencia de línea, negro pleno, vacío. Blanco: línea.
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